La historia de Francesc Boix siempre me ha resultado fascinante y cuando estrenaron “El fotógrafo de Mauthausen”, dirigida por Mar Targarona (El orfanato, El cuerpo), corrí a verla. Tenía ganas de ver en el cine la historia de cómo Boix y otros españoles lograron sacar una serie de negativos que mostraban las atrocidades cometidas por los nazis en el campo de concentración de Mauthausen. Pero salí del cine decepcionado.

Yo creo, como Concha Díaz Berzosa, vicepresidenta de Amical de Mauthausen, que “se ha perdido una magnífica ocasión de mostrar la historia del robo, ocultación y salvamento de los negativos del campo de Mauthausen”, cuando la propia historia de Boix y el robo de los negativos es muy potente. La película, aunque digna, banaliza los hechos y personajes, contiene serios errores cronológicos que aunque pasan desapercibidos para los neófitos no cuesta nada ordenarlos debidamente, sin cambiar el sentido de la historia. Muestra hechos que serían imposibles en un campo de concentración que era tremendamente cruel y que además son innecesarios para contar la historia. Trivializar con lo que pasó en Mauthausen le da pábulo a quienes niegan el Holocausto, como bien cuenta Judith Miralles en su artículo de ElDiario.es

No sé cómo, ni quién les puede haber asesorado. Bien podían haber leído EL FOTOGRAFO DEL HORROR: LA HISTORIA DE FRANCISCO BOIX Y LAS FOTOS ROBADAS A LOS SS DE MAUTHAUSEN, el libro del historiador Benito Bermejo, una autoridad en el tema.

Entre numerosos errores históricos de la película están, por ejemplo, que en el campo había un burdel, pero en el no hubo ninguna española (el papel que interpreta Macarena Gómez), ni los negativos pasaron por él. Al igual que el polaco Hans Bonarewitz no tuvo que ver con el robo de los negativos, aunque sí  intentó fugarse de Mauthausen y fue ahorcado por ello delante del resto de presos. En la película también se muestra la desinfección del campo que se llevó a cabo en 1941, después de que Himmler visitara el campo, cuando éste, en realidad, lo visitó un año después.

Algo realmente inverosímil, aunque puede resultar efectista en la película, es el ataque de Boix a su jefe, el oficial de las SS Paul Ricken. Ningún preso en su sano juicio habría hecho algo así, eso había significado la muerte.

Aunque algunos puedan pasar desapercibidos, el film si aporta un interesante número de hechos reales, como la aparición de Carlos José Greykey, un español hijo de ecuatoguineanos que hablaba varios idiomas. El comandante del campo, Franz Ziereis, lo obligó a trabajar como criado vestido con el uniforme real yugoslavo y el triángulo azul de los apátridas, como el que llevaban los españoles en Mauthausen o el judío aquejado de acondroplastia (Emilio Gaviria). También el método para sacar los negativos al exterior usando a los presos que salían al exterior para trabajar en el kommando Poschacher, se muestra con cierta verosimilitud. Franz Ziereis finalmente terminó colgado desnudo de la alambrada.

Realizada entre Tarrasa y Budapest, aprovechando los decorados del “El niño con el Pijama de Rayas”, “El fotógrafo de Mauthausen” no es una superproducción y desde luego no se puede comparar con películas como “El Hijo de Saúl”, pero podía haber ido un poco más allá en la historia.

Mario Casas, que perdió 12 kilos, hace una interpretación muy digna,  en la que demuestra, como hizo en Grupo 7, que es un actor más allá del ídolo de adolescentes. En sus créditos finales se muestran las imágenes reales que van hilando la película. Es una pena que no se vea bien reflejado el espíritu de supervivencia de los españoles de Mauthausen.

El protagonista del filme, Francesc Boix con 16 años ya publicaba en la revista de las Juventudes Socialistas Unificadas y un año después se une al ejército de la Ejército de la República Española. Perdida la guerra se exilia a Francia y tras pasar por dos campos de concentración franceses pasa a una Compañía de Trabajadores Extranjeros, integrada en el ejército francés. Caída Francia en manos alemanas, Boix fue deportado, llegando hasta Mauthausen, donde pierde su nombre convirtiéndose en el interno 5.185. Un número como los más de 7.000 españoles que pasaron por el campo.

Gracias a su profesión de fotógrafo, y que hablaba un tosco alemán aprendido antes de llegar a Mauthausen, Boix pudo trabajar en el laboratorio fotográfico del servicio de identificación y documentación. Por ello Boix era afortunado, tenía unas condiciones mejores que la mayoría de los presos y un contacto más cercano con los SS, lo que le facilitaba la vida.

Boix consiguió ocultar de los alemanes casi 2.000 negativos que reflejaban la cruel y triste vida en el campo gracias a un grupo de internos, entre los que se encontraban menores de edad que podían salir del campo para trabajar y la Señora Pointner, que escondió varios negativos en el jardín de su casa. Liberado el campo Boix permaneció haciendo fotografías y recuperando los negativos que lograron esconder de los SS.

Boix fue el único testigo español en los juicios de Nüremberg y sus fotografías fueron importantes pruebas en los procesos contra los criminales nazis.

Mauthausen lo acabó matando, con 30 años , debido a una enfermedad renal.

No esperes ver una película basada en hechos reales fiel a la historia. Si realmente quieres conocer la verdadera historia, recomiendo ver el documental “Francisco Boix, un fotógrafo en el infierno” de Lorenzo Soler.

Juanjo Ortiz. Historiador. Apasionado por la historia militar y especialmente por la II Guerra Mundial.