El Museo del Prado de Madrid acoge una exposición sobre Mariano Fortuny durante los días 21 de noviembre al 18 de marzo de 2018.

La muestra del Museo del Prado dedicada a Mariano Fortuny consta de obras que proceden de los propios fondos de la pinacoteca, con la colaboración desinteresada de grandes colecciones y museos de todo el mundo y con la contribución especial del Museo Fortuny de Venecia, que presta más de 30 obras, bastantes de ellas virtualmente inéditas, así como del Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Comisariada por Javier Barón, jefe de conservación de pintura del siglo XIX del Museo del Prado, la exposición, se estructura en un recorrido articulado de forma cronológica por las aportaciones de Mariano Fortuny como pintor, acuarelista, dibujante y grabador. Junto a ellas se exhiben ejemplos de la extraordinaria colección de antigüedades que atesoraba en su atelier: preciosos objetos, algunos de ellos conservados hoy en las más importantes colecciones arqueológicas del mundo, que demuestran su interés por la observación detenida y explican el extremado refinamiento en la captación de las calidades, el color y la luz en sus propias creaciones artísticas y el asombroso virtuosismo de sus obras, que extendieron rápidamente su fama entre los grandes coleccionistas de Europa y Estados Unidos.

Mariano Fortuny (1838-74) está considerado, por parte de algunos analistas, como el artista español que tuvo una mayor presencia internacional en el último tercio del siglo XIX, así como un verdadero renovador en todas las parcelas del arte que cultivó. En la pintura al óleo, su técnica precisa, colorista y brillante le permitió una nueva aproximación al natural, especialmente en la captación de la luz. En ello influyó su dominio de la acuarela, que le consagró como el gran impulsor de esta técnica en su tiempo.

Al mismo tiempo, la práctica asidua del dibujo, rápido y nervioso, es el fundamento de la capacidad de Mariano Fortuny para reflejar los distintos aspectos de la realidad. El cultivo del aguafuerte con una calidad extraordinaria emancipó en España al grabado de su función de servir a la reproducción de cuadros y lo situó entre los grandes artistas de su tiempo.

Cincuentopía

“Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce”.