La historia de Big Red One, la novela de Samuel Fuller, es bien curiosa: se basa en la experiencia personal del autor, combatiente durante la Segunda Guerra Mundial. En un primer momento fue un diario de guerra, a finales de los cincuenta adquirió la forma de guion de cine y en 1980, coincidiendo con el estreno de la película correspondiente a dicho guion, vio la luz también como libro. Tras otros 35 años de espera ahora llega al mercado de habla hispana.

Big Red One discurre entre finales de 1941 (tras el ataque japonés a Pearl Harbour) y mayo de 1945 (con la conclusión de la conflagración en el frente europeo después de la rendición de Alemania). La obra narra las andanzas de un sargento y cuatro soldados enrolados en la División Big Red One (la famosa Primera División de Infantería estadounidense): el nombre del sargento nunca es revelado al lector; los cuatro soldados son Griff, Johnson, Vinci y Zab (trasunto de Samuel Fuller con su sempiterno puro como objeto identificativo).

Samuel Fuller (1912-1997) es mejor conocido por su faceta de cineasta (director, guionista e incluso ocasionalmente actor) que por la de escritor. A lo largo de más de cinco décadas filmó alrededor de treinta películas, caracterizadas por la proliferación de elementos visuales muy rotundos, cuyo principal nexo es la consideración de la existencia como un campo de batalla donde se alternan emociones y sentimientos como el amor, el odio, la acción, la violencia y la muerte.

Tal y como han subrayado algunos seguidores de Cincuentopía son bastantes los textos que hemos reseñado que tienen que ver con algunos de las dos grandes conflictos bélicos del siglo XX. En ocasiones han sido escritos por historiadores, otras veces se deben a observadores de la trágica realidad, los hay que corresponden a supervivientes de campos de exterminio o a las víctimas e incluso nos encontramos ante alguna novela gráfica. Lo novedoso de este caso es que ha sido elaborado por un combatiente en la contienda.

Al comienzo de la novela se indica: “Ésta es una vida de ficción basada en muertes reales”. Samuel Fuller nos sitúa ante una realidad terrible: la guerra es un mero ejercicio de supervivencia, desprovista de cualquier connotación de épica o heroísmo, y la supervivencia se sustenta en gran medida en el factor suerte. Tan desalentador como suena. Vemos a los protagonistas luchar por su vida en medio de una tremenda tormenta en el desierto, desembarcar en la playa de Omaha al tiempo que cae sobre ellos una lluvia de proyectiles, esperar al enemigo rodeados por una densa niebla, avanzar penosamente a través de una llanura completamente congelada, ser enterrados vivos por el paso de los tanques…

Big Red One recoge centenares de muertes (no es ninguna exageración): hay víctimas militares y civiles; se producen por disparos de fusil, de mortero, de obús, de cañones, de tanques, por estrangulamiento, a cuchilladas, defenestrados…; muchas de ellas nos pillan por sorpresa, otras se veían venir desde lejos. Pero cada fallecido tiene su imprescindible cuota de protagonismo, no hay gratuidad alguna en las considerables dosis de violencia y crueldad que supuran las páginas de la obra.

Es de agradecer el esfuerzo de la editorial Edhasa para hacer llegar la novela al mercado castellano parlante 35 años después de su publicación en Estados Unidos. Con el mismo énfasis debemos criticar el escaso cuidado de la edición. A lo largo de las 500 palabras del libro hemos detectado muy numerosas erratas de toda índole y tipología: acentos perdidos o ubicados de manera incorrecta, errores tipográficos, faltas de ortografía puras y duras… incluso la fecha de nacimiento del autor. Y a todo esto debe añadirse una portada no muy afortunada (sin ser un especialista en la materia resulta evidente que el tanque que aparece es bastante posterior en el tiempo a la Segunda Guerra Mundial).

Como ya se indicó con anterioridad, el propio Samuel Fuller filmó en 1980 la película The Big Red One, con Lee Marvin interpretando de manera sublime al sargento sin nombre. El film sufrió también distintas vicisitudes, incluyendo la supresión de casi una hora de su metraje en el momento de su estreno oficial, lo que ocasionó un formidable enfado del cineasta; sólo tras su fallecimiento se pudieron recuperar buena parte de estas escenas suprimidas del montaje final.

Al margen de su faceta testimonial Big Red One posee un singular valor novelístico. Samuel Fuller demuestra su capacidad de recrear ambientes con pulso narrativo firme y su habilidad para introducir diálogos en los que se aúnan momentos trágicos con instantes hilarantes sin solución de continuidad. Es verdad que en ocasiones el texto resulta irregular y que tanto su comienzo como su final pueden parecer en exeso “novelescos” a tenor del drama que rodea el resto de la obra. Pero todo ello no es óbice para dejar pasar por alto la oportunidad de acercarse a una novela de la que algunos hablaban pero casi nadie había conseguido leer hasta la fecha.

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Samuel Fuller. Big Red One. Edhasa.

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David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.