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Claudio de Lorena: sorpresa en el Museo del Prado

Claudio de Lorena: sorpresa en el Museo del Prado

Nuestros pasos por el Museo del Prado nos conducen hoy ante una sorpresa: el gran pintor Claudio de Lorena. La pinacoteca madrileña cuenta con un total de diez cuadros de este artista, buena parte de ellos repartidos por las salas dos y tres (cerradas al público en el momento de escribir estas líneas).

El asombro radica por el lugar donde nos encontramos ante cuatro de los cuadros de Claudio de Lorena: justo en el centro de la galería central del Museo del Prado (en términos numéricos, la sala 27), destinada tras la reforma de 2011 a albergar una considerable parte de su “artillería pesada” (aunque aludir a dicho término resulte particularmente delicado dada la magnitud de los fondos de que dispone).

[box type=»info»] Las cuatro imágenes de los cuadros que vamos a reproducir son propiedad exclusiva del Museo del Prado (Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado)[/box]

Situémonos, en efecto, al pie de la escalera que conecta el piso bajo con la planta primera, justo debajo de la luminaria de la poderosa cúpula del edificio proyectado por Juan de Villanueva. Desde luego las cuatro obras (dispuestas en dos parejas) no lo tienen nada fácil para destacar ante los visitantes. Justo enfrente de ellas se encuentra el celebérrimo cuadro que Tiziano hizo para Carlos V con motivo de la batalla de Mühlberg; separando las dos parejas se encuentra el arco de acceso a la sala 12, el sancta sanctorum del Museo del Prado, con una parte de los prodigiosos cuadros de Velázquez encabezados por Las Meninas; apenas a quince metros se hallan las colosales pinturas de Rubens y al fondo de la galería todavía espera La familia de Carlos IV de Goya.

Ya estamos delante de los cuatro cuadros de Claudio de Lorena (1600-1682), uno de los máximos exponentes del paisajismo del siglo XVII, rodeados por cuatro bustos romanos (uno de ellos atribuido a Lombardo, otro correspondiente a Bonamone y otros dos procedentes de talleres genéricos) que parecen haber sido colocados a modo de fieros cancerberos. Hasta sus marcos son más modestos que los de los cuadros de los artistas que los rodean.

De nacionalidad francesa aunque formado en Italia (de hecho permanecerá en Roma hasta su fallecimiento) Claudio de Lorena es un maestro en el tratamiento de la luz y en el análisis representativo de la naturaleza inanimada. Su magisterio se proyectó sobre la escuela francesa de los siglos XVII y XVIII y alcanzó su plenitud en el XIX, influyendo de manera palpable en artistas como Corot o Turner.

Claudio de Lorena: sorpresa en el Museo del Prado
Claudio de Lorena. El embarco de Santa Paula Romana. Propiedad exclusiva del Museo del Prado (Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado)

Nuestros ojos se posan en El embarco de Santa Paula Romana. ¡Qué capacidad para tamizar la luz del sol, qué delicadeza en el trazo de las personas situadas al pie de las escaleras que desembocan en el puerto de Ostia! Un ejemplo paradigmático del mejor Claudio de Lorena con el que comenzar esta gozosa visita. Y pensar que hubo quien puso peros a esta pintura…

Sobrecoge contemplar la grandeza de los edificios y el tamaño de las embarcaciones, símbolos de la magnitud de ese puerto que en su momento fue el centro del comercio mundial, apenas a 35 kilómetros de la capital, y del que hoy conocemos muy poco, más allá de saber que tenía capacidad para albergar ¡300 barcos! y de tener la certeza de que sus deshechas migajas jamás podrán volver al esplendor originario. Es increíble pero ni siquiera los actuales habitantes de la ciudad saben que bajo el suelo que hoy linda con el aeropuerto de Fiumicino se encuentran algunos restos del antiguo puerto (los que corresponden a la ampliación realizada por Trajano).

Creemos que merece la pena atender a las explicaciones que sobre el cuadro nos ofrece Juan L. Luna, Jefe del Departamento de Pintura del Siglo XVIII del Museo del Prado, a través de este vídeo que hemos extraído del propio canal que esta institución tiene en YouTube. Se observará que en ese momento la obra no se encontraba ubicada donde lo está hoy pero eso no implica que podamos deleitarnos con ella.

