La amiga estupenda constituye la primera novela de una tetralogía alumbrada por Elena Ferrante bajo el título general de “Dos amigas”.

Antes de comenzar con el análisis de La amiga estupenda quiero hacer algunas advertencias: únicamente he leído este libro, ninguno de los tres restantes que componen la saga; la obra se está vendiendo francamente bien y, en términos generales, las críticas que ha recibido no sólo no son malas sino que algunas resultan extraordinariamente laudatorias; la presente reseña constituye una total excepción a la regla general que acabo de indicar.

Poco se sabe acerca de la verdadera identidad de Elena Ferrante. El motivo oficial es su deseo de poner énfasis en los contenidos que escribe y no en la personalidad de quien lo hace; mi sospecha después de leer esta novela es que tras la respetable decisión hay bastante más de mercadotecnia, promoción y comunicación que de preocupación por la preservación de los valores literarios de su trabajo.

Entre su producción anterior a la serie “Dos amigas” se encuentran textos como El amor molesto, Los días del abandono o La hija oscura, todos ellos disponibles para la comunidad castellano parlante en diferentes editoriales. No obstante, los tres textos se refundieron en Crónicas del desamor bajo la edición de Lumen.

La amiga estupenda narra la relación entre Elena Greco (Lenuccia o Lenù) y Raffaella Cerullo (Lina o Lila) a partir del trasfondo de un barrio de Nápoles de finales de los años cuarenta y década de los cincuenta. Los vaivenes de la amistad, el proceso de crecimiento personal e intelectual que acompaña a la infancia y a la adolescencia, las siempre difíciles relaciones entre vecinos de inmuebles colindantes, la atmósfera opresiva de la ciudad, la sombra alargada de la Camorra… constituyen algunas de las líneas directrices propuestas por la autora para la conformación de su novela.

En principio los mimbres arriba apuntados parecen adecuados para confeccionar un buen cesto. Pero el resultado final dista bastante de conseguirlo: ni los personajes gozan del suficiente vigor literario ni las situaciones descritas contribuyen a generar la emoción del lector ni la urdimbre narrativa resulta lo suficientemente sólida para aguantar los embates del examen mínimamente crítico sobre la calidad del texto.

Lamento tener que expresarlo en términos tan severos pero la novela me aburrió desde el comienzo hasta el final. La lectura de sus capítulos no me ha producido ninguna clase de placer y sí unas considerables dosis de tedio, irritación y perplejidad.

Cada vez que leo un libro me gusta confeccionar una pequeña ficha sobre el mismo. En ella indico determinados aspectos que más me han llamado la atención, subrayo una idea atractiva, selecciono alguna frase que me ha parecido de particular interés por su ingenio o enjundia… Por desgracia la ficha sobre La amiga estupenda permanece tan en blanco como cuanto comencé con la obra.

Hay quien pretende identificar a Elena Ferrante con la nueva Elsa Morante. Tras haber recorrido las páginas de La amiga estupenda mi conclusión es que o bien no ha leído ni uno solo de los libros de la autora nacida en Roma (desde su inicial Mentira y sortilegio con el que ganó el Premio Viareggio de 1948 hasta Aracoeli publicada casi 35 años después) o pretende tomarnos el pelo a base de bien.

Como anticipé, La amiga estupenda constituye la primera entrega de la tetralogía titulada “Dos amigas”. La novela se completa con Un mal nombre, Las deudas del cuerpo y La niña perdida. Todas ellas han sido publicadas por la editorial Lumen. Quizá la lectura completa de la serie pudiera contribuir a cambiar el juicio de valor que me ha merecido el libro. No seré yo quien lo intente.

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Elena Ferrante. La amiga estupenda. Lumen.

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David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.