En Cincuentopía nos suena la cara de… Marisa Medina, una de las presentadoras más conocidas de Televisión Española durante los años sesenta y setenta cuya popularidad, por motivos de otra índole se prolongó a lo largo de tres décadas más.

La figura de Marisa Medina (1942-2012) resulta algo atípica en relación con otros protagonistas de la serie En Cincuentopía nos suena la cara de…. Lo habitual es que se trata de personajes que alcanzaron una notable popularidad pero cuya figura se diluyó con posterioridad en el tiempo. Pero éste no es el caso.

Marisa Medina ingresó en Televisión Española a comienzos de los años sesenta como locutora de continuidad y de voz en off. Poco a poco comenzó a ampliar su actividad, presentando distintos programas: En antena, Fin de semana, Todo es posible en domingo, 625 líneas

De manera paralela, participa en algunas películas (Si Fulano fuese Mengano, En un mundo nuevo, Las señoritas de mala compañía…) e incluso llega a grabar algunas canciones. De esta forma se convierte en una de las caras más conocidas de la sociedad del momento.

La llegada de los años ochenta marca una nueva etapa en la vida de Marisa Medina. Deja de ejercer sus servicios como locutora en Televisión Española (aunque su relación no se extinguió hasta 2001) y comienza a aparecer como colaboradora en otras cadenas de televisión privada, en ocasiones con intervenciones donde pone de relieve aspectos de su vida particular. Las nuevas generaciones la conocen por cuestiones bien diferentes con relación a la generación de cincuentópicos. En su libro Canalla de mis noches describe parte de estos procesos.

En 2021 fallece como consecuencia de un cáncer de colon e hígado, del que previamente se habían hecho eco numerosos medios de comunicación. Su nombre continúa apareciendo en algunos programas de televisión y revistas incluso después de muerta.

Por eso, en Cincuentopía nos suena la cara de… Marisa Medina.

Cincuentopía

“Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce”.