El análisis de la dirección de orquesta durante la década de los ochenta del pasado siglo XX me trae viejos recuerdos.

En el otoño del 86, como cada 20 de septiembre, volví a salir con destino al extranjero, seguía empeñado en la dirección de orquesta. Todo quedó en un paseo de ida y vuelta hasta la estación de Chamartín con la pérdida del valor del billete. La duda me corroía, había finalizado mis estudios universitarios y tenía que ponerme ya a producir. No podía seguir dependiendo de trabajos esporádicos y eventuales, artísticos generalmente.

Igor Markevith mientras dirige la Orquesta de RTVE

Un largo itinerario en la dirección de orquesta

Para llegar a estudiar dirección en el Conservatorio de Madrid, según el Plan del 66, había que cursar: 5 años de Solfeo; 4 de Armonía; 3 de Contrapunto y Fuga; 1 año de Composición; y ya por fin se podía acceder a 1º de Dirección de Orquesta, que impartía Enrique García Asensio. A lo anterior hay que añadir asignaturas de Historia del Arte y la Música, Conjunto Coral, Instrumento, Acústica, Acompañamiento y otras muchas entre las que se recomendaba también cursar otro instrumento además del principal. Si se empezaba a estudiar Solfeo coincidiendo con la etapa escolar, se podía llegar a esos estudios, más o menos, a mitad de la carrera universitaria.

En mi caso yo tenía el calendario un poco desplazado ya que me situé en la línea de salida tarde. Es decir, empecé mi primer año de Solfeo cuando ya tenía más de diez años, de forma que a los veintipocos todavía no había tenido oportunidad de cursar en Madrid la dirección de orquesta. Como complemento a esa carrera estuve matriculado, además de las asignaturas antedichas, más por gusto que por obligación, en un año de Percusión, un año de Trompeta, y también Clavecín, una año muy interesante con Genoveva Gálvez, a quien podemos ver en este vídeo.

Genoveva Gálvez durante un recital de clavecín

Algo de contexto: curso 1986-1987

Debido a aquel desplazamiento del calendario me encontré en el dilema: cuarenta horas, o más, a la semana y un sueldo normal; o artista y vaya usted a saber… El entorno estaba un poco revuelto también: en el año 86, en verano, tuvimos domingo electoral y a pesar de que las críticas le llovían a cántaros a Felipe González –había conseguido ganar el referéndum de la OTAN-, el PSOE se alzó de nuevo con una mayoría absoluta para gobernar otros 4 años.

Decidí entonces esperar para trabajar de forma fija e intentar antes el camino del artista. Aun así tuve que buscar alguna fuente de financiación para poder dar el salto al extranjero. Fue un año con trabajos esporádicos del artisteo aquí y allá. Entre actuación y actuación, con un coro, en un acompañamiento de cantantes, bodas, hoteles, etc, tuve oportunidad de colaborar con el recientemente creado Conservatorio Profesional de Amaniel, para la creación de una revista de música del propio centro (cero pesetas).

El encargo no pasó del proyecto gráfico y periodístico y un par de reuniones con colaboradores propuestos, entre los que había contado con algunas firmas interesantes del panorama especializado del momento, y algún que otro docente con buenas ideas sobre la estructura de la enseñanza musical, Mercedes Lecea, a la sazón pianista y subdirectora del centro.

García Asensio y Celibidache

Los maestros Sergiu Celibidache y García Asensio

Aunque ya no estaba matriculado, seguía frecuentando los mentideros del Conservatorio. Así, una mañana de aquellas en que me encontraba por la plaza de Ópera vi al maestro Enrique García Asensio atravesando aquel foro portando dos grandes paquetes de papeles encordados a modo de asas. Parecían las particellas de alguna sinfonía romántica, por su volumen. Encuentro providencial aquel, como también lo fue mi atrevimiento al dirigirme a él directamente, de forma improvisada.

Sabiendo que era él quien impartía la clase de dirección de orquesta le pregunté si podría asistir en modo oyente. Tuve que inventarme una excusa de forma que dije que había estudiado en Inglaterra y que tenía mucho interés en conocer su método y sus ideas respecto a la dirección, de forma que su ego no tuvo escapatoria y me aceptó como alumno.

La opinión general de García Asensio como director nunca fue excesivamente buena. La cercanía del personaje hizo que perdiera crédito frente a mi adolescente admiración de los grandes y lejanos maestros como Solti, Giulinni, Bernstein o Maazel. El personaje tampoco era de una simpatía excesiva. Pero era uno de los protagonistas de aquellos 80s.

Fue la época de García Asensio y Odón Alonso como directores de la RTVE y después llegaron al escenario del Real Miguel Ángel Gómez Martínez, joven director formado en la Hochschule de Viena mientras que en la Nacional estaba Jesús López Cobos, formado también en Viena, pero esta vez en el Konservatorium (donde finalmente acabaría). Ese era mi camino, decidí, pero no estaría mal saber qué se cocía en Madrid.

