Ser aupair con cincuenta años puede resultar sorprendente pero ello en absoluto quiere decir que resulte imposible. Veamos algunos consejos y posibilidades al respecto.

En primer lugar conviene definir la figura del aupair, una palabra francesa que alude a la persona acogida temporalmente por una familia a cambio de un trabajo, como cuidar a los niños. Suele convivir con la familia receptora como un miembro más y recibe una pequeña remuneración así como comida y alojamiento en pago a sus servicios.

Habitualmente se identifica con una persona joven pero no tiene por qué ser así. Surge así la cuestión: ¿se puede ser aupair con cincuenta años o más?

La respuesta es que se trata de una posibilidad que no debemos descartar porque nos puede permitir conocer un país o aprender una lengua extranjera sin un coste económico, únicamente a partir de nuestro trabajo.

Consejos para convertirse en aupair con cincuenta años

Están empezando a surgir agencias especializadas en la materia, o al menos que cuentan con los cincuentópicos como potenciales usuarios de sus servicios.

De esta manera tenemos el caso de Granny Aupair, que ofrece a mujeres mayores de cincuenta años, emprendedoras y con vitalidad y experiencia, la oportunidad de vivir durante un tiempo en el extranjero prestando esta clase de servicios.

Otra posibilidad es Aupair cincuenta plus, con una filosofía muy similar. Es decir, interconecta familias con cincuentópicos que deseen viajar al extranjero. Y en esta misma línea está Sabática.

Conviene dejar bien claro que ser un aupair con cincuenta años no es ni una limpiadora ni una cuidadora de niños pequeños en exclusiva.

Los interesados en esta cuestión pueden acceder a información adicional a través de este podcast de «Qué hay de tu vida», el programa que se emite en Radio Cincuentopía de forma semanal. “Qué hay de tu vida” es un programa elaborado por el equipo de Viva Voz para Cincuentopía.

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».