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Antonio Dyaz publica Asesino Binario, un thriller lisérgico donde todo es posible para huir de la depresiva soledad de la era digital.

A grandes rasgos, la novela versa acerca de un vendedor calvo y gordo como un hipopótamo que abandona su triste trabajo en El Corte Inglés para sumergirse en los callejones de la Deep Web y convertirse en un infalible asesino a sueldo que amasa una millonada en bitcoins.

Se trata de la cuarta novela del polifacético creador Antonio Dyaz, quien aúna entre sus facetas las de cineasta, músico, escritor y… editor. Durante los meses de confinamiento, fundó el sello Harkonnen Books, una propuesta editorial tan sorprendente en el continente (sus libros son cuadrados) como en el contenido (no existe ninguna línea editorial tal y como se reconoce desde la propia compañía).

Inicialmente, surgió como una novela por entregas para la revista Yorokobu aunque la edición que ahora se presenta incorpora unas cuantas variaciones respecto a ese texto original. Nos encontramos ante una escritura sin complejos, divertida de una manera sui generis, que tal y como indica el propio autor «se asemejaría con un tebeo-porno-criminal para leer acodado a la barra de un gastrobar de Chueca apurando un chupito de Fairy».

El final de la novela cierra hasta el más absurdo de los círculos, en píxeles o átomos, de San Blas a Singapur, pasando por Turín y Benidorm: niños superdotados, volcados de personalidad, abominables asesinatos con beso negro, agentes de la NASA infiltrados en orgías de carnes XXL, ciber-mafias, Fernando Alonso… “¡Se lee en lo que dura un capítulo de Netflix!”, esgrime Antonio Dyaz, desafiante y cronómetro en mano. A pesar de si mismo, su inolvidable protagonista siempre
consigue lo que se propone en este viaje alucinante.

Se trata de la primera obra de Antonio Dyaz reseñada hasta la fecha en Cincuentopía.

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».