Garcia Asensio dirigiendo la Orquesta RTVE

En realidad pensábamos que aquella enseñanza era un desperdicio de tiempo y que teníamos que salir pitando al extranjero si queríamos aprender algo. Ese era precisamente mi error, primero tenía que absorber todo lo que me pudiera dar Madrid y luego intentar buscar la excelencia fuera. Aunque la perspectiva hoy es distinta y aquello ya no parece tan malo. Sin embargo, una prueba de que no debía de ser muy bueno es que no se le prestaba la debida atención: no existe una mierda de imagen en internet que refleje ese momento, ¿qué más prueba quieres?

Un director televisivo

García Asensio era conocido popularmente, además, por su participación en El Mundo de la Música, programa de TVE dedicado a enseñar a los más jóvenes la música clásica. No era una televisión brillante y a un adolescente que escuchaba a Karajan, Böhm y Neville Marriner, García Asensio le parecía asunto menor. Sin embargo, con la perspectiva del tiempo y la madurez creo poder decir que aquel mundo musical fue una iniciativa loable. Todo el mundo cincuentópico lo recuerda seguramente, ya que el programa se emitía en la única televisión y el único canal posible.

El director regalaba batutas a los niños y al final del programa alguno que otro subía al podium y se colocaba al frente de la orquesta. Incluso se organizó un concurso de instrumentistas con mucha más categoría y dignidad que los actuales productos del tipo Prodigios (tan sólo el nombre echa para atrás) o el desaparecido Clásicos y Reverentes.

Garcia Asensio en Televisión Española

Las clases de dirección en el Conservatorio de Madrid

Hecha la gestión y urdida la trama me presenté en la clase de dirección, como oyente. García Asensio transmitía todo su conocimiento de la técnica aprendida del mismísimo Sergiu Celibidache, quien fuera su maestro. Las clases resultaron increíbles, en sentido literal. Rápidamente se generó un buen ambiente entre los compañeros, algunos de los cuales se preguntaban cómo había llegado yo allí sin pasar por la clase de Composición. El gran grandísimo maestro era inefable, más difuso que sutil, y sus explicaciones a veces demasiado coloquiales resultaban difícilmente académicas. Pero tenían fundamento y cierto sentido lógico.

Las clases en el primer curso se dividían en teóricas, en las que recogíamos apuntes paso a paso sobre la teoría de la “fenomenología” de la dirección de orquesta según Celibidache, otras prácticas con piano, con el adorable maestro auxiliar, personaje que era a la sazón director de la Banda Municipal, y una vez al mes, aproximadamente, las clases con orquesta.

Teoría y fenomenología musical

La carrera del maestro era meritoria, sin duda, el problema es que él mismo lo contaba bastante mal, perdiéndose sobre todo en las formas. Buen violinista valenciano, hermano de un violinista excepcional, José Luis. Accedió por casualidad a la dirección, un concertino que sustituye al maestro titular, y obtuvo uno de los galardones más importantes de su época, el Mitropoulus. Ello le llevo a codearse con la flor y nata de la dirección de los años sesenta en adelante y convertirse en pupilo de referencia del maestro Celibidache.

García Asensio transmitía, aprendidas de primera mano, las enseñanzas del maestro rumano, famoso por su rechazo de la música grabada. Al contrario que a Gould, al que le parecía el culmen de la música, a Celibidache le parecía la antimúsica, la ruptura del “arco fenomenológico”. Es decir, su reacción no era contra la grabación de cualquier pieza, sino contra la edición de una grabación con el recorta y pega de fragmentos diversos.

Celibidache y la Fenomenología Musical

García Asensio fue uno de sus más fieles servidores y, además, el primer catedrático de Dirección de Orquesta en España. Los directores se tenían que formar en el extranjero y, de hecho, si asistías a sus clases continuabas teniendo esa sensación. En España, quitando a Argenta, de agitada y breve biografía recientemente publicada, eran pocos los directores ’de renombre’ que tuvieran una carrera internacional.

En la RTVE después de su impulsor Markévitch, llegaron García Asensio, Odón Alonso y en el coro Alberto Blancafort. En la Nacional ejercía una gran labor Frühbeck de Burgos o la saga de los Halffter. Aunque hay una generación formada en parte en España, que también era protagonista entre los que no quiero dejar de citar a Ros Marbá, por su extrema calidad, porque también fue titular de la RTVE y como ejemplo de otros muchos directores de aquella época.

