He tenido que leer en dos ocasiones El poder del perro de Don Winslow (1953) antes de decidirme a publicar su reseña. La primera vez (2012) no podía creerme lo que estaba viendo y asistía con perplejidad a una catarata de horrores y, sobre todo, de desmanes jurídicos (con nombres y apellidos) de primer nivel; y en esta segunda ocasión (confieso que sigo tan asombrado como hace dos años) ya dispuesto a compartir los contenidos de la obra con los seguidores de Cincuentopía.

Publicada en 2005, El poder del perro es una novela tremenda, que estira los límites del horror hasta extremos difícilmente imaginables. Es cierto que lo que hace Winslow ya lo forjaron con anterioridad Conrad en El corazón de las tinieblas o Céline en Viaje al fin de la noche (por citar dos ejemplos paradigmáticos), quienes bucearon en las profundidades del abismo humano con notable vigor literario.

Pero lo que distingue El poder del perro es que, a partir de un protagonista de ficción, el agente de la Agencia de Control de las Drogas de Estados Unidos (DEA) Art Keller, el autor nos sitúa ante un complejo entramado con el fenómeno del narcotráfico como verdadero Gran Hermano que todo lo controla. Asesinatos, torturas, perversiones, degradaciones, traiciones, miserias, sufrimiento, explotación… todo ello cabe en las más de 700 páginas de la edición de la obra en lengua española.

Don Winslow nos cuenta en esta novela cosas verdaderamente graves y alarmantes. Por ejemplo, escribe que el Gobierno de Estados Unidos miró para otro lado cuando una droga como el crack comenzó a expandirse en los años ochenta de manera imparable por todo el país incidiendo de manera especial entre su población negra. También afirma que el presidente Ronald Regan dio el visto bueno a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para aliarse con narcotraficantes hispanoamericanos a cambio de su ayuda para combatir a los sandinistas de Nicaragua.

En más de una ocasión indica que la DEA está repleta de topos que mantienen informados a los grandes señores de la droga de todos sus movimientos. O que el asesinato en 1994 del candidato a la Presidencia de México por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), Luis Donaldo Colosio, se realizó con la anuencia de miembros de dicha organización. O la manera en que la producción de determinadas drogas se desplazó en un tiempo récord de México a Colombia. Y así hasta la extenuación.

Hasta donde yo sé nadie ha demandado a Winslow por lo escrito (a fecha de hoy el escritor se pasea libremente y ha continuado con completa normalidad su actividad editorial). Eso puede deberse a que el libro haya pasado desapercibido (aclaro que la obra lleva vendidos millones de ejemplares en todo el mundo) o a que lo escrito sea la pura y devastadora verdad. Que cada cual elija su opción.

Don Winslow ha creado una novela tensa hasta extremos muy difíciles de conseguir, con un puñado de personajes inquietantes (tanto los de pura ficción como los que aparecen con nombres y apellidos) y algunos directamente atroces (con la siniestra familia Barrera a la cabeza). El lenguaje descarnado que emplea siempre se encuentra por debajo de la feroz realidad que describe.

La lectura de El poder del perro permite comprender mejor algunas situaciones que hoy en día están acaeciendo en Hispanoamérica (la inestabilidad de Centroamérica, el caos en algunas áreas de México…) e incluso la dinámica en la elección de determinados Presidentes de Estados Unidos de América. Todo ello lo convierte en un libro apasionante aunque poco recomendable para estómagos fácilmente impresionables.

Al margen de la obra aquí comentada Don Winslow cuenta con una extensa producción, con libros como Salvajes o Satori entre los más conocidos y ya traducidos al español. En cualquier caso ninguno de ellos se acerca, ni por asomo, a los niveles de intensidad de El poder del perro.

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Don Winslow. El poder del perro. Random House Mondadori. Barcelona, 2009.

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