Reseña de Tiempos de hielo

Con Tiempos de hielo, la nueva novela de Fred Vargas, concluye un periodo de cuatro años de abstinencia que muy posiblemente traía de cabeza a sus numerosos seguidores. Pero la autora francesa sigue al pie del cañón y, por lo que parece, en buena forma literaria.

Tiempos de hielo supone la enésima incursión en el particular mundo creativo de Fred Vargas y, de manera más específica, en el subuniverso que corresponde a Jean-Baptiste Adamsberg. Se trata de la undécima novela del ciclo de este peculiar comisario de policía. Como la práctica totalidad de la obra de la escritora, ha sido publicada en castellano por Siruela.

Aviso para los recién llegados: cada vez resulta más difícil seguir las andanzas de toda la tribu que conforma el escenario Adamsberg. Las relaciones entre los distintos personajes, construidas a lo largo de novelas anteriores, son de tal complejidad que un lector recién llegado tiene muy difícil comprender el porqué del determinado comportamiento de tal o cuál persona dado que la autora no puede ofrecer explicaciones adicionales so pena de alargar de manera insufrible la obra.

En Tiempos de hielo, junto al comisario Adamsberg aparece la pléyade habitual concentrada en torno a la comisaría de la brigada criminal, sección homicidios, del distrito 13 de París: el comandante Danglard, la teniente Retancourt, Veyrenc, Mordent, Noël, Estalère, Mercadet, Froissy y un larguísimo etcétera a los que se añaden el viejo Lucio y el joven Zerk (vecino e hijo del comisario respectivamente), entre otros muchos.

Tiempos de hielo narra dos historias que se entrecruzan de manera constante: por un lado un extraño y lúgubre suceso acaecido en una recóndita isla de Islandia una década atrás; y por otra parte la actividad que tiene lugar en el seno de una tan sorprendente como opaca entidad denominada Asociación de Estudio de los Escritos de Maximilien Robespierre. El nexo común que interconecta ambos escenarios es una considerable ristra de asesinatos, buena parte de ellos disfrazados de suicidios, vinculados entre sí por un extraño signo a caballo entre una runa nórdica y una guillotina toscamente dibujada.

Como resulta habitual (y cada vez más acusado) en la producción novelística de Fred Vargas nada es lo que parece. Lo sobrenatural y lo estrambótico superan ampliamente lo racional y lo metódico. Jabalíes en estrecha convivencia con seres humanos, criaturas fantasmagóricas que ejecutan sus designios de manera tan arcana como implacable, secretos familiares inconfesables, historiadores disfrazados, descendientes de verdugos y decapitados…

En Tiempos de hielo reaparece esa sensación que ya habíamos tenido en anteriores novelas de Adamsberg: resulta todo tan poco verosímil que más que ante una novela policiaca parece que estamos ante un libro de aventuras de los que leíamos poco antes de adentrarnos en la adolescencia (con esos inolvidables textos de Julio Verne o de Emilio Salgari a la cabeza). Los personajes de Fred Vargas se comportan más como una pandilla similar a las de Los Cinco o Los Siete Secretos de Enid Blyton (por expresarlo en términos fácilmente comprensibles para los cincuentópicos) que como un grupo de concienzudos investigadores de las fuerzas de seguridad de Francia.

Fred Vargas (1957) vuelve a confirmar que es una narradora con una imaginación desbordante, en muchas ocasiones por encima de sus recursos estilísticos aunque a la par con su erudición en el campo de la arqueología y la historia. El talento para fantasear de la autora funciona con mayor rapidez que su capacidad para plasmar este torrente de ideas en el espacio acotado que supone un libro. Según cada quien esta circunstancia entusiasma (a sus seguidores) o exaspera (a sus detractores) a partes iguales. Por eso esta autora difícilmente deja a nadie indiferente: o se la ama o se la detesta.

Visto lo visto parece que al comisario Adamsberg le queda cuerda para rato. Ahora sólo queda afrontar el síndrome de abstinencia que supone no volver a saber de él hasta que la autora alumbre otra novela y nos aclare nuevos puntos oscuros sobre las relaciones entre Adamsberg y Danglard, la deriva de Retacourt, el destino de Nöel o el regreso de algún personaje que en su momento desapareció sin dar ninguna clase de explicación. Mientras tanto quedémonos en la compañía de Tiempos de hielo y disfrutemos con los dimes y diretes de sus protagonistas.

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Fred Vargas. Tiempos de hielo. Siruela.

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David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.