La serie en ruta por… de Cincuentopía se desplaza en esta ocasión a la ciudad portuguesa de Oporto.

¿Qué tendrá Oporto que de repente todos coinciden en señalar como una de las más bellas ciudades de Europa y que incluso ha sido designada como uno de los destinos turísticos por excelencia a escala mundial? ¿Serán sus iglesias, sus calles, sus monumentos, su atmósfera, su gastronomía, sus vistas, sus puentes, sus playas o todo en su conjunto?

Nuestro pasos nos conducen a una breve visita a Oporto aprovechando el invierno, sabedores de que así nos podremos encontrar con las dos caras de una misma ciudad con idéntico nivel de belleza: la urbe de calles tan estrechas como empinadas cuyo pavimento mojado parece refulgir a los ojos del viajero y la localidad de sol radiante que tamiza las fachadas de los edificios y los rostros de las personas.

Por dónde comenzar, la gran pregunta que siempre nos atenaza cuando llegamos a un destino largamente codiciado. Acaso la mejor sea dejarnos llevar por el momento, habrá quien prefiera entrar en contacto con Oporto a través de una de las orillas del distrito de Ribera, al mismo pie del río Duero, o quizá el que se decida a recorrer la ciudad empezando por alguna de sus vías principales (Aliados, la arteria tradicional, o Santa Catarina, ahora peatonalizada y repleta de comercios de primorosos escaparates, o la interminable avenida de Boavista que nos conduce al mismo oceano Atlántico) o tal vez vez quien se decante por un crucero en barco que nos permita contemplar a bordo de uno de los tradicionales rabelos los seis formidables puentes con que cuenta la villa.

En ruta por... Oporto. Tranvía
Sólo quedan tres líneas de tranvía pero todos ellos continúan plenamente operativos

Sea cual sea la decisión la certeza es que no saldremos decepcionados, Oporto siempre estará dispuesta a mostrarnos lo mejor de sí misma y tendremos que ser nosotros los que nos decidamos a abrir nuestros corazones a todas las posibilidades que nos ofrece.

Una gozosa indolencia se apodera de nosotros cuando nos adentramos en uno de los numerosísimos cafés de Oporto e ingerimos cualquiera de sus múltiples tipos de café (bica, carioca, duplo, galao, garoto, media, pingado…) o degustamos alguno de sus deliciosos vinos de oporto (ya sea tinto, blanco o incluso rosado) mientras contemplamos el apresurado trasiego de los viandantes.

En ruta por... Oporto. Azulejos de la estación ferroviaria de San Bento
Los azulejos de la estación ferroviaria de San Bento resultan de una belleza que sobrecoge al viajero

En nuestro ir y venir quedamos absortos ante la belleza, en muchas ocasiones con el encanto adicional de lo marchito, que se acumula en cada barrio, en cada calle, en cada edificio, en cada rincón. Pero es posible que lo que más boquiabiertos nos deje sean los espectaculares azulejos que ornan algunas de sus fachadas e interiores. Nos los encontramos en la ya un tanto vetusta estación ferroviaria de San Bento y en algunos de sus mercados y en sus antiguos palacetes y casas señoriales y en sus iglesias.

Sus iglesias. Porque Oporto son también sus iglesias, todas ellas bien dispuestas a acoger al visitante sin preguntar por su credo, con sus sorprendentes retablos en forma piramidal. Y ante nuestros asombrados ojos van apareciendo la iglesia de los Clérigos con su impresionante torre desde la que se ve la mayor parte de la ciudad, la catedral que nos recuerda una fortaleza y cuyo bellísimo claustro nos deja atónitos, la capilla de las Almas con su fachada recubierta de azulejos, la iglesia de Santa Clara de portentoso interior abarrotado por el pan de oro, la iglesia de San Ildefonso de estructura sólida…; y todavía queda por disfrutar con las excelencias arquitectónicas de la de los Congregados y de la de San Francisco y de la de San Lorenzo y la de la Trinidad y de la de la Misericordia (ahora convertida en museo)…

En ruta por... Oporto. Puente de Don Luis I
De todos los puentes sobre el río Duero acaso el de Don Luis I sea el que más llama nuestra atención

De vez en cuando nos topamos con un autobús urbano o con un tranvía de las escasas líneas todavía en funcionamiento o con un convoy de su red de metro que discurre en su mayor parte a ras de tierra. Y puede que sea eso lo que nos mueve a ampliar nuestro radio de acción y a desplazarnos a la orilla de enfrente del río Duero donde se encuentra la localidad de Vila Nova de Gaia, actual cuna de las bodegas del celebérrimo vino conocido en todo el mundo, o a la playa de Matosiños, trufada de animosos surfistas incluso en lo más crudo del invierno, o al muy próximo parque de la ciudad.

Nuestros pasos van y vienen entre restaurantes a través de cuyas ventanas nos viene el bullicio de su interior y cuya contemplación nos despierta la necesidad de entrar y degustar cualquiera de los excelentes platos de la cocina de Oporto: el guiso de tripa similar a los tradicionales callos de España, la inabarcable francesiña, el frango siempre en su punto y, por supuesto, el inevitable bacalao en todas las formas imaginadas y en todo momento delicioso.

En ruta por... Oporto. Interior de la iglesia de los Clérigos
Interior de la iglesia de los Clérigos

El tiempo se nos agota casi sin darnos cuenta. Somos conscientes de que nos dejamos muchas cosas en el tintero por compartir con los seguidores de Cincuentopía: el Museo de Arte Contemporáneo propiedad de la Fundación Serralves, el impresionante Palacio de la Bolsa que tardó casi siete décadas en construirse, el Museo Nacional Soares dos Reis especializado en artes decorativas, el Centro Portugués de Fotografía, la Casa de la Música de acústica ejemplar, el Museo do Carro Eléctrico dedicado al tranvía… Y nos decimos que no hay mejor motivo para volver lo antes que podamos para cubrir esas carencias.

En estos enlaces es posible encontrar toda clase de información adicional sobre Oporto: Portal de Civitatis, Oportoando, Turismo en Oporto o Lonely Planet.

Hasta la fecha forman parte de la serie en ruta por… las siguientes entradas publicadas en Cincuentopía:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».