En nuestra infancia estábamos acostumbrados a ver villanos de toda índole en películas y series de televisión. Eso sí, su presencia tenía siempre caducidad (lo que duraba la película o el capítulo en cuestión). Hasta que llegó Falconetti

Falconetti era el malo malísimo de Hombre rico, hombre pobre, una miniserie que nos mantuvo en vilo a mediados de los años setenta. La historia narraba las andanzas de la familia Jordache, centrándose en la trayectoria vital de dos hermanos: Rudy, alcalde y senador (claro está, el rico); y Tom, boxeador y marinero (no hace falta decirlo, el pobre).

Lo singular de Falconetti es que siempre estaba ahí, repartiendo estopa. Intrigaba, extorsionaba, vapuleaba y mataba (no en todos los casos completaba las cuatro fases del proceso), pero nada ni nadie acababa con él. Eso sí, también recibía lo suyo y, lógicamente, según le iban dando se irritaba más y más.

Falconetti era chungo cuando se enfadaba pero resultaba incluso más inquietante cuando intentaba ser amable.

Para protagonizar a Falconetti se eligió a William Smith, un tipo que medía casi 1,90 metros y había practicado deportes como boxeo, lucha libre, levantamiento de pesas y artes marciales. Además había formado parte del personal militar estadounidense destinado a la Guerra de Corea.

Con estos avales, y con una carrera en el mundo de la interpretación que ya incluía bastantes apariciones en películas y series televisivas, Smith se metió hasta el fondo en el pellejo de Falconetti, con las consecuencias que todos conocemos

Hombre rico, hombre pobre finalizó su emisión y William Smith continuó con su devenir profesional. En cierta medida ya no pudo librarse de la losa de Falconetti. Fijémonos cómo en apenas tres minutos reparte una considerable ensalada de puñetazos, en compañía de Clint Eastwood, en esta memorable escena de La gran pelea.

William Smith: genio y figura

William Smith se retiró en 2009, cuando estaba próximo a cumplir los 80 años. En su página web oficial nos encontramos con su biografía y filmografía, diferentes fotografías e incluso un poemario. ¿Quién dijo que no se puede ser durísimo y sensible al mismo tiempo?