El ballet El corsario de Adolphe Adam puede que no sea tan conocido como otras piezas de danza a las que hemos dedicado distintas entradas en Cincuentopía pero no por ello deja de ser interesante.

Sobre la figura de Adolphe Adam (1803-1856) ya escribimos hace años en el portal al referirnos a su obra Giselle. Se trata de un compositor sumamente prolífico, entre cuyas obras se encuentran cuarenta óperas y catorce ballets, además de cantatas, himnos, piezas para piano, marchas militares, obras teatrales, cánticos para coro y pantomimas.

El corsario de Adolphe Adam fue estrenado en la Ópera de París en 1856, con coreografía de Joseph Mazilier inspirada en el poema de Lord Byron (es cierto que décadas antes hubo otras aproximaciones, aunque han quedado en el olvido).

No obstante, en 1868 Marius Petipa y Jules Perriot realizaron una reposición, a la que añadieron el conocido pas de deux con música de Riccardo Drigo, que se ha consolidado como la coreografía por antonomasia. Aquí tenemos el famoso paso, en este caso con la formidable interpretación realizada por Margot Fonteyn y Rudolph Nureyev.

El corsario de Adolphe Adam está estructurado en tres actos. Narra las variopintas vicisitudes del pirata Conrad (junto a otros amigos y colegas de profesión) y su amada Medora (así como sus amigas y compañeras), que sufren toda clase de avatares antes de poder reunirse y recibir la felicidad.

Considerado un ballet sumamente técnico, El corsario ha sido interpretado por los grandes bailarines a escala internacional. Para aquellos seguidores de Cincuentopía que quieran disfrutar de toda su belleza les presentamos esta versión del American Ballet Theatre. Podemos garantizar que no les defraudará.

La serie sobre ballets de Cincuentopía está compuesta, hasta el momento, por las siguientes entradas:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».