Más de un seguidor de Cincuentopía se va a llevar las manos a la cabeza cuando lea que la receta que proponemos es salmorejo de maíz. Es sorprendente pero podemos asegurar que su sabor resulta extraordinario, sobre todo ahora que se adentra la primavera.

Esta receta es posible gracias a la colaboración y generosidad de Huercasa, especialistas en la elaboración de productos vegetales de quinta gama. La compañía también incorpora en su página web distintas recomendaciones y consejos de suma utilidad.

Los ingredientes requeridos para la preparación del salmorejo de maíz son los siguientes (para dos personas):

Preparar un buen salmorejo de maíz es sencillo (el tiempo de duración es entre 15 y 20 minutos). Basta con seguir estos pasos:

  • Pica el ajo en trozos finos.
  • Con la ayuda de un cuchillo, realiza cortes longitudinales en la mazorca para extraer los granos de maíz.
  • Mientras, pon a calentar agua en un cazo u olla pequeña.
  • Tritura los granos de maíz. Si a la hora de triturarlos obtienes una masa muy espesa, es aconsejable que añadas un poco de agua para alcanzar la consistencia adecuada.
  • Añade a la mezcla el ajo troceado. Añade a la mezcla el aceite de oliva y el vinagre. Pon el salmorejo al punto de sal. Bate de nuevo.
  • Coge un vaso. Coloca sobre él un trozo de papel film y fórralo por dentro. Engrasa el papel film con aceite de oliva. Casca el huevo dentro del vaso, sazona al gusto y ciérralo en forma de sacos o bolsitas.
  • Cuando el agua empiece a hervir, introduce los saquitos en la olla y déjalos cocinar durante 4 minutos. Pasado este tiempo, retira los huevos de la olla y déjalos enfriar.
  • Pon una sartén pequeña a calentar. Añade los taquitos de jamón a la sartén y dóralos durante un par de minutos.
  • Sirve el salmorejo en un bol. Con cuidado quita el plástico del huevo y colócalo en el bol.
  • Decora con los tacos de jamón.

Ya tenemos el salmorejo de maíz listo para ser paladeado. ¡Buen provecho para todos los cincuentópicos!

Cincuentopía

“Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce”.