Desarrollar actividades en solitario puede ser más complicado de lo que en un principio pudiera considerarse, sobre todo en determinadas circunstancias y ámbitos. Hasta tal punto que debe valorarse si estamos aludiendo a una simple opción o a una mera obligación, una disyuntiva aplicable a cualquiera y más si cabe a quienes ya han atravesado la frontera de los cincuenta años.

Por distintas circunstancias hay cincuentópicos que no tienen pareja: han roto con ella, han enviudado, nunca la han tenido o no comparten determinados gustos comunes. En tales circunstancias viajar a solas, ir al cine o al teatro a solas, comer o cenar en un restaurante a solas son actividades que a algunas personas les pueden resultar incómodas.

Existen ejemplos de una variada índole en lo que atañe a realizar actividades en solitario: los hay a quienes no les importa pero es verdad que a otros les disuade; un fenómeno muy frecuente es el de parejas que no comparten gustos (es decir, la pareja existe pero cada uno funciona por su cuenta a la hora de esta clase de actividades); hay quien se apunta a un bombardeo pero también se producen casos en que a raíz de quedarse sin pareja se ha dejado de acudir a cualquier actividad de ocio que implique salir de casa.

Conviene subrayar que la cuarta parte de los hogares de España está formada por una sola persona. Las situaciones más habituales son la de hombres jóvenes o mujeres mayores. Por consiguiente hablamos de una realidad que puede afectar a mucha gente.

Y sin embargo cuando uno va a comprar al supermercado, muchos de los productos siguen viniendo en un pack indivisible, de dos, si es para una pareja, o de cuatro, si está pensado para una familia o para los amigos que comparten piso. Las personas viven solas, sí, pero la sociedad no siempre está acostumbrada a la soledad.

Durante estos últimos años se han hecho algunos estudios al respecto y la principal conclusión es que las personas tienden a realizar en grupos actividades que tienen que ver con el ocio y que hay cierta reticencia a hacerlas en solitario ante el temor a ser observado y juzgado por los demás. Un fenómeno relativamente reciente es el de utilizar el teléfono móvil como un auténtico escudo cuando se está en un espacio público a solas: bien comiendo bien esperando a alguien bien en el autobús o en el metro.

Por otro lado son también cada vez más las iniciativas que tratan de fomentar la interconexión entre personas solas con el fin de facilitarle la realización de esas actividades de ocio con otras personas en su misma situación. Surgen así los viajes, las salidas a determinadas exposiciones o conciertos, las quedadas para comer o cenar, etcétera. Una asociación como Cincuentopía sería un ejemplo de ello en esa faceta más lúdica.

Consejos prácticos para una mejor gestión de las actividades en solitario

Los especialistas en la materia plantean unas cuantas reflexiones al respecto que pueden ser reformuladas en forma de consejos prácticos para una mejor gestión de las actividades en solitario.

Primero. Dediquémonos más tiempo a nosotros mismos. Busquemos un espacio personal propio con el que disfrutar una vez al mes, por ejemplo

Segundo. Cualquier actividad puede ser enriquecedora para pasar tiempo con uno mismo, siempre que a uno le interese y le apetezca. La única compañía que ha estado, está y estará ahí siempre, es la de uno mismo.

Tercero. Aprendamos a disfrutar de la soledad, incluso aunque tengamos pareja. Es una tarea que todos debemos trabajar y conseguir. Eso sí, que la soledad sea un momento deseado en ciertos momentos, que es distinto a sentirse solo.

Cuarto. Hacer actividades en solitario puede ser una magnífica manera para conocer a nuevas personas.

Si te encuentras en esta situación o te interesa particularmente la cuestión, te recomendamos que escuches este podcast de «Qué hay de tu vida», el programa que se emite en Radio Cincuentopía de forma semanal. “Qué hay de tu vida” es un programa elaborado por el equipo de Viva Voz para Cincuentopía.

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».