Los concursos de música clásica, la Gran Kermesse. Después de los duelos de solistas llegó la verdadera competición, los concursos. La antigua manera de dirimir las diferencias artísticas y derrotar al contrario fue sustituida en el siglo XX por la Gran Kermesse de los concursos.

Concursos nacionales, regionales, internacionales, de instrumentos, de coros, de directores de orquesta, de música de cámara, de… en fin, de todo. Continúan en el XXI y son el escaparate del talento en la música clásica. Con su título haciendo referencia a una ciudad o a un artista. El Chopin de Varsovia, el Chaikovsky de Moscú o el Toscanini de Parma en la Emilia-Romagna, el Van Cliburn, el Beethoven de Viena, el Francisco Tárrega, el Viñas en Barcelona, el Paloma O’Shea de Santander, el otro, el otro y el otro.

Ganadores del Concurso Paloma O’Shea de Santander (2018)

Cada vez que un aficionado lee la biografía de un solista en un programa de mano no puede reprimir la curiosidad de ver cuántos y cuáles son los concursos que ha ganado el protagonista de la velada. Da categoría, sube el caché, dependiendo también de con qué artista consagrado se ha estudiado, dónde y por cuánto tiempo. De esta forma podemos extraer las estadísticas en la Liga de la Música Clásica.

Van Cliburn y Jrushev en 1958 año en que obtuvo el Premio Chaikovsky

And the winner is…

Entre las estrellas de la música clásica, casi todos tienen en sus vitrinas una medalla con la mención de uno de estos concursos. Me atrevería a decir que si no estás en los anales de alguno de ellos no mereces la fama, no estás consagrado. ¡Y claro que no! Como en el deporte, luce más una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos que una plusmarca europea.

Desde luego que en la música clásica no hay plusmarcas de las que presumir o escalafones que escalar. No es fácil imaginar a la Argerich ganando el Premio Chopin, o a Perlman ganando la Leventritt Competition. Concurso que por cierto también ganó Van Cliburn antes de obtener el Chaikovsky en Moscú, con permiso de Jrushev y que luego exportaría a EEUU para crear su propio concurso de piano, el prestigioso Van Cliburn, “el pianista que ganó la Guerra Fría”. Todos los artistas consagrados han ganado uno de esos grandes happening que tienen lugar cada cierto tiempo en alguna ciudad del mundo.

Finalistas del Concurso Van Cliburn 2009

Detrás del escenario

La mecánica de un concurso es algo similar a una selección de personal, con pruebas eliminatorias cada vez más exigentes, según van pasando ‘rondas’ los concursantes, hasta llegar a un brillante acto final en el que ‘se la juegan’ los cuatro, cinco o seis finalistas, dependiendo del formato.

Existe un interesante documental sobre el concurso Van Cliburn de 2009 que nos cuenta cómo van pasando fases los candidatos y cómo llegan exhaustos a una final con orquesta donde tienen que dar lo mejor de sí mismos. Aquel año fue el del empate entre el pianista invidente japonés Nobuyuki Tsujii, asombrosa y meritoria historia, y el chino Haochen Zhang.

Pero si se quiere indagar en la intrahistoria de un concurso de piano en un estilo más Hollywood, no se puede prescindir de la película “The Contest” (1980) con Richard Dreyfuss en el papel de uno de los jóvenes que llega a la final. Humilde estudiante con dotes extraordinarias, que concursa para dar una salida a su vida, pero que comete el imperdonable error de enamorarse de otra concursante (Amy Irving), finalista también, cuestión prohibida expresamente en las bases del evento. Un curioso recurso dramático o giro de guion que poco tiene que ver con la realidad.

Jurado del Concurso Beethoven de Viena (2017)

United Kingdom Five Points – Royaume-Uni cinq points

Siempre me he fijado más en los concursos y concursistas de piano, ¡malhaya el amor por el instrumento!, pero los hay de todas las categorías. El mencionado Beethoven, que como los Juegos Olímpicos se celebra cada cuatro años, o el famoso Liszt de Utrecht son mis preferidos y los sigo hasta ahora en todas sus ediciones.

Son concursos monotemáticos y los candidatos deben optar por obras del mismo autor, ordenadas previamente por la organización en periodos diversos de la producción de los compositores. Así, por poner un ejemplo, para la final con orquesta del Beethoven cada candidato debe seleccionar dos de los cinco conciertos agrupando los tres primeros frente a los dos últimos -4º y 5º-. La mayoría eligen el 1º y el 4º y pocos se la juegan con el Emperador, como en la película de Dreyfuss.

