A solicitud de unos cuantos seguidores, comenzamos a partir de hoy nuestra sección sobre Recetas cincuentópicas. Vamos a dedicar esta entrada al carpaccio de alcachofas. Para ello, contamos con la ayuda de nuestra empresa colaboradora, La Montaña Aliños, que ha tenido la gentileza de permitir que utilicemos algunas de las recetas que han ido acumulando a lo largo de los años y cuyos riquísimos productos os recomendamos de manera encarecida.

Como punto de partida, esta receta de carpaccio de alcachofas lleva para su aliño vinagre de fresón. Este aliño resulta particularmente adecuado para su maridaje con ensaladas que tengan frutas rojas, fresones, granadas, frambuesas… pero también puede ser empleado con determinadas carnes (magret, cerdo, pollo), pescados (lubina, bacalao) o quesos (brie, feta, curado) entre otros muchos productos.

¿Qué ingredientes necesitamos para el carpaccio de alcachofas? Aquí van (para cuatro personas):

  • Dos alcachofas crudas, peladas
  • Medio limón
  • Un tercio de litro de aceite de albahaca
  • Sal Maldon
  • Pimienta negra recién molida
  • Dos cucharadas soperas de aliño de fresón
  • Una cucharada sopera de mantequilla de foie (en caso de que se desee reforzar el sabor)

Comencemos con la elaboración del carpaccio de alcachofas. Anticipamos a los seguidores de Cincuentopía que se trata de una receta fácil de hacer y que se prepara en unos diez minutos. La sintetizamos en cinco pasos:

  1. Pelar las patatas de hojas duras y dejar sólo las tiernas y blancas
  2. Cortar las alcachofas en finas rodajas, colocarlas en un plato y rociar rápidamente con el medio limón escurrido para que no se hagan negras
  3. Condimentar con aceite de albahaca y aliño de fresón
  4. Salpimentar al gusto
  5. Esparcir la mantequilla de foie derretida por encima de las alcachofas (repetimos: únicamente en caso de que se quiera reforzar el sabor)

Y ya está: el carpaccio de alcachofas está listo para comer y disfrutar. ¡Buen provecho, cincuentópicos!

Cincuentopía

“Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce”.