CONTARDESTACADOS
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Carlos Kaiser, ¿el mayor estafador del fútbol mundial?

Hay quien dice que Carlos Kaiser es el mayor estafador del fútbol. ¿Es cierta esta afirmación? Pero, antes de nada, ¿quién fue Carlos Kaiser? En Cincuentopía nos aproximamos a su figura, obra y “milagros”.

Carlos Kaiser, cuyo nombre completo es Carlos Henrique Raposo, nació en 1963 en Brasil. Es cierto, por edad es un cincuentópico, de todo tiene que haber en nuestro más que famoso Club de Cincuentopía.

Cuando era niño se ganó el sobrenombre de ‘Kaiser’, por ser moreno, alto y espigado y tener una cierta semejanza en el físico con el entonces famoso futbolista Frank Beckenbauer. Se va perfilando así una historia donde nada es lo que parece, las mentiras siempre predominan sobre las verdades y se confunde la realidad con la ficción de manera sistemática.

Carlos Kaiser tenía un sueño: ser futbolista profesional; pero también tenía un problema: era muy malo jugando al balompié. Pero tal circunstancia no le detuvo en absoluto.

Antes de cumplir los veinte años el protagonista de nuestra historia comenzó a frecuentar los lugares que visitaban con asiduidad los jugadores de importantes equipos de fútbol de Río de Janeiro, fundamentalmente bares y pubs. Con su simpatía y labia (aspectos que nadie podrá negarle nunca) fue haciéndose íntimo de algunos de ellos (le invitaban a copas, le regalaban ropa, le presentaban a alguna que otra chica…).

Y así llega su gran salto: gracias a la opinión de algunos de estos profesionales es recomendado para fichar por el Botafogo, uno de los equipos más importantes de su ciudad. Lo había conseguido: a sus veinte años ya había firmado un contrato de trabajo (modesto, eso sí) con un equipo profesional. El gran problema es que en el momento en que tocara una pelota (algo que, por increíble que parezca nadie se había preocupado por verificar) se advertiría su nulidad como futbolista.

Pero Carlos Kaiser tenía la solución a este “problemilla”: cada vez que comenzaba a entrenar se lesionaba; a veces porque alegaba que un compañero le había hecho una entrada más fuerte de lo habitual, otras veces era un tirón muscular u otra dolencia cualquiera… En cuanto se reincorporaba al grupo, tras haber superado la pertinente lesión, recaía de nuevo (lo habitual es que fuese ese mismo día). Incluso, por si todo fallaba, tenía a un amigo dentista que le hacía un certificado médico acreditando su mal estado físico.

Por increíble que parezca su táctica funcionó. En el Botafogo más de un empleado contemplaba con lástima a aquel pobre chaval, de quien todo el mundo hablaba bien (su simpatía y su labia seguían siendo excelentes) y que se negaba a firmar un contrato largo alegando que estaba siempre lesionado y no se lo merecía.

Por supuesto la etapa de Carlos Kaiser en Botafogo concluye sin haber debutado. Pero de nuevo las amistades le permiten remontar la situación: firma por otro equipo importante de Río de Janeiro, el Flamengo. Y de nuevo vuelta a empezar: con su ristra de constantes lesiones y también con su capacidad para hacer amigos entre las plantillas donde se recaía (se dice que su habilidad para buscar seguidoras durante las concentraciones y presentarlas a sus compañeros resultaba inigualable). Es más, gracias a sus buenos oficios con los periodistas (a los que no dudaba en hacer regalos o pasarles determinadas informaciones) incluso tenía a los medios de comunicación a su favor.

Obvio es decir que en su nuevo equipo jamás llegó a debutar. Ya tiene 26 años y aunque parezca asombroso, ahora es fichado por un equipo de México, el Puebla, con el que ocurrió lo mismo de lo mismo. Se dice que en aquella época era una de las pocas personas que vivían en México que contaba con un teléfono móvil (en realidad era un modelo “de pega”) y que a través de él mantenía conversaciones (falsas, claro está) en las que simulaba que recibía ofertas del fútbol europeo.

Carlos Kaiser regresa a Brasil al ser fichado por el Bangu (el enésimo equipo de Río de Janeiro). Allí protagoniza una excelente anécdota: el entrenador le concentra para un partido sin hacer caso de sus lesiones, le mantiene en el banquillo como reserva pero se lesiona un compañero y decide sacarlo a jugar. Puesto entre la espada y la pared y ya despojado de su chándal, opta por insultar a un hincha rival que estaba en la grada y desencadena un incidente que termina con su expulsión ante de saltar al terreno de juego. Cuando el entrenador baja al vestuario dispuesto a echarle una bronca (y muy posiblemente rescindir su contrato) se encuentra con un jugador desolado, que llora a lágrima tendida y que confiesa que montó en cólera porque el hincha en cuestión mentó a su madre; el entrenador no sólo concluye su enfado sino que transige con su permanencia en el club.

Al poco tiempo salta al fútbol francés (lo ficha el Gazelec Ajaccio). Se cuenta un divertido suceso de su presentación: al ver el campo abarrotado de hinchas y lleno de balones, le dio un ataque de pánico al pensar que tenía que demostrar su capacidad técnica y decidió coger cada balón y lanzárselo al público mientras se besaba el escudo ante el creciente contento de una enfervorizada hinchada. No obstante, parece ser que en el club francés sí disputó algunos partidos, aunque en la mayor parte de ellos durante unos cuantos minutos y de manera por completo intrascendente.

En su última etapa como profesional del fútbol fue captado por el emergente «soccer» estadounidense. Allí siguió con su habitual modus operandi hasta dar por concluida su “carrera”.

En toda su larga trayectoria como jugador (estamos hablando de casi dos décadas) Carlos Kaiser no llegó a disputar más de veinte partidos, todos ellos amistosos y sin apenas tocar el balón. Desde luego jamás hizo un gol pese a que su posición en el campo era la de delantero.

Es posible que más de un seguidor de Cincuentopía se niegue a dar por cierta tan rocambolesca historia. El propio jugador ha indicado en algunos momentos que también jugó con determinados equipos que han negado en redondo la pertenencia a su plantilla (por ejemplo, el Independiente de Argentina con el que según su versión se habría proclamado campeón de la Copa Libertadores de América, sin haber jugado un solo minuto, eso sí). Para convencerlo (y de paso demostrar el refrán de “la realidad supera la ficción”)  le recomendamos este documental extraído del canal Orgulho de Ser Tricolor en YouTube.

[author] [author_image timthumb=’on’]https://cincuentopia.com/wp-content/uploads/2015/06/logo-google-.jpg[/author_image] [author_info]Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».

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