En Cincuentopía nos suena la cara de… Fernando Pieri, quien apareció con cierta asiduidad en la pequeña pantalla durante las décadas de los sesenta, setenta, ochenta y noventa.

Fernando Pieri constituye el típico caso de un profesional tan solvente como versátil, con una extensa trayectoria a sus espaldas pero cuyo nombre no siempre resulta lo suficientemente conocido por los espectadores. Por el contrario, su cara y su voz (sí, su voz, como ahora veremos) son sumamente familiares para los cincuentópicos.

Aunque cursó estudios de arquitectura bien pronto comenzó a dedicarse a los medios de comunicación. Sus inicios fueron en la radio (por ejemplo, trabajó en Cabalgata fin de semana, el mítico programa liderado por Bobby Deglané), ingresando en Televisión Española a mediados de los años sesenta.

En TVE Fernando Pieri hizo de todo a lo largo de casi tres décadas: fue presentador en programas de índole tan distinta como Cine Club, Canciones magistrales, Auditorium, 625 líneas, El cine…; se encargó de la introducción de un espacio como Conciertos de Von Karajan, que alcanzó una más que notable audiencia; fue el responsable de La Segunda Cadena informa (en la compañía de Rosa María Mateo); y fue uno de los escasos locutores de continuidad masculinos.

De forma paralela Fernando Pieri desarrolló una notable carrera en el ámbito del doblaje, participando en toda clase de proyectos. No obstante, para una parte apreciable de la generación de cincuentópicos (y de otras generaciones, sin lugar a dudas), su rol más conocido fue ser la voz de la Rana Gustavo.

Veamos una muestra del saber hacer de Fernando Pieri delante de una cámara. Ahí lo tenemos mientras presenta una representación de la ópera Rigoletto.

Fernando Pieri desapareció de nuestras vidas con la misma discreción con la que había llegado. No obstante, su rostro y su voz quedarán para siempre en nuestro recuerdo.

Por todo eso, en Cincuentopía nos suena la cara de… Fernando Pieri.

Cincuentopía

“Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce”.