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Duelos. En la vida de los solistas de reconocido prestigio, las estrellas de la música, hay una incógnita que nunca logra despejarse ¿quién es el mejor del mundo? Esto que en cualquier deporte tiene una solución sencilla, si bien temporal, con un campeonato mundial o unos juegos olímpicos, en la música clásica no existe.

No hablamos de Festival de Eurovisión, de Benidorm, de San Remo, de la OTI o cualquier sucedáneo, aunque estas reuniones internacionales sirvieran para clasificar a los cantantes, las canciones u otros elementos del atrezzo. En la clásica no hay foros de competición salvo los Concursos, ya aludiremos otro día a mis preferidos.

Más que auténticos campeonatos los concursos son dramáticos happenings, o kermés, que sirven para averiguar a qué joven intérprete está dispuesta la industria cultural musical a otorgar su confianza en el negocio. Casi cualquier gran estrella tiene en su haber alguno de los grandes, Pero, cuidado, sólo vale la medalla de oro.

Dos pianos enfrentados

Sin embargo, hay un terreno donde se pueden decidir quién es mejor, los duelos interpretativos. Los ‘mano-a-mano’ de la música clásica. Dos contendientes se enfrentan en un duelo que puede resultar mortal. Esta práctica se ha utilizado en la actualidad en otro tipo de música como el rap, con las ‘Batallas de gallos’ o en las batallas de guitarristas heavy.

Batalla de guitarras entre Slash y Tom Morello

En la clásica, aunque animaría mucho el panorama, han dejado de ser habituales, pero existen referencias históricas que es interesante escudriñar. La música clásica es una antigüedad que hay que cuidar y aunque parezca un deporte del siglo pasado, incluso del anterior, sigue viva. La mejor forma de revivirla es transmitir la forma de disfrutar de ella, gracias por ejemplo a los grandes divulgadores de la misma, yo tengo mis preferidos. Incluso hay una forma de divulgar o mostrar haciendo parodias del género, también mostraré mis favoritos. Por ejemplo, Igudesman & Joo que han estrenado recientemente un espectáculo en el que la pareja de músicos se dedica precisamente a parodiar ambas cosas, la divulgación y los duelos y luchas musicales: «Clash of the Soloists» –mezcla de lucha libre y música clásica.

Clementi, Mozart y La flauta mágica

Mozart versus Clementi

Todo pianista que se precie ha pasado en sus inicios por los estudios Gradus ad Parnassum de Muzio Clementi (1752-1832). El propio Debussy, en su cuaderno Children’s Corner, se acuerda de los estudios del italiano y le pone el mismo nombre a la primera pieza de la obra, «Doctor Gradus ad Parnassum». El romano era pianista, compositor, editor y fabricante de pianos y hay quien señala que fue el que escribió específicamente para el nuevo instrumento. Al pasar por Viena en una de sus giras europeas, durante las Navidades de 1781, el emperador José II, con intención de distraer a sus cortesanos, propuso un duelo entre Clementi, intérprete con una larga carrera ya reconocida en Europa, y Mozart, recién liberado de la tiranía de su arzobispo salzburgués, Colloredo.

El arzobispo Colloredo, patrón de Mozart en Saltzburgo

En el duelo cada contendiente tenía que interpretar sus propias composiciones e improvisar sobre ellas. Clementi, por ser visitante, tuvo que comenzar y lo hizo con su Sonata nº2 Op.24, improvisando una cadenza. Luego interpretó su difícil Tocata Op.11. Fue el turno de Wolfgang quien, fiel a su sarcástica forma de ver la vida, interpretó un sencillo Andante y las Variaciones sobre “Ah, vous dirai-je Maman”, la sencilla pieza conocida como ‘Campanita del lugar’ (Twinkle, Twinkle Little Star). Después ambos interpretaron diversas variaciones, el verdadero terreno en el que se jugaban la supremacía, sobre temas de compositores de la época y de ellos mismos.

Partitura de Muzio Clementi

El emperador no quiso, o no supo, proclamar un ganador de forma que declaró empate. Clementi tuvo elogios para el austriaco y dijo que no había visto a nadie tocar con tanta alma y tanta gracia. Mozart le dedicó también algún pensamiento en sus cartas, valorando su técnica, pero finalmente acabó diciendo, con su habitual retranca: «Clementi es un charlatán, como todos los italianos. Indica presto en una pieza, y luego toca allegro». Muzio se acordaría siempre de aquella jornada al oír, años más tarde, la obertura de La flauta mágica, en la que Mozart sin duda había recordado también el inicio de la clementina Sonata nº 2, interpretada en aquel duelo. Especialmente dedicado a los seguidores de Cincuentopía, aquí va todo lo que se tocó en aquel duelo, en un pianoforte de la época.

Beethoven derrota a Steinbelt

Steibelt versus Beethoven

Los duelos eran costumbre entre la aristocracia vienesa que, además, hacían sus apuestas para dirimir quién era el mejor. Como si de una cuadra de purasangres se tratara, cada aristócrata presentaba a su patrocinado en los duelos. En este caso el príncipe Lobkowitz retaba, con su ‘aspirante’ Daniel Steibelt, al príncipe Lichnovski, mecenas de Ludwig van Beethoven. Steibelt, pianista y compositor berlinés, cinco años mayor que Beethoven, convenció a Lobkowitz –el retador- de que podía ganar al músico de Bonn.

