Nuevas aventuras de pianista frustrado para los seguidores de Cincuentopía. En esta ocasión, pianista iniciático de korrepetidor. Como de costumbre, a través de la sabia disertación de Santiago Martínez Arias.

Mi admiración por todos los artistas que salen a un escenario a entregar al público su alma, con o sin intervención diabólica, se va acrecentando con el paso del tiempo. También profeso profunda admiración para todos los que colaboran en la tarea de la puesta en escena del drama artístico, esos que detrás de las bambalinas hacen que el público sienta en su interior toda la intensidad de la música… y también, por qué no, la caterva de coros innobles que huele a taberna y vino, que dice el Benvenuto Cellini de Berlioz, y que intervienen con toda la intensidad del drama vital artístico. Entre esa prole de invisibles hay otro artista que nunca sale a saludar y que tiene mi admiración por encima de todos, el korrepetidor.

 

Una prueba de korrepetitor

Pianista iniciático de korrepetidor

Cartel correspondiente a una representación de La flauta mágica

La primera vez que pisé un ensayo de ópera temblaba con el pánico del no iniciado. No sabía cuál era aquella primera partitura que me pondrían delante. Era una prueba para conseguir un trabajo, como cualquiera de las innumerables pruebas de la juventud profesional, y no esperaba mucho de aquella visita. Me senté en la banqueta del piano esperando al maestro y cuando levanté la cabeza y vi el título de la partitura respiré con alivio: “La flauta mágica”, me la sabía de memoria.

Reinhard Schwarz abrió el libro, «espero que no sea la obertura» pensé, y me puso delante el coro inicial de las Tres Damas salvando a Tamino. Lo dicho: ¡de memoria! incluso cuando me pidió que cantara la parte de la segunda Dama (aquí os la pongo para que la disfrutéis).

Como curiosidad recuerdo que tan bien me sabía la Flauta que un día, atrapado en un ascensor vienés, gritaba desesperadamente zu Hilfe!, y cuando se lo contaba a mis amigos se desternillaban, cosa que me costaba entender, y la razón no era otra que resultaba que pedir auxilio con esas palabras era como ponerse a recitar a Shakespeare para solicitar el turno en la cola del supermercado.

Así logré mi primer trabajo como korrepetidor, o korrepetitor o repetidor o pianista acompañante. No era un pianista excepcional, pero tenía cierta destreza por encima de la media en la lectura a primera vista, lo cual me daba cierta ventaja a la hora de optar al trabajo de acompañante de piano en las casas de ópera, ballets, coros y demás fauna musical repartida por los teatros de Europa central. Quitando una breve experiencia con una compañía de ballet contemporáneo en Madrid, y alguna que otra incursión en el Conservatorio acompañando instrumentistas, nunca antes había ejercido la labor de pianista en el foso.

 

Categorías de pianistas

Pianista iniciático de korrepetidor

Geoffrey Parsons

Los pianistas de verdad, los solistas, no tienen tiempo para dedicarse a la ópera. Sin embargo hay una subcategoría de buenos pianistas, curtidos en el acompañamiento de cantantes en interminables sesiones de ensayos de la denominada korrepetition, y que son los mejores músicos de los que puedas echar mano. En Alemania se lo toman muy en serio y cualquier director de orquesta que se precie le ha dedicado largas horas al acompañamiento de cantantes en los teatros de ópera desarrollando el papel de korrepetidor.

Los que no llegan a ponerse al frente de una orquesta no se hacen famosos, pero un buen korrepetidor no tiene necesidad de ponerse en primera fila, y sin embargo es una pieza fundamental para conseguir el éxito de todo el engranaje musical. Es apoyo imprescindible de cantantes, directores, bailarines, directores de escena, ayudándoles a recrear el ambiente y la música para los ensayos, sin necesidad de invertir demasiado dinero en poner en marcha una orquesta. Arrancar una orquesta, como si se tratara de un coche o de una máquina para fabricar cualquier cosa, sale mucho más caro que ir a ver a la Netrebko o a la Fleming en directo en el MET, transporte y alojamiento incluidos. Cuando se tiene un buen korrepetitor a mano se puede llegar a escuchar con claridad meridiana incluso las partes más ocultas de las violas en una obertura de Fidelio.

