En Cincuentopía nos suena la cara de… Alfredo Amestoy, un auténtico icono de la pequeña pantalla desde la década de los años sesenta y durante prácticamente cuarenta años.

Alfredo Amestoy (1941) cursa estudios de periodismo y muy pronto comienza su actividad en periódicos como La Gaceta del Norte, revistas como Gran Vía o emisoras de radio como la Cadena SER.

No obstante, su salto a la fama se produce ya en los sesenta con sus primeras apariciones en Televisión Española. Desde el principio llaman la atención de los espectadores aspectos como su tono entre lo irónico y lo sarcástico o su peculiar imagen asociada a sus grandes gafas negras de pasta y a su particular flequillo.

Durante los siguientes veinte años Alfredo Amestoy encadena toda clase de éxitos gracias a su participación en programas como Ésta es la cuestión, La vida, Vivir para ver, 35 millones de españoles (en compañía de José Antonio Plaza),  La España de los Botejara, 300 millones

En todos ellos acredita su versatilidad como periodista y su dominio del lenguaje televisivo como comunicador. ¿Quién puede olvidarse de sus intervenciones en 35 millones de españoles?

A partir de los años ochenta los niveles de popularidad de Alfredo Amestoy van reduciéndose, quizá como consecuencia de la proliferación de televisiones autonómicas y privadas por toda España. No obstante, se mantiene en primera línea con programas como Un país de locos (emitido por Antena 3) o A salto de cama, Misterios sin resolver y Comer es un placer (todos ellos en Tele 5).

Al mismo tiempo, alterna su actividad periodística con proyectos empresariales en ámbitos como el gastronómico o el energético y escribe unos cuantos libros con significativos niveles de ventas.

Por su trayectoria Alfredo Amestoy ha recibido galardones como el Premio Ondas 1985 o el Premio Antena de Oro en las ediciones correspondientes a 1969 y 1995 respectivamente.

Por todo ello, en Cincuentopía nos suena la cara de… Alfredo Amestoy.

Cincuentopía

“Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce”.