El lanzamiento de El monarca de las sombras ha venido acompañado de cierta polémica en relación con su autor, Javier Cercas. ¿Es para tanto la cosa o se trata más bien de subterráneos (y afiladísimos) ajustes de cuentas que interesan más bien poco a los lectores y nada añaden al análisis de un libro?

Javier Cercas (1962) aporta al panorama literario español una más que notable solidez: por lo que escribe y por cómo lo escribe. Obras como Soldados de Salamina, La velocidad de la luz, Anatomía de un instante, Las leyes de la frontera, El impostor… conforman una propuesta tan particular en sus planteamientos como exitosa ante el público y buena parte de la crítica.

Con El monarca de las sombras el autor vuelve a hollar la senda de la novela de testimonio que mezcla elementos de ficción con la realidad, combina géneros y registros narrativos y gestiona aspectos literarios que se encuentran a caballo entre lo periodístico y lo fabulado.

Javier Cercas se sumerge en la historia de su tío abuelo Manuel Mena, fallecido en septiembre de 1938 a los diecinueve años de edad en la feroz batalla del Ebro cuando formaba parte de una unidad de asalto (el primer Tabor de Tiradores de Ifni) en calidad de alférez provisional.

De forma primorosa, pausada, puntada a puntada, con un excelente sentido del tempo literario, Javier Cercas va recreando la peripecia vital de Manuel Mena en sus apenas dos décadas de trayectoria en el planeta Tierra: su infancia en Ibahernando, su ulterior adolescencia, el ingreso en la Falange, su voluntaria incorporación a filas en plena conflagración civil, sus esporádicas visitas al pueblo, las continuas entradas en combate y las sucesivas heridas recibidas, su muerte en la localidad tarraconense de Bot…

Esa indagación en lo que los griegos antiguos denominaban el kalos thanatos brilla a gran altura en los planos documental y narrativo. Como ocurre en anteriores libros de Javier Cercas se examina la figura del héroe solitario (ese análisis sustentado en esta ocasión en el diálogo que Aquiles y Ulises mantienen en el Canto XI de La Odisea da precisamente título a la obra); pero a diferencia de otras veces el escritor lleva a cabo una completa inmersión en la intrahistoria entendida en el sentido más unamuniano del término.

No menor interés posee la otra faceta que hallamos en El monarca de las sombras: la reflexión sobre la situación española del primer tercio del siglo XX, particularmente la concerniente al ámbito rural, caracterizada por la extrema desigualdad social, el definitivo derrumbamiento del sistema de valores e intereses férreamente establecido desde siglos atrás, las constantes zancadillas que las fuerzas oligárquicas efectúan sobre la recién estrenada república, la convicción de la inevitabilidad del desastre que estaba a punto de asolar España en 1936…

¿Hasta qué punto tiene sentido la discusión que acompaña al libro, esas acusaciones de blanqueamiento del fascismo o de tibieza ante el franquismo planteadas contra Javier Cercas o esa crítica hacia el simplismo de sus planteamientos o hacia lo escuálido de sus análisis políticos? Por mucho que leo y releo El monarca de las sombras no advierto nada de eso, quizá es que no tenga la sutileza de algunos de esos airados analistas o acaso carezca de su blindado caparazón intelectual.

Es posible que en las últimas páginas del libro (la parte correspondiente al testimonio de Antoni Cortés) se perciba cierta fatiga narrativa, como si el considerable esfuerzo de descubrir y difundir sus vergüenzas familiares hubiera agotado a Javier Cercas o como si la breve vida de Manuel Mena no diera ya mucho más de sí. Queda admitido pero tal circunstancia no invalida en absoluto el contenido de la obra aquí examinada.

El caso es que El monarca de las sombras es una novela sumamente interesante. Son bastantes los analistas que la relacionan con Soldados de Salamina (juicio basado en que ambas discurren durante la guerra civil) pero desde mi punto de vista su sustrato, en cuanto a planteamiento moral se refiere, tiene más que ver con Anatomía de un instante, principalmente en esa doble distinción de la ética planteada en su momento por Max Weber: la de la responsabilidad, propia del político, específica, con efectos secundarios letales, relativa; y la de la convicción, de carácter absoluto.

La historia de Manuel Mena es, por desgracia, la historia de muchos jóvenes no sólo de España sino de cualquier otro país, que abandonaron este mundo antes de tiempo en la defensa de valores supuestamente superiores y sacrosantos; y es la misma historia que de manera indefectible se viene produciendo desde que el hombre es hombre. En momentos de debilidad de pensamiento, la lectura de una obra como El monarca de las sombras es más que recomendable.

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Javier Cercas. El monarca de las sombras. Literatura Random House.

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David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.