Nicolái Rimski-Kórsakov (1844-1908) no sólo fue capaz de aunar las facetas de compositor, director de orquesta y pedagogo musical. También constituye uno de los pilares de las programaciones de ballet de las más prestigiosas compañías a escala internacional. Su suite Scheherazade se ha convertido en un auténtico referente para generaciones de bailarines y aficionados a este arte.

Nicolái Rimski-Kórsakov es uno de los más característicos representantes de la música clásica nacionalista rusa del último tercio del siglo XIX. En su estilo da prioridad al empleo de canciones populares rusas y a los elementos armónicos y melódicos propios del orientalismo musical sobre los métodos compositivos tradicionales occidentales (aunque sin descartarlos en su totalidad). A lo largo de su carrera acumuló una extensa obra formada por toda clase de composiciones orquestales, óperas, música de cámara e incluso docenas de canciones folclóricas.

Basada en Las mil y una noches, Scheherazade fue compuesta en 1888. Esta suite sinfónica, que combina una colorida orquestación con el característico interés del autor por la cultura oriental, se sitúa para buena parte de la crítica a caballo entre la Sinfonía Fantástica de Berlioz y el Poema Sinfónico de Liszt.

En 1910 Michel Fokine se basó en la música para crear y coregrafiar su célebre ballet, presentado en París por la compañía de Diaguilev. La experiencia constituyó un rotundo éxito y dio así comienzo a una tradición que ha llegado hasta nuestros días.

Hemos preparado para los seguidores de Cincuentopía un momento particularmente interesante de Scheherazade. La versión que proponemos es la del ballet Mariinsky de San Petersburgo y cuenta con una curiosidad adicional: participa en ella la surcoreana Ryu Ji Yeon, la primera extranjera que bailó en esta compañía.