Alentejo (o El Alentejo) es una de las zonas más bellas de Portugal pero, al mismo tiempo, también es una de las más desconocidas. A través de esta excursión que proponemos a nuestros seguidores de Cincuentopía aspiramos a dar a conocer una tierra tan maravillosa.

Alentejo comprende buena parte de la zona centro-sur de Portugal: desde Setúbal hasta el Algarve en sentido norte-sur y desde el océano Atlántico hasta los límites con la frontera española de Extremadura en sentido oeste-este. Abarca más de 30.000 kilómetros cuadrados (prácticamente un tercio del país).

El tiempo parece detenerse cuando se recorre el Alentejo. Uno de los grandes placeres es transitar por sus inmensos alcornocales (Portugal es el mayor productor mundial de corcho) situados al pie de carreteras prácticamente despobladas. De vez en cuando algún pequeño núcleo de población le recuerda al visitante que no está solo.

Alentejo tiene muchos enclaves de particular interés: por su serena belleza, por su ubicación estratégica, por sus posibilidades emergentes… ¿Por dónde empezar? Proponemos siete lugares como punto de partida.

Mértola

Mértola. Deliciosa localidad enclavada en el Parque Natural do Vale du Guadiana, muy cerca de la frontera española. Cuenta con un castillo fortificado que, en su mayor parte, data del siglo XIII, así como una mezquita muy bien conservada que fue consagrada como iglesia en dicho siglo. Al norte de la parte vieja se encuentra su Museo Paleocristiano, con auténticas joyas arqueológicas.

Beja

Beja. Es la principal ciudad del conocido como Bajo Alentejo. Al margen de su correspondiente castillo e iglesias, recomendamos su Museo Visigótico, con algunas piezas únicas de valor incalculable correspondientes a un periodo del que no se conservan muchos vestigios, lo que acreciente todavía más su interés.

Serpa

Serpa. Cercana a Beja, sus impresionantes murallas y el singular acueducto trasladan al visitante a otro tiempo muy lejano en el tiempo. Destacan dos museos: el Etnográfico, que cuenta con todo tipo de objetos representativos (desde aperos de labranza hasta trajes típicos rurales y prensas de aceite); y el de los Relojes, con una fascinante colección con ejemplares del siglo XVIII.

Évora

Évora. Su casco antiguo, con vestigios romanos y clara influencia árabe, ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, lo que ya idea de su belleza. Recorrer pausadamente sus calles es un placer; y también lo es visitar sus centenares (y no exageramos) de monumentos diseminados por toda la ciudad y sus alrededores. De todos ellos nos decantamos por la catedral, la plaza Do Giraldo (testigo de algunos importantes acontecimientos en la historia del país), el templo romano (quizá el monumento mejor conservado de todo Portugal) y, por supuesto, sus murallas (con algunos tramos del siglo XIV).

Monsaraz

Monsaraz. Es una de las aldeas fortificadas más famosas del país. De pequeño tamaño y apenas 150 habitantes, su castillo y su Museo de Arte Sacro constituyen dos puntos de ineludible visita para comprender la localidad.

Elvas

Elvas. Palabras mayores. Situada muy cerca de Badajoz, posee una de las arquitecturas militares más elegantes de toda Europa, con fosos, murallas y bastiones bien conservados, puertas fortificadas y tres fuertes. No pueden dejar de recorrerse sus murallas, su castillo y sus numerosas iglesias (recomendamos Nuestra Señora de la Consolación, repleta de sorpresas para el visitante).

Castela de Vide

Castelo de Vide. Otro pueblo fortificado que añade a su condición de ciudad-balneario. Su judería medieval es deslumbrante, como también lo es su castillo culminado por una gran torre de ladrillo. Y que el visitante no olvide las propiedades de su famosa agua mineral.

Nos hemos dejado otras muchas localidades que también son interesantes: Borba, Estremoz, Marvão, Moura, Portalegre, Reguengos de Monsaraz… Pero es que son tantas las posibilidades. Y, por si fuera poco, también hay abundantes dólmenes y menhires repartidos por la zona, incluyendo Anta Grande de Zambujeiro, considerado el mayor dolmen de toda Europa con siete piedras de seis metros de alto cada una que forman una gran cámara.

Las costas del Alentejo están bastante bien conservadas ya que han sido poco urbanizadas dado el constante viento a las que son sometidas por el océano Atlántico. Muchas de sus playas tienen dunas protegidas que nos recuerdan tiempos pasados. Eso sí, el agua está fría y las olas son de consideración. Para los no se arredran por ello, recomendamos las playas de Vila Nova de Milfontes y Zambujeira do Mar.

Y, por si fuera todo poco, el Alentejo cuenta con unas gastronomía de lo más interesante: las contundentes migas con cerdo y pan frito, carne de caza (principalmente jabalí y liebre), el estofado de cerdo con almejas, el estofado de cordero, el siempre presente bacalao, los quesos cremosos y los pasteles en sus distintas modalidades son algunos de los platos más apreciados. Todo ello regado con vinos tintos y blancos de la zona. Las raciones son abundantes y los precios ajustados.

Para dormir puede hacerse en posadas, albergues, establecimientos rurales y campings (estos últimos sobre todo en las zonas de costa). No hay apenas hoteles pero sí que es posible alojarse en casas particulares, basta con preguntar en los pueblos por los que se pasa.

Pero, en cualquier caso, quizá lo mejor sea dejar de lado todas estas recomendaciones y vagar sin rumbo fijo, perderse y fundirse con la naturaleza y aprovechar el carácter acogedor de sus escasos habitantes.

Si te planteas viajar al Alentejo, aquí te indicamos algunos sitios web que te puede ser de particular utilidad: Visit Portugal, Guía de Viaje, Top Rural y Secret Places.

Además, el portal Visit Alentejo ofrece un recorrido familiar que quizá puede ajustarse bien a las necesidades de los cincuentópicos. Consta de 21 puntos e incluye un mapa interactivo multimedia.

En este vídeo perteneciente al canal Visit Alentejo puedes ver más de cerca algunas de las posibilidades que hemos comentado.

¿Conoces ya el Alentejo? ¿Hay algún lugar de la zona que quieras recomendarnos?