Convencer a los padres de que necesitan ayuda puede ser todo un reto, sobre todo para los cincuentópicos. La exigencia es de tal magnitud que en ocasiones llega a ser agotadora.

Se trata de una cuestión que resulta delicada y que es imprescindible abordar con tacto; en caso contrario, ahí es nada, el hijo cincuentópico que le dice al padre o a la madre de ochenta años para arriba cómo tiene que organizar su vida: la polémica está servida.

Conviene aclarar que no se trata de organizar la vida de nadie, que no estamos hablando de casos en los que por desgracia nuestros padres han perdido la cabeza o afrontan una grave enfermedad de carácter invalidante.

Para centrar mejor la cuestión vamos a poner algunos ejemplos: convencerles de que alguien vaya a su casa a limpiar la vivienda, que no van a ser menos por eso; sugerirles que no acarreen la compra con el carro y vayan cargados como burros sino que soliciten el envío a domicilio de las compras que realizan: o mencionarles que dejen de subirse a esa escalera de mano tan alta e inestable para cambiar una bombilla del descansillo.

Consejos para convencer a los padres de que necesitan ayuda

Es verdad que cada familia es un mundo y que cada relación entre padres e hijos también es por completo diferente según los casos. Tal circunstancia dificulta sobremanera proporcionar algún consejo práctico acerca de convencer a los padres de que necesitan ayuda.

Quizá el principal consejo sería tratar de no hacer un drama con la cuestión, sentarse juntos y hablarlo con tranquilidad. En principio es algo fácil de decir aunque la experiencia nos dice que resulta bastante más difícil de llevar a la práctica.

Es posible que ahora mismo te encuentres en esta situación o quizá prevés que pueda suceder en el futuro más próximo. En ese caso te recomendamos que escuches este podcast de «Qué hay de tu vida», el programa que se emite en Radio Cincuentopía de forma semanal. “Qué hay de tu vida” es un programa elaborado por el equipo de Viva Voz para Cincuentopía.

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«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».