La serie En ruta por… cuenta en esta ocasión con un plato fuerte: Roma. Desbordante, caótica, vital, espectacular, sinuosa, atropellada, simplemente maravillosa… una ciudad que no deja indiferente a nadie.

Todos los cincuentópicos tenemos en nuestra retina alguna imagen icónica de Roma, bien en forma de fotografías (la plaza de San Pedro con la cúpula de Miguel Ángel al fondo, el Anfiteatro Flavio)  bien de películas (Anita Ekberg mientras sale de la Fontana de Trevi en La dolce vita, Gregory Peck y Audrey Hepburn mientras recorren las calles a bordo de una Vespa en Vacaciones en Roma…).

En ruta por... Roma

La cúpula de la basílica de San Pedro vista desde la explanada resulta todavía más impresionante con la iluminación nocturna

Aludir a Roma es hablar del centro del mundo durante casi siete siglos a través de las gloriosas huestes del Imperio Romano y es volver a referirse al eje del planeta Tierra para una parte considerable de la Humanidad en los últimos mil años a través del Papado. Es decir, de los últimos veinticinco siglos de la civilización occidental más de las tres cuartas partes están marcados, de alguna manera, por la gloriosa ciudad.

Acaso por su pasado y quizá también por su presente Roma puede resultar abrumadora para el visitante. Hay tanto que ver y es tan bello todo lo que nos rodea que nos sentimos empequeñecidos, desvalidos, atemorizados ante el formidable reto que se nos plantea. Tal vez por ello nuestra inicial recomendación es empezar a tomar poco a poco el pulso a la urbe viajando en alguno de sus autobuses o recorriendo a pie sus empinadas calles. Poco a poco apreciaremos la monumentalidad que rodea cada rincón de la ciudad, la profunda carga histórica que se esconde tras cada edificación, el trepidante tráfico y el escaso respeto por las señales viales que muestran conductores y peatones, la deliciosa silueta de los palacios, la sutil decoración de sus comercios, el continuado ruido en forma de sirenas, pitidos, gritos…

Tengamos en cuenta que cuatro días son escasos para ver Roma, que unas cuantas semanas resultan insuficientes para darse cuenta de lo que implica la ciudad, que un par de meses no bastan para advertir su magnitud, que Stendhal dedicó casi un año a recorrerla con el fin de escribir su maravilloso libro Paseos por Roma y que todavía le restaron muchas cosas por descubrir… No nos sintamos inermes y limitémonos a disfrutar de todo lo que nos ofrece.

Comencemos por tres hitos esenciales ligados con Roma: el Vaticano, el Coliseo y la Fontana de Trevi. ¿Qué mejor forma de tomar contacto con lo que nos aguarda?

El Vaticano es la extraordinaria basílica de San Pedro, con la impresionante cúpula de Miguel Ángel (a la que recomendamos subir para ver la ciudad en su conjunto) y los no menos espectaculares interiores de Bernini (baldaquino del altar mayor incluido); es la plaza de San Pedro con las 284 columnas que la circundan mientras los visitantes pululan por aquí y por allá; es la impresionante escultura de San Pedro de Arnolfo di Cambio en plena explanada y la no menos impresionante Piedad de Miguel Ángel en el interior del templo; son los formidables Museos Vaticanos que van mucho más allá de la celebérrima Capilla Sixtina hasta convertirse en uno de los núcleos artísticos más importantes de todo el mundo (hablamos de doce museos independientes cuyo recorrido a pie supera los siete kilómetros y cuya detenida contemplación implicaría una semana).

Y ¿qué decir de otro de los grandes mitos, el Anfiteatro Flavio más comúnmente conocido como Coliseo. Casi dos mil años después del comienzo de su construcción por parte de Vespasiano nos siguen provocando asombro la magnitud de sus dimensiones (más de 55.000 localidades), el ingenio de sus soluciones arquitectónicas, la riqueza de los materiales empleados en su construcción, la meticulosidad con que parece planificado cada detalle (desde los vomitorios para evacuar a los asistentes en el más breve lapso de tiempo hasta los diferentes compartimentos subterráneos donde se albergaba a gladiadores, fieras salvajes y toda una extensa colección de colaboradores).

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La Fontana de Trevi, uno de los grandes mitos de Roma

Mención aparte merecen dos complejos anexos como son el Foro Romano (centro de la vida social, política y económica de la ciudad durante tantos siglos) repleto de toda clase de edificaciones (civiles, militares y religiosas) o la Colina Palatina, con sus suntuosos edificios, su espectacular jardín rodeado de cipreses y naranjos, la visión del Circo Massimo que contaba con un aforo superior a las 300.000 personas). Se superponen las sensaciones del visitante al contemplar los restos de lo que en su momento fue parte del engranaje que dominó el mundo por entonces conocido: asombro ante las dimensiones de los diferentes elementos arquitectónicos y escultóricos y acaso cierta melancolía que tiene que ver con el inexorable paso del tiempo que a todos nos afecta.

