A solicitud de algunos de nuestros seguidores iniciamos una nueva sección dedicada a películas cincuentópicas. Se trata de filmes que, de un modo u otro, nos marcaron en los comienzos de la niñez, la adolescencia o incluso en nuestros primeros años de juventud. La película cincuentópica con la que nos estrenamos es la película Tiburón (en su original Jaws, cuya traducción podría ser Mandíbulas o Fauces).

Aludir a la película Tiburón (1975) es referirse a una historia de terror colectivo que recorrió medio mundo, es hablar de una película ante cuyas taquillas se agolpaban millones de espectadores de los cinco continentes ávidos por conocer de qué iba tan estremecedor relato.

La película cincuentópica la dirigió Steven Spielberg, basándose el guion en la novela del mismo título de Peter Benchley. Aunque su argumento es suficientemente conocido por todos no está de más recordarlo: un gigantesco tiburón blanco comienza a atacar a los bañistas del área de Amity Island (zona situada en Massachusetts) y se asiste a una disparidad de criterios a la hora de abordar la sanguinaria actuación del formidable depredador.

Es cierto que según los títulos de crédito los protagonistas de la película Tiburón eran las tres “R”, es decir, Roy Scheider, Richard Dreyfuss y Robert Shaw pero…

… pero los verdaderos protagonistas eran el gigantesco tiburón, del que por motivos presupuestarios en muchas de las escenas sólo se veía su gigantesca (y estremecedora) cabeza y la muy inquietante música de John Williams (con la que ganó un Premio Óscar). Era comenzar a oír la melodía (interpretada por un instrumento tan atípico como la tuba que resultaba sumamente amenazador) y echarnos a temblar porque sabíamos que algo (y nada bueno) estaba a punto de ocurrir. Recordemos el trailer del film.

La película Tiburón fue el comienzo de muchas cosas: el de una carrera enormemente exitosa como director por parte de Steven Spielberg y como compositor musical para John Williams; y el de una novedosa manera de comercializar el cine, basándose en el estreno simultáneo de una película en muchas salas para proceder a su amortización en el más breve lapso de tiempo posible.

Después de ver una película cincuentópica como Tiburón nuestra percepción de la playa cambió. Quien más quien menos, comenzó a prestar más atención a cuando se sumergía en mitad del mar y hay quien extendió esas precauciones incluso a la piscina o a la propia bañera (y es que el miedo no conoce límites). Luego hubo otras secuelas pero ya nada fue nunca igual.

Cincuentopía

“Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce”.