En Cincuentopía nos suena la cara de… Mari Carmen Goñi Valentina. Es verdad que como Mari Carmen Goñi puede haber algún cincuentópico que no se acuerde de ella pero como Valentina seguro que no cabe el posible olvido, ¿verdad?

Mari Carmen Goñi Valentina es (1930) comenzó su actividad en la radio. Por entonces era únicamente Mari Carmen Goñi y lo mismo realizaba tareas de locución como ponía su voz para el doblaje de anuncios de publicidad como interpretaba a distintos personajes en las radionovelas de la época.

Mari Carmen Goñi Valentina debuta en Televisión Española en la primera mitad de los años sesenta. Pero es a partir de 1965 cuando se produce su gran salto a la fama. Comienza a interpretar al célebre personaje de Valentina dentro del programa Los Chiripitifláuticos.

Su rostro, siempre con sus grandes gafas, se convierte en uno de los más conocidos de la pequeña pantalla durante más de una década. Allí todos los niños (y también los adultos) disfrutan con su voz tan melodiosa capaz no sólo de hablar sino de cantar algunas melodías que muchos todavía recuerdan. Vemos aquí a Mari Carmen Goñi Valentina en acción junto al resto de Los Chiripitifláuticos.

A partir de 1976, abandonado ya el personaje de Valentina, su carrera discurre en una doble dirección: participando en distintos programas dirigidos al mundo infantil; y en labores de doblaje de personajes femeninos y también de niños (por ejemplo, fue la voz de Willie Oleson en la serie La casa de la pradera, también muy conocida para los cincuentópicos y a la que hemos dedicado más de una entrada: La casa de la pradera, 40 años de bonitos recuerdos y 25 años sin Michael Landon).

A mediados de los años noventa Mari Carmen Goñi Valentina se jubila aunque de vez en cuando ha aparecido en televisión en programas donde se ha homenajeado su figura y su trayectoria.

Por todo lo hasta ahora indicado, en Cincuentopía nos suena la cara de… Mari Carmen Goñi Valentina.

Cincuentopía

“Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce”.