Son muchos los efectos colaterales del coronavirus. Sin duda uno de ellos es el aumento de una actividad como cocinar en casa, como consecuencia directa de la situación de confinamiento decretada en numerosos países.

Desde Cincuentopía propugnamos, tiempo atrás, la necesidad de cocinar en casa. Y lo hicimos en forma de recetas de una variada índole, presentadas a los seguidores gracias a la colaboración y participación de distintas empresas y entidades.

Pero también hemos potenciado esta faceta con la redacción de diferentes entradas que trataban de combinar lo didáctico con lo curioso. Destaquemos aquí algunas de ellas.

La primera tiene que ver con un plato como es el potaje de vigilia, particularmente presente en los viernes correspondientes al periodo de cuaresma (debido a la prohibición religiosa de comer carne en este período). El periodista e historiador Mark Kurlansky, que ha escrito libros sobre la sal y el bacalao entre otros alimentos, sitúa en el siglo IX el comienzo de su popularidad en España gracias a las incursiones de los balleneros vascos en el Atlántico Norte. Aunque la primera constancia escrita que hay de ello es un tratado de 1354 en el que los Reyes de Inglaterra y Escocia autorizan a los pescadores de Vizcaya a pescar en sus costas.

También tiene connotaciones temporales todo el universo que atañe a la torrija, a la que en su momento dedicamos una breve historia, si bien hoy en día se disfrutar con ellas a lo largo de todo el año. Sus orígenes se remontan a los romanos. En el libro De Re coqinaria, del que es supuesto autor, Marco Agivio Aparicio, un gastrónomo romano del siglo I d. C., ya se aludía a ellas en los términos más elogiosos.

Y un último apunte que refuerza esta idea de cocinar en casa tiene que ver con el alioli, un condimento extendido por una notable cantidad de países. Su ingrediente principal es… ¡la paciencia!, además de un mortero, ajos, aceite y un poco de sal.

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».