El Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) de Vigo dedica una exposición al artista Álvaro de la Vega durante los días 22 de febrero al 2 de junio de 2019.

Con el título «El árbol de la vida» la muestra reúne un buen número de piezas escultóricas procedentes de la colección de Álvaro de la Vega que conforman la gran instalación, producida específicamente para este proyecto que da nombre a la exposición.

Álvaro de la Vega (1954) cursa estudios de Bellas Artes en Barcelona, siendo la pintura en esta fase formativa su medio de expresión habitual, con influencias de la fotografía, el cómic e incluso el graffiti. De nuevo en Galicia, comienza a explorar el lenguaje escultórico, tomando como punto de partida las figuras humana y animal. El uso de la pintura como medio para potenciar el valor expresivo de la escultura será característico de estas primeras obras en madera. Al mismo tiempo que se va consolidando su lenguaje escultórico, el artista experimenta con otros materiales, como el hierro, la cerámica o la piedra, materiales todos ellos vinculados a la natureza y a los oficios tradicionales. La interrelación espacio-obra-espectador constituirá el eje principal de su discurso artístico. Con presencia en importantes galerías e instituciones, su obra forma parte hoy de destacadas colecciones públicas y privadas.

La exposición del MARCO de Vigo se enmarca en el proyecto «Metrópolis. Perspectiva urbana del arte gallego» puesto en marcha por parte de esta institución. Entre sus objetivos figuran hacer un viaje al pasado, al Vigo de los años veinte, cuando se estrenó en la ciudad la película de Fritz Lang Metropolis y, al tiempo, ofrecer una visión del panorama artístico gallego actual.

Álvaro de la Vega concibe la presentación en el MARCO de Vigo, un montaje escultórico en el que el artista lleva trabajando una década, como una sola obra, una idea esencial materializada en una única pieza, compuesta por unos 375 individuos.

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».