El ‘úa-úa-úa-úa’

El movimiento de la batuta

La parte más, dejémoslo en absurda, de las clases de García Asensio era el ‘úa-úa-úa-úa’, una forma de onomatopeya que utilizaba para enseñar un muy preciso movimiento de brazos para dirigir. También heredera de la técnica celibidachiana, según el maestro. En el caso de sus clases era exageradamente insistente en los ejercicios del úa-úa. Nos sentíamos bastante ridículos invirtiendo horas y horas de clases en ejercitar ese movimiento. Útil aprendizaje, pero no era necesario insistir tanto.

Entre los compañeros, en aquella clase de primero estaban Fernando Palacios, Carlos Galán, Polo Vallejo o yo mismo, entre otros. Pero en aquel grupo figuraba también un músico uruguayo, Eduardo, que viniendo de allende los mares no acertaba entender en qué galaxia había aterrizado con aquello del ‘úa-úa’. Se trataba de conseguir la perfección casi olímpica de un movimiento de brazos desde el hombro hasta la muñeca y la práctica constante era el único camino de perfección propuesto.

Clase con orquesta: regreso de Bach a Turina

Para la realización de las clases prácticas, aproximadamente una vez al mes, el maestro traía a un grupo de músicos de la orquesta de la RTVE. Otro gran mérito. Era una forma rápida de resolver el problema y gestionar la asignatura. No eran tiempos sencillos para la gestión docente de las enseñanzas artísticas y buscar profesores o alumnos para formar una orquesta era imposible.

Por mi parte hubo una temporada aquel año 86 en que, consciente de la necesidad indudable de mejorar el panorama de la clásica en España, intenté crear mi propia orquesta, Orquesta Autónoma de Madrid, privada claro. Igual que cualquier proyecto privado de este tipo en aquella etapa estuvo condenado al fracaso desde su inicio. Tampoco contaba con grandes medios o sponsors, ni pequeños.

Volviendo a la clase de dirección, el maestro tampoco conseguía demasiados profesores de orquesta para la clase, a pesar de que cobraban un extra por hacerlo, pero imagino que para más de uno significaba sacrificar una tarde que podía aprovecharse en otra actividad.

La historia del soldado, Igor Stravinsky

De esta forma García Asensio conseguía una plantilla reducida para la clase, con dos violines primeros, un segundo, una viola, un cello y a veces un contrabajo y con suerte una pequeña sección de vientos con flauta, clarinete, oboe y fagot. Más suerte todavía si conseguía algo de metales. Un percusionista añadido, que tocaba unos timbales antiquísimos y, sobre todo, la Sala Auditorio del Conservatorio. Nada que ver con la actualidad.

Parecían superadas las miserias de la posguerra, pero en los años ochenta tampoco se invertía mucho en la enseñanza de la música clásica en España. Se estaba más a la tristemente famosa Movida. El repertorio iba desde la Pequeña Serenata Nocturna de Mozart hasta la Simple Symphony de Britten, pasando por la 4ª Sinfonía de Beethoven. La obra estrella era sin embargo la Historia del Soldado de Stravinsky, para la que no era necesaria una gran plantilla sino un septeto de músicos con violín, contrabajo, clarinete, fagot, trompeta/corneta, trombón y percusión. La otra obra paradigmática de esta clase, y de la trayectoria del maestro, era La oración del torero de Joaquín Turina.

Enseñanza intensa

Fue un año emocionante e intenso. García Asensio sigue siendo un personaje curiosísimo que sigue dando lecciones por internet de dirección de orquesta y de lo que se proponga. No se puede decir que fuera un mal director, pero su problema es que no transmitía bien. Se puede contemplar en numerosísimas grabaciones ahora en internet, o en el propio archivo de RTVE (que por cierto, esperemos que alguien lo ponga algún día a disposición de los aficionados, que lo tienen guardadito y no lo comparten, los de la televisión PÚ-BLI-CA).

Su valor es indudable, a pesar de que sigue siendo un comunicador un tanto encorsetado, pero sin duda era uno de los pilares de la música clásica en la memoria de los cincuetópicos.

Un llamamiento final: si algún cincuentópico tiene alguna imagen del Conservatorio en los 80, de sus aulas o de sus profesores, por favor que la comparta. Yo no he encontrado nada de nada.

Para los aficionados a la música clásica, aquí va la relación de artículos publicados hasta la fecha por Santiago Martínez Arias en Cincuentopía:

Santiago Martínez Arias

El sobrenombre define bien a Santiago Martínez Arias. Como cualquier personaje de extraña biografía profesional es difícil seguir su pista vital. Tiene altos estudios musicales internacionales y ello se evidencia rápidamente en su conversación. Inevitablemente también se comprueba que es experto en seguridad y defensa y doctor en relaciones internacionales, jefe de prensa editorial, profesor universitario, además de tener un pasado, lejano ya, como corresponsal de ‘El Independiente’ en Europa oriental. Más parece que sea un agente, y aunque su pasado pianístico fuera glorioso, sólo quedan los restos del naufragio. Ha representado a Stingray CLASSICA.