Entre unas cosas y otras el último libro de Gary Shteyngart, Pequeño fracaso, ha cumplido tres años desde su presentación editorial y dos de su introducción en el mercado castellano parlante. ¿Hasta dónde da verdaderamente de sí esta nueva obra del escritor nacido en la por entonces llamada Leningrado (y antes conocida como Petrogrado y antes aún como San Petersburgo, nombre que ha recuperado desde 1991) y nacionalizado estadounidense?

No es fácil escribir el nombre Gary Shteyngart (1972) y tampoco resulta sencillo aproximarse a su universo creativo, a su estilo literario y a su propuesta narrativa. Es más, tras sólo cuatro libros en el mercado, da toda la sensación de que se trata del típico autor que más de uno ama o detesta casi con igual nivel de intensidad.

Pequeño fracaso narra la historia del propio Gary Shteyngart, desde su infancia en la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y su llegada a Estados Unidos hasta su consolidación como un escritor de éxito ya en la segunda década del siglo XXI. Y, entre medias, una educación cien por cien USA en todo tipo de instituciones, una familia cien por cien URSS con la que desarrolla la indefectible relación amor/odio, una búsqueda constante de nuevas experiencias cien por cien Planeta Tierra en los terrenos psicotrópico, alcohólico y sexual…

El libro se estructura en 25 capítulos y discurre en líneas generales en sentido cronológico, aunque con algunas idas y venidas en el tiempo. Por cierto, buena parte del material ha sido publicado con anterioridad en revistas como The New Yorker, The New York Times Magazine, Granta, GQ, The Threepenny Review…, una circunstancia que, a mi juicio, no se avisa con el suficiente énfasis al potencial lector de la obra editada por Libros del Asteroide.

Pequeño fracaso se sitúa en una línea similar a la de anteriores libros de Gary Shteyngart que tan bien acogidos están siendo por crítica y público: humor ácido, melancolía indisimulada, pericia en la construcción de situaciones y en la descripción de escenarios, habilidad a la hora de proceder a la caracterización de los personajes, acumulación de tópicos (el judío enfadado con el mundo y con su Dios, el inmigrante desubicado en el país de acogida, el exsoviético desconcertado ante la abrupta caída del imperio comunista) puesta al servicio del devenir narrativo…

Desde mi punto de vista esta acumulación de materiales no termina de funcionar en el libro. Y así, a momentos magníficos, divertidos y de una notable y apreciable hondura le suceden otros pasajes más bien aburridos, planos, inanes y de muy escala relevancia literaria.

¿Por qué esta irregularidad y estos constantes altibajos? Creo que puede tener que ver con que la vida del autor no resulta del suficiente interés para merecer más de 400 páginas de texto y con que muy posiblemente hubiera sido necesaria una nueva revisión del original para pulir determinados aspectos (ignoro si el autor ha sido en exceso apresurado por los editores o se ha producido alguna otra clase de circunstancia que explique la situación aquí descrita).

En suma, quizá Pequeño fracaso no sea la mejor manera de aterrizar en el universo creativo de Gary Shteyngart. Es posible que más de un lector se sienta desorientado ante las reflexiones del escritor o desmotivado a la hora de seguir su peripecia vital en sus primeras cuatro décadas de existencia. Acaso sea mejor comenzar por su primera novela, El manual del debutante ruso y luego, si le convence su estilo narrativo y su propuesta literaria, proseguir con Absurdistán y Una súper triste historia de amor verdadero, las dos primeras editadas por Alfaguara y la última disponible en Duomo Ediciones (sí, yo también reconozco que es curioso que con cuatro libros en el mercado tenga ya tres editoriales diferentes pero es lo que hay).

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Gary Shteyngart. Pequeño fracaso. Libros del Asteroide.

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David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.