La Calcografía Nacional de Madrid dedica una exposición a Gustavo Torner durante los días 26 de septiembre al 26 de noviembre de 2017.

La muestra de la Calcografía Nacional de Madrid se enmarca dentro de la concesión del Premio Nacional de Arte Gráfico 2016 a Gustavo Torner. Incluye una amplia selección que supera el centenar de obras de entre las más de doscientas estampas que integran su catálogo de arte gráfico.

Gustavo Torner (1925) forma parte destacada de la generación abstracta de los cincuenta (fundamentalmente concentrada en el conocido como Grupo de Cuenca). A lo largo de su dilatada carrera ha manifestado una sorprendente capacidad para adentrarse en los más diversos campos de la creación artística. Además de pinturas, esculturas (gran parte de ellas monumentales), dibujos, collages u obra gráfica, se ha dedicado con intensidad y reconocido prestigio a actividades tan diversas como la realización de tapices, vidrieras, fotografías, diseño gráfico, escenografía y figurines para teatro, ópera y zarzuela, museografía (en instituciones tan importantes como el Museo del Prado o la Fundación Juan March) o arquitectura y ordenación de espacios.

La Calcografía Nacional, sede de la exposición dedicada a Gustavo Torner, fue creada en 1789 para acometer importantes proyectos de grabado surgidos en el marco de la política ilustrada. Reúne un extraordinario conjunto de planchas grabadas por los más significados artistas españoles, hasta conformar una de las mayores y mejores colecciones de matrices calcográficas del mundo. Su principal tesoro son las planchas de cobre grabadas al aguafuerte por Francisco de Goya, obras cumbres de la historia universal del grabado.

El Premio Nacional de Arte Gráfico fue instituido en 1993 con el triple objetivo de reconocer la labor de los creadores que se dedican al arte gráfico, impulsar su práctica y estimular el coleccionismo de estampas. Gustavo Torner recibió en 2016 este importante galardón en reconocimiento a su trayectoria y aportaciones en arte gráfico.

Cincuentopía

“Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce”.