Una nueva entrada de pianista frustrado, en este caso ” Pianista frustrado peleando con la tecnología “. Arranca 2018 con muy saludables perspectivas en el mundo de la música clásica. No es que yo sea demasiado optimista, lo que digo es real y de paso pido moderación a mis colegas de más de sesenta que escriben apocalípticos artículos sobre el final de todo, de la historia a la filosofía o de la música a la física. La realidad y los acontecimientos me darán la razón.

Pianista frustrado peleando con la tecnología

La sala Musikverein de Viena desde fuera. La Gran Sala desde la que se retransmite el Concierto de Año Nuevo es tan conocida casi como el Nueva York de las películas

El año musical se inaugura con la Filarmónica de Viena interpretando valses y polkas en una florida sala de la Musikverein. Karajan -no vamos a presentar al gran sacerdote de la religión de la dirección de orquesta- lo dirigió en 1987 e inauguró una época de afamados directores en el podio que llega hasta nuestros días. En 1988 le sucedería –no sólo al frente de la Filarmónica de Berlín- Claudio Abbado, y a continuación Kleiber, Metha, Harnoncourt, Ozawa y etcétera, etcétera, etcétera. Acabando con la era dorada que entre los años 1980 y 1986 protagonizara Lorin Maazel, un director entre la vieja escuela y la élite del poder musical.

 

Historias del Concierto de Año Nuevo

Este año 2018 se ha inaugurado con otro coloso muy del estilo de Maazel, Riccardo Muti. El maestro tiene una carrera plagada no sólo de gestos sino también de grandes hazañas artísticas. Le he notado cansado, en lo físico, y es natural cuando se han pasado ya los 75 y se ha de dar el máximo. Muti sin embargo ha sabido subirse al carro de los nuevos medios. Aparte de la gran cantidad de curiosos vídeos en los que aparece ensayando, de forma que se puede apreciar lo colosal de su capacidad artística, también tiene un fantástico canal YouTube en el que se puede apreciar no sólo su trascendencia musical sino también toda su humanidad.

Pianista frustrado peleando con la tecnología

Esto no es un tocadiscos, es un plato (HI-FI de los ochentas)

Una generación, la del maestro italiano, que se ha ‘enganchado’ a las nuevas formas de transmisión de la música. Con Barenboim o mi preferido Itzhak Perlman, uno se puede pasar el día entero viendo vídeos donde cuentan historias sobre la música, el violín, la técnica, la historia o la vida. El vídeo, en su forma actual, sea YouTube o Vimeo o cualquier canal temático de música en Internet, ha superado con creces al DVD o al CD por supuesto. Nuevas formas de distribución al fin y al cabo, negocio e industria de la música.

 

Encuentra tu música favorita: Internet

Hace no mucho tiempo, podemos poner una frontera hace no más de diez años, los derroteros de la música seguían caminos y dinámicas marcadas por la industria del disco y la forma en que estaba estructurado el negocio. Se daban conciertos, se grababan discos, últimamente DVDs, o se escribían libros y se editaban partituras y eso era todo, o casi todo. Esa época sí la vivieron los miembros de la élite del poder musical muy bien retratada en un polémico documental, también de los años ochenta, donde se destapaban algunas de las prácticas menos populares de este trabajo.

Hoy todo se consigue de otra forma, a golpe de clic de ratón. Si te interesa de verdad, amigo lector, deja de leer esta retahíla y aprovecha los enlaces que te proponemos para huir «a otras tierras, a otro abrigo» y disfrutar del mundo del vídeo en Internet. No hay artista que se precie que no esté en la red. Si no estás en Internet (antes era en los medios de comunicación en general y en la prensa impresa en particular), si no tienes redes sociales, si no muestras tu arte en la web no existes. Han aparecido, incluso, algunas estrellas nacidas de la mano de las redes sociales. Las productoras, las compañías de la industria musical, lo han comprendido rápidamente y aunque no haya un camino único para desarrollar todas las posibilidades de la distribución de la música sí es del dominio público que hay que estar presentes en la pantalla de los ordenadores y los teléfonos móviles para controlar el mercado.

Aparecen también miles y miles de tutoriales para aprender cualquier faceta musical, desde cómo tocar un instrumento hasta cursos de perfeccionamiento de técnica musical y artística, como si fuera posible convertirse en un virtuoso del piano o de la dirección de orquesta sin pasar por ninguna escuela. El que más me ha sorprendido, y lo menciono por ser también de la misma generación que los anteriores, el curso de Jazz de Herbie Hancock. ¿Indignante o sólo desconcertante?

Pianista frustrado peleando con la tecnología

Abstracto

Frente a toda esta generación llegan otros mucho más jóvenes más ‘pegados’ a la tecnología y a esas nuevas formas de divulgación musical. Por citar el ejemplo más conocido, el propio Lang Lang ofrece, amén de diferentes tipos de pistas para mejorar la interpretación pianística, diversas ‘píldoras’ en vídeo para aprender chino. ¿Sorprendente también? Una locura sin duda, pero sin duda también una forma distinta de transmisión de la cultura y una forma de entretenimiento.

 

Lo que vendrá

Lo peor está por llegar, aunque todavía no sabemos en qué forma. Las posibilidades son infinitas. En tiempos resultaba bastante difícil, por no decir imposible, conseguir una partitura, escuchar una grabación, buscar un libro, y no digamos ya lo difícil que resultaba ver y oír a algún artista favorito determinado. Hoy hacemos clic y ya lo tenemos. ¿Diabólico? Todo ello de forma instantánea. Tiendas online, canales de radio, canales temáticos de televisión, YouTube, Vimeo, Instagram, hasta el infinito.

En este contexto, querido amigo, confieso que estamos trabajando en esa nueva forma de atravesar las barreras de los soportes para crear una nueva experiencia más allá de la música. El laboratorio está funcionando 24/7 y esperamos resultados en este 2018.

Otras entradas de la serie Pianista frustrado de Santiago Martínez Arias:
Pianista frustrado: Plan de 1966
Pianista frustrado y un programa de concierto
Pianista frustrado y callado hasta ahora… Fausto
Pianista frustrado en Navidad

Santiago Martínez Arias

El sobrenombre define bien a Santiago Martínez Arias. Como cualquier personaje de extraña biografía profesional es difícil seguir su pista vital. Tiene altos estudios musicales internacionales y ello se evidencia rápidamente en su conversación. Inevitablemente también se comprueba que es experto en seguridad y defensa y doctor en relaciones internacionales, jefe de prensa editorial, profesor universitario, además de tener un pasado, lejano ya, como corresponsal de ‘El Independiente’ en Europa oriental. Más parece que sea un agente, y aunque su pasado pianístico fuera glorioso, sólo quedan los restos del naufragio. En la actualidad representa a Stingray CLASSICA.