La verbena de la Paloma forma parte de las entradas que en Cincuentopía queremos dedicar al mundo de la zarzuela. Sin duda se trata de una de las obras más conocidas de todo el repertorio zarzuelístico.

La verbena de la Paloma, cuyo significativo subtítulo es «El boticario y las chulapas y celos mal reprimidos» fue compuesta por Tomás Bretón con libreto de Ricardo de la Vega, Se trata de un sainete lírico en un solo acto que se divide en tres cuadros, cada uno de ellos con un decorado y escenificación diferentes.

Estrenada en 1894, La verbena de la Paloma narra las idas y venidas de un conjunto de personajes característicos de la ciudad de Madrid del último tercio del siglo XIX, entre los que destacan don Hilarión, don Sebastián, Julián, las chulapas Casta y Susana, la «señá Rita», el sereno, los guardias, el tabernero, la tía Antonia…

Desde el primer momento la zarzuela obtuvo un considerable éxito, en buena parte debido a la extraordinaria partitura compuesta por Tomás Bretón. Algunas de sus piezas se incorporaron con rapidez al acervo musical de los espectadores de la época. Como ejemplo, vemos la famosísima habanera «¿Dónde vas con mantón de Manila?».

La verbena de la Paloma ha sido puesta en escena en múltiples ocasiones. Grandes directores (incluyendo Ataúlfo Argenta, Enrique García Asensio o Antonio Ros Marbá) la han grabado bajo su batuta con intérpretes del calibre de Alfredo Kraus, Plácido Domingo, María Bayo o Ángela Chamorro, entre otros.

Para aquellos seguidores de Cincuentopía que deseen disfrutar con la totalidad de esta zarzuela, les ofrecemos este enlace con una versión de La verbena de la Paloma grabada en el teatro Calderón de Madrid en 1995.

Hasta el momento forman parte de esta serie dedicada a la zarzuela las siguientes entradas ya publicadas en Cincuentopía:
La tabernera del puerto
Doña Francisquita

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».