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Eugene Onegin se incorpora al conjunto de piezas que forman parte de la serie que Cincuentopía dedica al ballet. Analicemos algunas de sus características más relevantes.

Como punto de partida se encuentra el de su autoría dado que en esta ocasión, a diferencia de otros ballets, fue creado a partir de una ópera, con música de Piotr Chaikovski, libreto de Konstantín Shilovski y Modest Chaikovski (hermano del compositor y un autor acaso eclipsado por el brillo de su pariente), basado en la novela homónima en verso de Aleksandr Pushkin.

Pero en realidad el ballet se generó gracias a la coreografía de John Cranko, quien hizo realidad la obra en 1965, de ahí la atribución final del mismo a dicho autor, con la activa colaboración de Kurt-Heinz Stolze que se encargó de adaptar la música original de Chaikovski.

A semejanza de la ópera, Eugene Onegin se estructura en tres actos y siete escenas. A grandes rasgos sigue el esquema dramático planteado por Pushkin en su novela: se refiere a un héroe egoísta (Onegin) que vive lo suficiente como para lamentar su displicente rechazo al amor de una joven (Tatiana) y su descuidada incitación a un duelo fatal con su mejor amigo (Lenski) hasta quedar solo en la vida.

La obra no obtuvo una buena acogida por parte de la crítica especializada y quizá ello provocó una fría recepción de público y que se haya representado en contadas ocasiones en comparación con otros ballets más populares. Sin embargo, conforme transcurren las décadas da la impresión de que Eugene Onegin se va revalorizando, advirtiéndose grandes aportaciones estilísticas que en un primer momento no fueron percibidas.

Compartimos con los seguidores de Cincuentopía el tráiler del ballet, una verdadera maravilla.

A los especialmente interesados en la obra, les dedicamos este vídeo donde se explica la preparación de la misma. Corresponde al Ballet Nacional del Sodre de Uruguay.

Hasta el momento la serie que Cincuentopía dedica a los ballets se compone de las siguientes entradas:

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».

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