Cincuentopía se viste de gala para acoger el ballet El pájaro de fuego creado por Igor Stravinski en 1910 a petición de Serguéi Diaguilev para sus Ballets Rusos.

Igor Stravinski (1982-1971) es una de las referencias de la música del siglo XX. Se trata de un compositor inclasificable, que siempre fue en contra de modas y tendencias, que contaba con una portentosa capacidad para la síntesis y mezcla de estilos y cuya obra muy posiblemente será valorada en su justa medida dentro de unas cuantas décadas. Cuando creó la música para el ballet El pájaro de fuego todavía no contaba con treinta años y no era ni de lejos el compositor deslumbrante y muy conocido de años después.

El ballet El pájaro de fuego bebe de las fuentes del folclore ruso. Su argumento es propio de un cuento de niños: el príncipe Iván sale a cazar una noche y se adentra en el jardín encantado de un malvado personaje, de donde será rescatado por un pájaro resplandeciente (a quien a su vez previamente ha rescatado él) y estará en condiciones de casarse con su amada.

Veamos una muestra de este portentoso ballet ejecutado por la compañía del Ballet Real de Dinamarca.

Y para aquellos seguidores de Cincuentopía que se hayan quedado con ganas de más y deseen ver la totalidad del ballet El pájaro de fuego, aquí va este enlace.

Otras entradas sobre famosos ballets aparecidas hasta el momento en Cincuentopía son las siguientes:
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Ballet: Scheherazade, de Nicolái Rimski-Kórsakov
Ballet: El lago de los cisnes de Piotr Tchaikovsky
Ballet: Romeo y Julieta de Serguèi Prokófiev
Ballet Giselle de Adolphe Adam
Ballet: La bayadère de Ludwig Minkus
Ballet: La creación del mundo de Darius Milhaud
Ballet Joyas de George Balanchine
Ballet Sylvia de Léo Delibes
Ballet La Sílfide de Jean Schneitzhoeffer
Ballet El sueño de una noche de verano de George Balanchine
Ballet Clavigo de Roland Petit
Ballet La Reine Morte de Kader Belarbi
Ballet El Cascanueces de Tchaikovsky
Ballet La Cenicienta de Prokófiev

Cincuentopía

“Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce”.