Conocí El ciclista de Tim Krabbé (1943) gracias a una recomendación del periodista Santiago Segurola. Hace unas semanas lo leí por tercera vez en apenas tres años; y de nuevo ha vuelto a mostrarme aspectos que me habían pasado desapercibidos en lecturas anteriores.

Ahí radica la singular fuerza de esta obra que se encuentra a caballo entre el texto literario y el reportaje periodístico en profundidad: en su capacidad de crecer y crecer según la disponibilidad de cada lector. Algo difícil de encontrar en cualquier clase de texto y que explica que rápidamente se convirtiera en un libro de referencia para muchos lectores.

Parece difícil de creer pero El ciclista tardó ¡más de tres décadas! en traducirse al castellano (misterios del mercado editorial de España). La edición de los libros del lince cuenta con la traducción de Marta Arguilé Bernal, la edición de Lorena Bou Linhares, la traducción revisada de Robert Jané-Palau y la corrección de pruebas de Elisenda Terré. Es preciso agradecer a todos ellos, así como a Enrique Murillo, responsable de la editorial, que nos hayan permitido conocer un texto de esta categoría.

Tim Krabbé es un individuo peculiar. Además de periodista y escritor fue campeón de ajedrez (de hecho mantiene una página web sobre el tema) y ciclista aficionado de cierto nivel (continúa compitiendo en pruebas para veteranos cuando ya ha superado la barrera de los setenta años).

El ciclista es un libro delicioso para los amantes del deporte en general y del ciclismo en particular. Entre otras cosas incluye numerosas referencias a conocidos ciclistas, a quienes el autor pone en ocasiones ante curiosas (muchas veces cómicas)  situaciones de ficción.

Pero la obra tampoco deja indiferente a quien carezca de todo conocimiento sobre esta práctica deportiva. El componente épico que emana contribuye a emocionar a cualquier clase de lector. La desesperación en sus distintos grados de expresión, la superación del sufrimiento agónico, la suspicacia y el compañerismo, el sentido del honor frente a la ruindad, la lucha por la supervivencia… son sentimientos lo suficientemente universales para no dejar indiferente a nadie.

Tim Krabbé construye un puzzle que alcanza la perfección (si tal cosa cabe en literatura). Cada una de sus piezas tiene un sentido específico y se encuentra en el lugar adecuado. En realidad el libro funciona como un mecanismo de relojería: no hay una frase de más, en línea con la economía de movimientos del ajedrecista o del ahorro de esfuerzos del ciclista.

Es posible que tras la lectura de El ciclista nos entre el deseo de acceder de inmediato a la numerosa producción de Krabbé. Por desgracia sólo una pequeña parte de su obra ha sido traducida al español. La editorial Salamadra se ha encargado hasta el momento de publicar La desaparición (quizá el libro más conocido del autor, que ha servido de base para dos películas de cine), La hija de Kathy y La cueva. Mientras el mercado editorial no diga lo contrario, material más que suficiente para disfrutar de este autor.

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Tim Krabbé. El ciclista. los libros del lince. Barcelona, 2010

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