Palacio Lobkowitz en Viena

Steibelt era hombre formal, atractivo y un tanto exhibicionista, famoso por la canción “La Coquete” compuesta para Maria Antoniera y por un impresionante Rondo en uno de sus Conciertos, el nº3 para Piano. Llegó a Viena precedido por su fama y aunque no quería visitar a Beethoven se encontró con él en casa del Conde Fries. Beethoven estrenó allí uno de sus Tríos, en Sib Op. 11, para clarinete violonchelo y piano, que fue despreciado por Steibelt. El maestro de Bonn, con un carácter que le impedía mantenerse callado, hizo parecidos comentarios sobre las piezas que ejecutó el berlinés, un Quinteto y una Fantasía improvisada.

La tensión y la rivalidad se palpaban en el ambiente, así que los príncipes patrocinadores se citaron una semana después para enfrentarlos en un duelo, saldado con la humillación para Steibelt. En este documental de la BBC sobre Beethoven (2015) se recrea el duelo.

Uno de los pianos de Beethoven, construido por Thomas Broadwood

La cita fue en una de las aristocráticas veladas en el Palacio Lobkowitz de Viena, en la primavera de 1800. Comenzó el duelo con la interpretación de varias sonatas, todo bastante igualado hasta el momento. Comenzaron entonces las improvisaciones donde cada contendiente tenía que leer una obra del contrincante e improvisar sobre ella. Steibelt comenzó con la Sonata nº 11 de Beethoven, estrenada poco antes, y las crónicas señalan que no lo hizo del todo mal. Beethoven se sentó frente a una Sonata de Steibelt para violonchelo y piano y en un acto de soberbia, a los que tenía acostumbrados, le dio la vuelta a la partitura y estuvo improvisando durante más de media hora sobre un tema de Steibelt tocado en su inversión.

Daniel Steibelt salió de la habitación y juró no volver a pisar suelo vienés mientras Beethoven viviera, según anunció más tarde Lobkowitz que salió del salón a buscarlo. Steibelt no pudo cumplir su promesa ya que falleció cuatro años antes que Ludwig van.

Händel contra Scarlatti y otros duelos

Haendel versus Scarlatti

Hay otros duelos de compositores famosos registrados como lo fue el de Händel frente a Scarlatti, en Roma en 1707. Franz Liszt contra Sigismund Thalberg, en 1837, donde el primero fue proclamado vencedor y, como siempre, su contrincante aprovechó para dejar alguna lindeza, diciendo que el húngaro era «un magnífico intérprete, pero un pésimo compositor».

En ocasiones algún otro duelo fue suspendido por incomparecencia. Así ocurrió con el de J.S. Bach contra Louis Marchand, quien se ausentó de Dresde evitando el enfrentamiento, o el de Scriabin contra el pianista Josef Lhévinne. Alexander Scriabin se excusó aduciendo un desgarro en los tendones producido al ensayar varias obras de Liszt, “Reminiscences de Don Juan”, y Balákirev, “Islamey”, que pasaban por ser las obras más difíciles de aquel tiempo. Lhévinne fue reconocido más tarde como uno de los mejores pianistas de toda la historia. Aquel accidente de Scriabin es mítico en el mundo pianístico ya que durante su convalecencia, compuso su Sonata nº 1 en Fa menor (en realidad tercera compuesta, pero primera publicada) como un “llanto en contra de Dios, en contra del destino”.

América: nuevas músicas y nuevos duelos

Scott Jopin, pionero del jazz

En los inicios del Jazz, Harlem fue el escenario de numerosos duelos pianísticos recreados en algunas películas. El protagonista de muchos de aquellos fue la nueva forma musical entre los siglos XIXI y XX llamada Rag-Time, cuyo más famoso representante es el compositor y pionero Scott Joplin. Aquí está en un biopic de 1977 donde se recrea un duelo. Aunque la muerte de Joplin se llevó al Rag-Time, a principios de los años 30 el famoso local Pat O’Brien’s de Nueva Orleans organizó concursos y duelos regularmente con el Jazz y el Rag como protagonistas.

El Pianista en el Océano

Fotograma de la película El Pianista en el Océano de Giuseppe Tornatore

La costumbre duelística fue recuperada en la obra de teatro Noveccento. La leyenda del pianista en el océano, de Alessandro Baricco. Un bebé, abandonado en un barco, ha sido criado en un transatlántico que va y viene de un lado al otro del Atlántico cuidado por el carbonero de la sala de máquinas, que le pone de nombre Novecento, por nacer con el siglo. El niño, que nunca ha pisado tierra firme, en seguida se engancha al sonido del piano y también accidentalmente alguien descubre su talento innato. Aprende a tocar como única actividad y se convierte en el pianista del barco desarrollando un virtuosismo que hace crecer su fama como el mejor pianista del mundo. Tanto es así que el famoso pianista Jerry Roll Morton, se embarca en un viaje de América a Europa para desafiar las capacidades del pianista del océano.

Personalmente vi y escuché el duelo en el momento de leer la obra de teatro y ninguna versión, teatral o cinematográfica, se acerca a lo vivido en la lectura. Sin embargo, esta recreación en la película de Giuseppe Tornatore es una curiosa, cuando menos, aproximación. La banda sonora de la película fue encargada al gran Ennio Morricone.

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Santiago Martínez Arias

El sobrenombre define bien a Santiago Martínez Arias. Como cualquier personaje de extraña biografía profesional es difícil seguir su pista vital. Tiene altos estudios musicales internacionales y ello se evidencia rápidamente en su conversación. Inevitablemente también se comprueba que es experto en seguridad y defensa y doctor en relaciones internacionales, jefe de prensa editorial, profesor universitario, además de tener un pasado, lejano ya, como corresponsal de ‘El Independiente’ en Europa oriental. Más parece que sea un agente, y aunque su pasado pianístico fuera glorioso, sólo quedan los restos del naufragio. Ha representado a Stingray CLASSICA.