En Cincuentopía nos suena la cara de… Félix Casas Capitán Tan. Su inclusión en nuestra sección obedece a una decisión: dedicar todo el mes de febrero a quienes nos hicieron tan felices con el programa Los chiripitifláuticos.

Hace ya unas cuantas semanas aludimos a su compañera Mari Carmen Goñi Valentina y hoy le toca el turno a Félix Casas Capitán Tan.

Félix Casas Capitán Tan (1930) tenía una extensa trayectoria a sus espaldas antes de convertirse en uno de los archifamosos chiripitifláuticos. Debutó a mediados de los años cuarenta y participó en numerosas producciones teatrales (sobre todo en el género de la revista) y zarzuelas.

Se incorpora a Televisión Española a finales de los cincuenta, interviniendo con cierta frecuencia en algunos de los espacios de ficción que se prodigaban en aquellas fechas en la entidad. Hasta ese momento es Félix Casas, uno de los numerosos actores de eficacia contrastada que aparecían en la pequeña pantalla.

Pero el gran salto a la fama de Félix Casas Capitán Tan se produce a partir de 1966 cuando en un primer momento dentro del programa Antena infantil se integra en el equipo de Los chiripitifláuticos, alcanzando tales niveles de notoriedad que lo que era un espacio dentro de un programa se independiza y se convierte en programa propio.

Allí Félix Casas da vida al Capitán Tan. Seguro que buena parte de los seguidores de Cincuentopía se acuerdan de aquello de “El Capitán Tan es tan capitán que parece un rataplán“. Y también con toda certeza tienen bien presente en la memoria la famosa frase que siempre terminaba por emplear: “En mis viajes por todo lo largo y ancho de este mundo“.

Tras la finalización de Los chiripitifláuticos en 1976 Félix Casas trabajó en una empresa de doblaje, cuyo propietario era el marido de su compañera Mari Carmen Goñi, donde permaneció hasta su jubilación.

Por eso, en Cincuentopía nos suena la cara de… Félix Casas Capitán Tan.

Cincuentopía

“Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce”.