 

De Mozart a Puccini

Pianista iniciático de korrepetidor

Giacomo Puccini

En mi prueba, después del Mozart tuve que atacar la entrada de Sieglinde en el Acto I de la Valquiria. Recordaba, a modo de inspiración, varios Wagner cinematográficos incluido el del Visconti tocando en el piano para recrear cómo sonaría la orquesta completa en esas circunstancias. Sin embargo mi gran triunfo (después de tener que cantar fragmentos del Benoit en La bohème, y el final del Acto II del Figaro “Esci omai…”), mi gran derroche musical, fue interpretar una sencilla pieza en la que tuve que acompañar “Un bel dì vedremo” de Butterfly (por si no la recordáis, ahí la tenéis).

La inquietud y el miedo desaparecieron mágicamente y el “Tienti la tua paura” parecía dirigido a mí, antes que a Suzuki. No sólo me sentí más cerca de Cio-Cio-San e imagine su vana esperanza ante el abandono de Benjamin Franklin Pinkerton, sino que me creí el mismísimo Puccini sentado ante su piano de Torre del Lago. ¿Puccini o Verdi, Chopin o Listz, Ravel o Debussy, Falla o Albéniz? ¿Cuál es mejor? Otro día lo contamos, pero a mí en esta ocasión me salvó “O mio babbino caro”.

 

De Geoffrey Parsons a Oscar Levant

Pianista iniciático de korrepetidor

Oscar Levant

Imbuido de espíritu pucciniano conseguí un puesto aparentemente fácil, pero uno de los más complicados y exigentes del panorama musical. El korrepetidor es la máquina que nunca puede fallar, de hecho no lo hace nunca o yo no he oído que alguno lo hubiera hecho, y debe estar dispuesto y de guardia las veinticuatro horas del día y la noche.

Cuando éramos más jóvenes una soprano a la que solía acompañar me llamaba Geoffrey Parsons, paradigma del acompañamiento pianístico. Aunque la nómina de pianistas acompañantes es gigantesca (siempre pegados a un artista principal pero con un papel vital en el desarrollo de la acción cual si fueran Sancho Panza) hay uno que me ha parecido de lo mejor. Es americano y puedes contemplarlo en innumerables producciones de Hollywood, incluso en una de las más ambiciosas de todas, la película “Raphsody in Blue” (1945) sobre la vida de Gershwin: se trata de Oscar Levant, al que yo otorgaría el título de Rey del Piano de Hollywood, en la época del Star-system.

Todos recuerdan su impresionante interpretación del Concierto en Fa de Gershwin en “Un americano en París” (1951), pero sin duda era un habitual de las películas de aquella época acompañando cantantes o instrumentistas como Mary Martin en “Rhythm on the River”(1940).

¡Feliz rentrée!

A continuación indicamos a los seguidores de Cincuentopía todas las entradas que corresponden a la serie de pianista frustrado escrita por Santiago Martínez Arias:
Pianista frustrado: Plan de 1966
Pianista frustrado y un programa de concierto
Pianista frustrado y callado hasta ahora… Fausto
Pianista frustrado en Navidad
Pianista frustrado peleando con la tecnología
Pianista frustrado y los enigmas de internet
Pianista frustrado en la Zarzuela
Pianista frustrado en el Flamenco
Pianista frustrado y suspiros de España
Pianista frustrado y mujeres importantes en la música
Pianista frustrado y el piano CD 318

Santiago Martínez Arias

El sobrenombre define bien a Santiago Martínez Arias. Como cualquier personaje de extraña biografía profesional es difícil seguir su pista vital. Tiene altos estudios musicales internacionales y ello se evidencia rápidamente en su conversación. Inevitablemente también se comprueba que es experto en seguridad y defensa y doctor en relaciones internacionales, jefe de prensa editorial, profesor universitario, además de tener un pasado, lejano ya, como corresponsal de ‘El Independiente’ en Europa oriental. Más parece que sea un agente, y aunque su pasado pianístico fuera glorioso, sólo quedan los restos del naufragio. Ha representado a Stingray CLASSICA.