En tiempos de cerrilismo, obcecación y estrechez de miras (en realidad ¡cuándo no lo fue!) siempre apetece volver a leer un texto de las dimensiones éticas de Samarcanda, escrito por Amin Maalouf hace ya casi tres décadas y que no sólo no ha perdido vigor sino que día a día gana en brío y actualidad.

Samarcanda: una sola palabra y qué cantidad de evocaciones, de recuerdos, de vivencias, de civilizaciones e imperios, de individuos que recorrieron sus calles y moraron en sus casas, de gestas gloriosas y existencias truncadas. El legendario centro de la celebérrima ruta de la seda, la mítica capital del imperio de Timur, la remota sede donde se conservan con mimo los vestigios de los antiguos oficios de bordadores de oro, grabadores de cobre, tejedores de seda, talladores de madera…

Referirnos a Samarcanda es aludir a alrededor de treinta siglos de presencia del ser humano, es hablar de una singular encrucijada de culturas, es esbozar la historia a partir de la sucesión de gobernantes despiadados y pueblos aterrorizados, es explicar hasta qué punto la codicia del hombre marca a sangre y fuego el planeta Tierra, es ocuparse de las bases del eterno enfrentamiento entre Oriente y Occidente.

Amin Maalouf (1949) es uno de los más lúcidos pensadores de finales del siglo XX y comienzos del XXI: periodista, ensayista, novelista, libretista… ha conocido en carne propia el horror de la guerra (Vietnam, Etiopía, Líbano) y ha alcanzado los oropeles de la gloria literaria (la Academia Francesa de la Lengua, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras) y el reconocimiento de crítica y público.

Samarcanda toma como punto de partida el azaroso devenir de un manuscrito con dicho nombre que contiene los cuartetos (“ruba’iyat”) del poeta persa Omar Jayyám, cuya existencia acaeció entre los siglos XI y XII. Lo erudito y lo bárbaro, lo sutil y lo grotesco, lo delicado y lo despiadado se entrecruzan en un entorno singular, casi inaccesible para el viajero procedente de otras tierras.

Amin Maalouf recrea con técnicas novelísticas de ficción un conjunto de historias que nos permiten adentrarnos en una civilización tan proclive a la insurrección y al tumulto como sibarita en sus placeres, donde traiciones y lealtades van ovillándose y desovillándose en un juego tan interminable como complejo y exasperante.

Pero en realidad el libro va mucho más allá: a partir de la técnica del falso narrador Amin Maalouf aprovecha la recreación de figuras como el estadista Nizam el-Molk o el reformador religioso Hassan Sabbah para plantear un conjunto de reflexiones morales sobre aspectos de máxima actualidad que tienen que ver con la lucha por el poder, la búsqueda de la sabiduría, la obtención de la felicidad, el desarraigo vital y cultural…

Con Samarcanda Amin Maalouf teje un texto tan deliciosamente lírico como tupido en el fondo y apasionante en la forma. Vayan algunas frases para comprobarlo de manera fehaciente: “El tiempo tiene dos caras, dos dimensiones; la longitud va al ritmo del sol, la densidad al ritmo de las pasiones”; “La felicidad se embosca en la monotonía”; “En las ciudades de Oriente se buscan los colores del presente y las sombras del pasado”.

Samarcanda es una obra para leer con tranquilidad y sin prisas, para reflexionar sobre la realidad que nos rodea, para darnos cuenta de que determinados avatares históricos tienden a repetirse de manera indefectible, para no dejarnos engañar por apocalípticos mensajes que únicamente desean meter el miedo en nuestro cuerpo, para aprender de los errores cometidos por otros y para tratar de buscar soluciones y luchar por un mundo más justo y solidario; y también es un texto excelente para introducirnos en el fértil pensamiento de Amin Maalouf.

———————————————————-

Amin Maalouf. Samarcanda. Alianza Editorial.

———————————————————-

David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.