James Ellroy ha vuelto a la carga por todo lo grande con su novela Perfidia. ¿Por qué el escritor es tan venerado por algunos como detestado por otros? ¿Qué diferencia este libro de otros de similares características? ¿Tendrá continuidad en el tiempo la trama aquí presentada? Tratemos de responder todas estas cuestiones poco a poco.

Es público y notorio que vivimos un momento de apogeo (de ventas y crítica) de la novela negra y de sus numerosas ramificaciones. A mi juicio conforme crece la popularidad del género se incrementa su escora hacia una especie de subtipo de las novelas de caballerías, dicho sea sin ninguna clase de desdoro, con un elemento adicional existencialista de desencanto vital. Cuando leemos las andanzas de personajes como Parker de Connolly, Bolitar de Coben, Adamsberg de Vargas, Bevilacqua de Silva… conocemos sus debilidades y dudas morales que se entremezclan con sus indudables dotes profesionales pero sabemos que al final de la novela siempre salen incólumes.

Pero de vez en cuando surgen autores como James Ellroy (como en su momento ocurrió con Jim Thompson) que elevan este género a la categoría de puñetazo en la boca del estómago del lector. Porque Perfidia es un libro que, como casi todos los de este escritor, te deja sin aliento, con la sensación de que la maldad está tan extendida en todos los ámbitos de la sociedad e impregnada en el ADN de los individuos que es imposible derrotarla (todo lo más tratar de atenuarla) y de que todos estamos al borde de la catástrofe personal y colectiva.

La biografía de James Ellroy (1948) posiblemente resulte tan excesiva como la de sus personajes. Con diez años su madre fue asesinada en Los Ángeles (un crimen que, a fecha de hoy, sigue sin resolverse); durante la adolescencia fue arrestado en varias ocasiones y llegó a pasar unos cuantos meses en prisión por distintos delitos; durante esos años tuvo numerosos problemas con alcohol y drogas. Pero su vida se encauzó tras obtener un trabajo de caddy de golf en el Bel Air Country Club y comenzar a escribir.

Ellroy no duda en autoproclamarse uno de los mejores escritores de su era, ni en manifestar de forma pública sus heterodoxas opiniones políticas o sus ideas en materia de autoridad y educación. Algunos críticos lo califican como “un perro rabioso” y otros consideran que se encuentra tan mentalmente perturbado que sería capaz de cometer cualquier tropelía sin que su pulso se alterara.

Perfidia narra un episodio particularmente desagradable en la historia de Estados Unidos: el indiscriminado internamiento de la población de origen japonés en campos de concentración (confiscación de bienes incluida) que años después culminó con el robo descarado de millones de dólares que jamás fueron recuperados (las indemnizaciones y compensaciones de décadas después apenas alcanzaron el veinte por ciento del total de lo sustraído).

James Ellroy fija su atención en lo que acaece en la ciudad de Los Ángeles durante las primeras semanas tras el ataque a Pearl Harbour. Pero en realidad tal circunstancia no es más que una excusa para trazar un gigantesco y nada amable crisol de la sociedad angelina del momento donde la corrupción extiende sus tentáculos de forma tan inexorable como eficaz y donde cada individuo trata de salir adelante como buenamente puede.

Perfidia muestra a las claras la formidable capacidad narrativa de James Ellroy, su extraordinaria habilidad para gestionar las idas y venidas de centenares de personajes férreamente cincelados por su pluma magistral, la destreza para mezclar situaciones dramáticas y momentos de humor y su pericia a la hora de expresar sentimientos complejos con una frase tan sucinta como rotunda.

Y de fondo el suave sonido de Perfidia, la celebérrima canción de Alberto Domínguez que da nombre a la novela y que se encuentra omnipresente en sus páginas, con sus archiconocidos versos “Mujer, si puedes tú con Dios hablar /pregúntale si yo alguna vez te he dejado de adorar. / Y al mar, espejo de mi corazón, / las veces que me ha visto llorar / la perfidia de tu amor”.

Con Perfidia James Ellroy da un nuevo paso hacia delante en su cuidadosa conformación de un escenario literario propio ubicado en la ciudad de Los Ángeles. Una tarea que comenzó con el conocido como Primer Cuarteto de Los Ángeles (formado por La Dalia Negra, El gran desierto, L.A. Confidential y Jazz blanco), que prosiguió a escala nacional con la Trilogía Americana (América, Seis de los grandes y Sangre vagabunda) y que el autor ha prometido continuar en forma de un Segundo Cuarteto del que este libro es el primer volumen (en realidad una precuela de todo lo indicado).

Los asiduos a la obra de James Ellroy verán pasar por las páginas de Perfidia a personajes ya conocidos como Mike Breuning, Dick Carlisle, Ellis Loew, Turner Meeks, William Parker o Dudley Smith, entre otros (aunque el libro puede ser leído con fruición y aprovechamiento por cualquier lector que jamás haya estado en contacto con la obra anterior del autor). Y junto a ellos individuos de carne y hueso tan conocidos como Joan Crawford, Bette Davis, Edgar Hoover…

Perfidia es una magnífica ocasión para acercarse a la obra de uno de los mayores creadores literarios de estas últimas décadas (sin duda habrá quien haya conocido a James Ellroy a través de las adaptaciones cinematográficas de algunos de sus títulos como La Dalia Negra o L.A. Confidential). Y para todos quienes se queden con ganas de más, la grata noticia es que la mayoría de su producción está traducida al castellano en distintas editoriales y ediciones, muchas de ellas de bolsillo y a bajo coste económico.

————————————————–

James Ellroy. Perfidia. Literatura Random House.

————————————————–

David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.