¿Cómo concluir este repaso estival que hemos dado a los libros de algunos poetas de la Generación del 27? Me ha parecido interesante hacerlo con el análisis de Las islas invitadas de Manuel Altolaguirre.

Por distintas circunstancias a Manuel Altolaguirre (1905-1959) no se le ha otorgado todo el reconocimiento literario que merece su figura. Es posible que dicha circunstancia se deba a la intensidad con que se implicó en otras facetas (impresor, impulsor de revistas y proyectos editoriales, dramaturgo, guionista y director cinematográfico…) o puede que tenga que ver con la aparente modestia con que, desde el punto de vista formal, se presentan sus distintos poemas.

Su vida refleja bien la tragedia de una parte considerable de la intelectualidad española de esos años. La conclusión de la guerra civil le obliga a exiliarse (primero a Cuba y con posterioridad a México) y durante uno de sus viajes de vuelta a España fallece en accidente automovilístico (en compañía de su esposa María Luisa Gómez Mena) cuando venía de presentar en el Festival de Cine de San Sebastián su película El Cantar de los Cantares.

Las islas invitadas de Manuel Altolaguirre es un libro formado por 137 poemas que agrupa una parte muy significativa de la primera época de su producción. Su publicación se produce en 1936 y dicha circunstancia trágica marca, en buena medida, el tono predominante de la obra: el dolor ante la pérdida, la nostalgia por el tiempo pasado e imposible de recuperar, la losa insoportable que supone la muerte en general y la de los más allegados en particular, el inexorable paso del tiempo…

Las islas invitadas de Manuel Altolaguirre muestra una parte apreciable del particular universo lírico del autor: su carácter intimista, más en la línea de Garcilaso de la Vega o de San Juan de la Cruz que en la de sus propios compañeros de grupo poético; la musicalidad de los textos predominantemente basados en versos cortos; la calidez con que parece atraer al lector, situándolo en plano de igualdad con el creador.

Dos simples ejemplos bastan para ilustrar lo hasta ahora indicado. El primero de ellos es un hermosísimo recordatorio a su fallecida madre que comienza con estos versos: “Hubiera preferido / ser huérfano en la muerte, / que me faltaras tú / allá, en los misterioso, / no aquí, en lo conocido”.

El segundo texto seleccionado se refiere a los últimos versos del poema con que concluye Las islas invitadas de Manuel Altolaguirre: “El presente un olvido / y lo anterior un vano / insistir sin consuelo. / Dice una voz remota / que borra el panorama / con su niebla: / Nunca más. Nunca más”.

Con Manuel Altolaguirre finaliza esta aproximación a la obra de algunos de los poetas de la Generación del 27. Antes que él han pasado por Cincuentopía a lo largo de este mes y medio largo autores como Pedro Salinas, Jorge GuillénFederico García LorcaVicente AleixandreEmilio Prados y Rafael Alberti.

Es cierto, reconozco que faltan poetas por incluir: algunos muy conocidos (Luis Cernuda, Dámaso Alonso o Gerardo Diego) y otros quizá no tanto (Juan José Domenchina, Concha Méndez, Juan Gil-Albert…). Pero es lo que tienen las selecciones: siempre omiten, por injusto que sea el olvido y sin que ello implique una minusvaloración del talento literario de los no citados. Aunque, contemplado desde otro punto de vista, es un buen motivo para volver sobre esta misma senda en otro momento, acaso no muy lejano en el tiempo.

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Manuel Altolaguirre. Las islas invitadas. Castalia Ediciones.

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David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.