El tercer gran icono es la Fontana de Trevi. ¡Qué sensación más agradable es encontrársela cara a cara tras buscarla con avidez por las estrechas calles de la ciudad! ¡Qué asombro mayúsculo al ver que miles de personas pululan en torno a la estrecha plaza que rodea al monumento creado a partir del genio creador de Salvi, Bernini y Pietro da Cortona! Entre empujones, exclamaciones de toda índole y selfies divisamos los diferentes elementos escultóricos y nos deleitamos con la deliciosa iluminación nocturna.

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La iglesia de Santa Maria Maggiore asombra por su decoración y por sus soluciones arquitectónicas

Pero Roma va mucho más allá: son también sus iglesias, sus museos y palacios, sus plazas, sus arcos conmemorativos, sus fuentes…

Un censo de la ciudad indica que el número de iglesias excede las 280 sólo en el núcleo central. Y ¡qué iglesias! Muchas de ellas ni siquiera están indicadas en los recorridos turísticos pero su belleza supera incluso la de la mayoría de las catedrales de otras ciudades. Nos quedamos embobados ante joyas como Santa Maria Maggiore o Santa Maria sopra Minerva pero también ante templos menos conocidos como San Luigi de Francesi, Sant’agostino, San Clemente…

¿Qué decir acerca de los museos y palacios de la ciudad? Los hay por todas partes y entran ganas de visitar todos y cada uno de ellos y de ver hasta el más recóndito de sus rincones. Y así nos encontramos ante la espectacular Galería Borghese, símbolo de un época que jamás volverá y situada en un espectacular entorno en el que resulta imposible no sumirse en el sosiego y la molicie: o ante los Museos Capitolinos (Palazzo Nuevo y Palazzo dei Conservatori), repletos de excepcionales esculturas y no menos interesantes pinturas; o ante el Palazzo Altemps y el Palazzo Barberini y el Palazzo Massimo alle Terme. Y luego está el Pantheon, considerado por algunos expertos como el edificio más perfecto de todos los tiempos, con su cúpula de más de 43 metros de diámetro que parece imposible que se sostenga, sus puertas romanas originales, su poderoso pórtico con frontón…

Punto y aparte son las plazas de Roma, muchas de ellas incorporadas al ideario mítico de la generación de cincuentópicos: la elegante plaza de Spagna con su espectacular escalinata siempre repleta de turistas; la sugerente plaza Navona, cuya desbordante vitalidad contagia a cuanto transeúnte pasa por ella; la plaza del Campo de´ Fiori, con su increíble colorido y los variados puestos de su mercado; la plaza Colonna, con la omnipresencia de Marco Aurelio; o la plaza Venezia, con el tremendo monumento a Víctor Manuel II, cuyas formidables dimensiones dejan boquiabierto a cuanto visitante se le acerca.

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Villa Borghese, el parque más grande del centro de Roma, ofrece rincones ocultos donde perderse

Y luego están por doquier los arcos conmemorativos de glorias pasados (el de Constantino justo frente al Coliseo o el de Tito en el interior del Foro Romano…) y las fuentes que recogen el agua de un acueducto que continúa funcionando más de veinte siglos después de su puesta en marcha y los paseos por las callejuelas de los barrios del Trastevere y del Guetto.

Como de vez en cuando incluso el más pertinaz de los turistas necesita avituallamiento Roma nos ofrece toda clase de posibilidades. Si nos alejamos apenas unos centenares de metros de las zonas más concurridas podremos disfrutar del cálido ambiente de restaurantes, trattorias, osterias, pizzerías, bares, cafetines, gelaterias.

Mas todo lo que hemos indicado hasta ahora no es sino una mínima parte de Roma. Se nos podrá reprochar que no hemos aludido al castillo de Sant Angelo ni a los Mercados de Trajano ni a las iglesias de Santa Maria del Popolo o de Santa Maria in Trastevere; y también se nos acusará (con toda la razón del mundo) de la omisión de maravillas como el antiguo puerto de Ostia, las numerosas catacumbas, la espectacular Villa Farnesina,el parque Pincio, la cerradura secreta de la plaza dei Cavalieri di Malta… Habremos de volver en muchas ocasiones para empezar a conocer de veras la ciudad. Para quienes se decidan a asumir este reto, ahí van dos páginas web de orientación: página oficial de turismo de Roma y página del Ayuntamiento de Roma.

Al viajero sólo le cabe decir: Arrivederci, Roma. Ojalá nuestros caminos se encuentren de nuevo.

A través de la serie En ruta por… en Cincuentopía hemos visitado los siguientes destinos hasta la fecha:
En ruta por… Alentejo de Portugal
En ruta por… San Gimignano de Italia
En ruta por… el centro de Escocia
En ruta por… el Tirol de Austria
En ruta por… Rovaniemi, la tierra de Papá Noel
De ruta por Copenhague
En ruta por… Finnmark en Noruega
En ruta por… El Algarve de Portugal
En ruta por… Sierra Bermeja
En ruta por… la Costa del Sol
En ruta por… Elche
En ruta por… Ibiza
En ruta por… Cuchillares de Contreras
En ruta por… Tarragona

Cincuentopía

“Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce”.