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Puede que el objetivo de esta reseña asombre a más de uno: El gran galeoto es una obra de teatro que José Echegaray estrenó en 1881, su autor ha quedado en el olvido y su temática, en apariencia, ha sido superada por el transcurso de los acontecimientos. ¿Qué sentido tiene examinar la obra?

Aunque quizá resulte increíble la elección no es casual sino que obedece a una doble motivación: por un lado el reproche de un lector de Cincuentopía que critica que en esta sección jamás analicemos obras de teatro (y tiene toda la razón con su apreciación, es un género al que apenas he prestado atención, cuestión que trataré de subsanar en el futuro); y por otra parte la petición de unos cuantos seguidores del portal que plantean si no tengo previsto analizar este año ninguna obra de la reciente ganadora del Premio Nobel de Literatura, Svetlana Alexievich, tal y como el año pasado hice con el francés Patrick Modiano.

Debo confesar que hasta la fecha no he leído nada de Svetlana Alexievich por lo que no me es posible atender la segunda de estas preguntas. Surgió así el nombre de José Echegaray, primer autor español en ganar el Premio Nobel de Literatura en 1904 (compartió el galardón con Frédéric Mistral) “en reconocimiento a las numerosas y brillantes composiciones que, en una manera individual y original, han revivido las grandiosas tradiciones del drama español”, quien a lo largo de su trayectoria estrenó más de sesenta obras de teatro (ya tenemos por tanto la combinación requerida).

¿Alguien se imagina hoy en día a un ministro de Hacienda que además hubiera ocupado la cartera de ministro de Fomento y fuera miembro de la Real Academia Española de la Lengua, presidente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, presidente del Ateneo, catedrático universitario, miembro de diferentes sociedades científicas, número uno de su promoción de ingeniero de caminos, matemático de fama internacional, introductor en España de las funciones elípticas y de la teoría de Galois…?

Pues todo eso (y unas cuantas cosas más) fue en su día José Echegaray (1832-1916), cuya obtención del Nobel constituyó el comienzo del proceso de ostracismo al que ha sido sometido de manera tan implacable como eficaz a lo largo de más de un siglo (y la cosa no tiene visos de concluir al menos en el corto plazo). De su pluma y magín surgieron no sólo un sinnúmero de obras literarias sino también distintos libros científicos muy apreciados en su momento por la comunidad internacional.

El gran galeoto constituye una de las cumbres de la producción teatral de José Echegaray. Se trata de un drama en tres actos, con un preámbulo en forma de diálogo, sustentado por seis personajes principales (Teodora, don Julián, Ernesto, don Severo, doña Mercedes y Pepito).

En El gran galeoto todo resulta de un anacrónico tan simpático como enternecedor en ocasiones: el empleo del verso para la totalidad de la obra con la excepción del inicio antes indicado; el lenguaje puesto en boca de los personajes; la temática central (el manido tema del honor por encima de cualquier otro valor); hasta el propio término galeoto (del que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dice que proviene de Galeotto, personaje correspondiente a la Divina Comedia de Dante y al que se define como alcahuete, hombre que concierta una relación amorosa) apenas es utilizado hoy en día.

Sin embargo, el texto de José Echegaray dista bastante de esta apreciación tan básica: a partir del juego de palabras galeoto/Galeoto (de ahí las diferencias y vacilaciones a la hora de escribir en mayúscula o en minúscula dicho vocablo en las distintas ediciones sobre la obra, según se aluda al personaje de Dante o a la sociedad en forma de protagonista colectivo), el autor realiza un agudo estudio acerca de la capacidad de influencia que tiene esa sociedad sobre el ser humano considerado en su faceta de individualidad.

Curiosamente esta perspicaz visión se ve perjudicada por la evidente y contrastada facilidad de escritura del dramaturgo y por el ampuloso ornamento formal elegido para soportar la carpintería teatral del drama. Por cierto, ¿qué pensaría hoy José Echegaray sobre los programas del corazón o el fenómeno de las redes sociales? ¿Renegaría de los primeros o sería un entusiasta contertulio? ¿Renunciaría a las segundas o la faceta de community manager se uniría a su extenso currículo?

A diferencia de lo que suele ser habitual, esta reseña se basa en un libro de acceso libre (y completamente legal) a través del enlace habilitado por la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Dicho enlace permite la descarga del contenido en distintos formatos (PDF, Kindle, ePub…). Esta institución cuenta con alrededor de 12.000 obras de teatro en lengua castellana que han sido digitalizadas, con toda clase de ejemplares (algunos de casi imposible acceso mediante otra vía). El texto consultado, que contiene una apreciable gama de erratas, corresponde a la tercera edición de la obra impresa por Hijos de A. Gullón en 1881 y fue comercializado en la por entonces afamada librería de Donato Guío.

Aunque hoy es una obra olvidada El gran galeoto obtuvo en su estreno un enorme éxito. Hasta tal punto resultó así que en su primer año se representó en distintas ciudades y en algunas de ellas (por ejemplo en Murcia) José Echegaray hubo de hablar al público para agradecer las grandes ovaciones recibidas. Sin duda puede ser una buena (y gratuita) oportunidad para acercarnos a la propuesta teatral de un autor que tiene bastante más que ofrecer de lo que la crítica ha considerado.

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José Echegaray. El gran galeoto.

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David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.