Bajo la excusa y apariencia formal de una novela negra James Ellroy da con El gran desierto un formidable puñetazo (y van unos cuantos a lo largo de su carrera) a la sociedad estadounidense. Es cierto que el libro cuenta ya con casi tres décadas y es verdad que, desde el punto de vista cronológico, se sitúa en los años cincuenta pero la velada (y desalentadora) conclusión que obtiene el lector es que muy poco ha cambiado desde entonces.

En una entrevista aparecida en el suplemento dominical de The New York Times en noviembre de 2006 James Ellroy se autocalificaba como “un maestro de la ficción” y “el más grande escritor de novela negra de todos los tiempos” (“soy a la novela negra lo que Tolstoi es a la novela rusa y lo que Beethoven es a la música). A primera vista podrían parecer las palabras de un individuo fatuo e incluso de un completo cretino pero, según se adentra uno en el universo creativo del autor, surgen las dudas sobre si no tendría su cierto punto de razón.

Desde luego a fecha de hoy me es difícil encontrar un narrador (no un escritor) más poderoso que James Ellroy (1948), con mayor capacidad para dejarme con la boca abierta por su vigor descriptivo y su brío imaginativo, por su habilidad para generar historias de alcance universal que conmueven hasta el extremo. En más de una ocasión he manifestado mi fascinación por su talento y mi reconocimiento hacia sus méritos literarios. Sobre aspectos relativos a su vida y estilo me remito a otras dos reseñas publicadas en Cincuentopía y referidas a sus libros Perfidia y La Dalia Negra.

Vaya por delante que El gran desierto es una excelente novela: por lo que cuenta y por cómo lo cuenta; por lo que sugiere y por cómo lo sugiere; e incluso por lo que calla (aunque el avisado lector ya lo tenga bastante claro a estas alturas de la película) y por cómo lo oculta. La obra se encuadra dentro del conocido como Primer Cuartero de Los Ángeles (junto a La Dalia Negra, L.A. Confidential y Jazz Blanco), ubicado entre 1946 y 1958, que es seguido en el tiempo por la denominada Trilogía Americana (formada por América, Seis de los grandes y Sangre vagabunda), desarrollada entre 1958 y 1972, y antecedida por el proyecto de Segundo Cuartero de Los Ángeles (cuyo primer libro es Perfidia) que se centrará en el periodo correspondiente a la Segunda Guerra Mundial.

A grandes rasgos, El gran desierto pone en relación un conjunto de historias tan variadas como apasionantes: un asesino en serie cuyos crímenes no terminan de ser investigados a fondo por la Policía, el enfrentamiento entre banda mafiosas que controlan buena parte del ilícito de Los Ángeles (juego, drogas, prostitución, extorsión…) y que en buena medida actúan en connivencia con las fuerzas de seguridad, la caza de brujas en los estudios de Hollywood, los estertores del segundo mandato presidencial de Harry Truman…

Y como intenso trasfondo de todo lo hasta ahora indicado encontramos a un conjunto de agentes de policía tan desmotivados y sobrepasados por las circunstancias como corruptos y proclives a ser partícipes en una amplia gama de delitos, arribistas de medio pelo y toda condición que únicamente aspiran a medrar a costa de lo que sea (y de quien sea), individuos desarraigados, infelices y con notables síntomas de trastorno emocional, sujetos despóticos que se creen por encima del bien y del mal, matrimonios y relaciones sentimentales que conocieron tiempos mejores…

Como puede advertirse nada escapa a la virulencia de James Ellroy. No resulta en absoluto casual la cita con la que se abre la novela (“Está escrito que yo debía permanecer fiel a la pesadilla de mi elección”), correspondiente a El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Porque, en efecto, conforme vamos avanzando en el libro es mayor el horror que nos va rodeando, superior la asfixia que sentimos y más profunda la desazón que nos alberga. Expresado en términos coloquiales, si así se comportan los buenos qué no harán los malos y si los primeros son los que nos tienen que proteger de los segundos aviados estamos.

Por las páginas de El gran desierto aparecen algunos personajes de anteriores novelas de James Ellroy: desde el arribista Ellis Loew a los profundamente amorales Turner Buzz Meeks o Dudley Liam Smith. Y, como también es habitual en este autor, nos hallamos ante individuos de carne y hueso (que no salen nada bien parados, por cierto) como Howard Hughes, Mickey Cohen, Johnny Stompanato o Jack Dragna, entre otros.

Como ocurre con cualquier libro de Jame Ellroy, El gran desierto es una excelente ocasión no sólo para disfrutar de la buena literatura o reflexionar sobre los verdaderos cimientos de nuestra sociedad sino también para sumergirnos en el universo creativo de este creador de máximo nivel. La suerte para los lectores castellano parlantes es que la práctica totalidad de su obra está traducida al español, buena parte de ella a precios más que asequibles en ediciones de bolsillo de diversas editoriales.

—————————————————————————–

James Ellroy. El gran desierto. Literatura Random House.

—————————————————————————–

David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.