Van Cliburn en el Concurso Chaikovsky

De los de canto ya hemos hablado en otro momento, con el importantísimo premio Operalia que promociona Plácido Domingo y cuya supervivencia depende en estos momentos de numerosos factores que tienen que ver no sólo con la denostada personalidad de uno de los mejores tenores entre los que han existido. El mismo tenor tiene un premio con su nombre dentro del Concurso Internacional Viñas, que tampoco sabemos si sobrevivirá.

Los de violin, como el Fritz Kreisler, o el Sarasate, u otros hermanos de cuerda, son también especialmente famosos. Fuera de las categorías de instrumentos están los de Música de Cámara o los de Dirección de Orquesta, en el recuerdo el Mitropoulus. Para mí lo fue el Arturo Toscanini, en Parma, como la Cartuja de Stendhal, con la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino.

Cartel del Concurso Toscanini

Los jurados, por su parte, tienen un trabajo descomunal, una gran responsabilidad. Como siempre en estos casos no es ni transparente ni justa. Las nuevas tecnologías han facilitado mucho la labor, ya que previamente cada concursante ha enviado un vídeo (antes una cinta cassette, y antes de eso ni siquiera eso) con una muestra de sus dotes artísticas.

Como ejemplo valga decir que no sería la primera vez que un jurado se pilla los dedos, poniendo una gran calificación a un primer concursante, de forma que ya se hace difícil juzgar al resto que venían con mucha más fuerza que aquel primer candidato. De ahí que se opte, otra vez el símil deportivo, por puntuar eliminando la mejor y la peor nota en cada votación a fin de evitar amores y odios personales.

Million Dollar Baby

Por encima de cualquier premio monetario, el ganar un concurso internacional, además de suponer un honor para cualquier artista, conlleva firmar contratos con giras de conciertos, dependiendo del lugar y el renombre de la institución que lo avala.

Volviendo al ejemplo del Beethoven además de los 10.000€ para el ganador, se puede llevar a su casa, si le cabe, un piano de cola Bössendorfer 200, valorado en más de 90.000€ y una gira inernacional de conciertos que llevará al ganador por toda Europa. Sin duda la casa fabricante de pianos patrocinadora, austriaca y con sede en el mismo edificio de la Sala de la Musikverein, la misma donde se celebra el famoso Concierto de Año Nuevo vienés, aporta también su grano de arena al concurso.

Piano Bösendorfer en la Sala de Cámara de la Musikverein de Viena, la Brahms-Saal

Por ultimo dos breves reseñas. Existe una Federación Internacional de Concursos Internacionales de Música clásica, en Suiza, neutralidad obliga. En su ideario: contribuir a la promoción de la música en el mundo, representando a los concursos internacionales y ayudándoles a promocionar a los jóvenes valores de la música. A la hora de escribir estas líneas, no sabemos cuántos sobrevivirán.

Por otra parte, también existe una publicación dedicada a dar información especializada de los concursos de piano The World of Piano Competitons, dejamos aquí un número en abierto en internet que, aunque de 2019, nos da una idea de las dimensiones de este sector. Todavía no se atisbaba en el horizonte la crisis pandémica, pero siguen sacando números.

Nota para cincuentópicos

Para todos aquellos que siendo cincuentópicos todavía tenéis ganas de medir vuestras fuerzas existen concursos de música clásica específicamente para amateurs. Promete ser interesante, aunque en algunos hay mucho nivel. Por ejemplo en el Internacional Van Cliburn hay categoría Amateur Competition en la que concursan muchos cincuentópicos. Europa tiene también su cuota de concursos para pianistas mayores no profesionales. Aunque Paris es el más conocido, personalmente me parece más amateur el de Milán, dedicado exclusivamente a pianistas mayores de edad, innamorati del pianoforte, Concorso Internazionale per Pianisti non professionisti over 40. Animaos, que está abierta la inscripción para el año 2021, nos vemos en Milán.

Otros artículos de Santiago Martínez Arias publicados en Cincuentopía:

Santiago Martínez Arias

El sobrenombre define bien a Santiago Martínez Arias. Como cualquier personaje de extraña biografía profesional es difícil seguir su pista vital. Tiene altos estudios musicales internacionales y ello se evidencia rápidamente en su conversación. Inevitablemente también se comprueba que es experto en seguridad y defensa y doctor en relaciones internacionales, jefe de prensa editorial, profesor universitario, además de tener un pasado, lejano ya, como corresponsal de ‘El Independiente’ en Europa oriental. Más parece que sea un agente, y aunque su pasado pianístico fuera glorioso, sólo quedan los restos del naufragio. Ha representado a Stingray CLASSICA.