Claudio de Lorena: sorpresa en el Museo del Prado
Claudio de Lorena. Paisaje con el entierro de Santa Serapia. Propiedad exclusiva del Museo del Prado (Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado)

Justo a su lado se encuentra Paisaje con el entierro de Santa Serapia. De nuevo nos asombra el talento de Claudio de Lorena para reflejar en el lienzo la sutileza del contraste entre el mundo de los muertos y sus allegados y la vida cotidiana que prosigue su cauce bajo la naturaleza. El cuadro, cuya forzada verticalidad llama poderosamente la atención, juguetea con el perfil del monte Aventino, con el río Tíber y el Coliseo a sus espaldas. Es verdad que no se trata de una reconstrucción real (los elementos están invertidos) pero en cualquier caso resulta admirable la capacidad del pintor para recrear de manera tan minuciosa los objetos arquitectónicos y el cauce del río.

En ocasiones alguna persona mira una de estas maravillas; pero siempre de forma efímera, producto acaso de la confusión, del despiste, de pillarle de paso y no saber muy bien qué hacer o de la necesidad de recuperar fuerzas para continuar con la infatigable ruta del turista.

A nuestras espaldas se escuchan voces en todas las lenguas imaginables mientras que nos llega el penetrante olor de los tubos de óleo dispuestos sobre la paleta de un artista que trata de recrear en la sala contigua uno de los retratos de Velázquez (quizá llegue a ser el del conde duque de Olivares aunque de momento no  pasa de ser un proyecto de color).

Claudio de Lorena: sorpresa en el Museo del Prado
Claudio de Lorena. Paisaje con Moisés salvado de las aguas del Nilo. Propiedad exclusiva del Museo del Prado (Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado)

Casi sin solución de continuidad nos situamos ante Paisaje con Moisés salvado de las aguas del Nilo. Resulta difícil discernir qué nos causa más entusiasmo: quizá la perfección de la compleja composición que integra sin fisuras las figuras humanas con los elementos arquitectónicos y de naturaleza; puede que el cuidado y delicado trazo de las mujeres que rodean al futuro liberador del pueblo hebreo; o acaso ese cielo apenas manchado por un sol débil oculto bajo el manto de nubes de aspecto algodonoso.

Lo que resulta indudable es que nos encontramos ante una manera de pintar muy distinta a la que tenían los contemporáneos de la época, que parece acercarse bastante a la de la pintura al natural de siglos posteriores. ¿Qué pensarían los escasos (y privilegiados) personajes que vieron por vez primera estas pinturas? Por unos momentos deseamos ponernos en su piel y en sus mentes: ¿sentirían desconcierto o perplejidad ante una manera tan distinta de interpretar y representar lo pintado o, por el contrario, considerarían que ya era hora de que alguien recogiera los paisajes tal y como ellos también los veían? Nunca lo sabremos pero por divagar que no quede.

Claudio de Lorena: sorpresa en el Museo del Prado
Claudio de Lorena. Paisaje con Tobías y el arcángel Rafael. Propiedad exclusiva del Museo del Prado (Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado)

Lo citamos en último lugar pero sin que ello vaya en detrimento de su valor: Paisaje con Tobías y el arcángel Rafael. El rótulo explicativo del Museo del Prado nos indica que, como el anterior, este cuadro fue pintado en Roma por Claudio de Lorena por encargo de Felipe IV para el Palacio del Buen Retiro. ¡Qué buen ojo el del rey, sin duda alguna! Se lo agradecemos a él y a quien se lo aconsejó.

Mas tratamos de que nuestras elucubraciones no nos impidan disfrutar del formidable tratamiento de la luz y del excepcional dibujo de los árboles, plantas y matojos que rodean las figuras centrales. Quedamos arrobados ante la combinación de azules y rojizos, ¿cómo habrá sido capaz el artista de alcanzar tal grado de maestría?

Aprovechamos lo modesto del recorrido y la escasez de personas que se paran ante las obras para observarlas una y otra vez; vamos de una hacia otra y viceversa, avanzamos y retrocedemos, nos movemos hacia la izquierda y hacia la derecha; y así hasta causar cierta alarma en uno de los vigilantes del museo, es posible que un tanto escamado ante lo prolongado de la observación.

Damos fin a nuestra visita. Parece mentira que la sola contemplación de cuatro cuadros haya podido transformar así nuestro estado de ánimo: hemos llegado alterados por el trasiego del tráfico, por las prisas del día a día; y salimos de este rincón con una agradable sensación de sosiego y bienestar. Vaya desde aquí nuestra recomendación a todos los seguidores de Cincuentopía: cuando acudan al Museo del Prado hay que ver esas cuatro pinturas de Claudio de Lorena.

[author] [author_image timthumb=’on’]https://cincuentopia.com/wp-content/uploads/2015/06/logo-google-.jpg[/author_image] [author_info]Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce». [/author_info] [/author]

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