Bajo la denominación de RAEE se alude a todo lo que tiene que ver con los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos. Algunos también se refieren a ellos como basura o chatarra electrónica.

Bajo la categoría de aparatos eléctricos y electrónicos se encuadran todos aquellos que, para funcionar debidamente, necesitan corriente eléctrica o campos electromagnéticos, así como los necesarios para generar, transmitir y medir tales corrientes y campos, que están destinados a ser utilizados con una tensión nominal no superior a 1.000 voltios en corriente alterna y 1.500 voltios en corriente continua.

De esta manera se incluye una extensísima gama de equipos y dispositivos: teléfonos móviles, ordenadores, lámparas, aires acondicionados, videoconsolas, tablets…; electrodomésticos como frigoríficos, lavadoras, secadoras, lavavajillas…; también pequeños aparatos electrodomésticos como planchas, microondas, aspiradoras, batidoras, depiladoras…; e incluso fotocopiadoras, impresoras, faxes y equipos de telecomunicaciones, entre otros muchos.

Los RAEE han alcanzado tal nivel que las autoridades competentes han promulgado una serie de normativas, tanto a escala internacional como en los respectivos países, para tratar de controlar este proceso. Como datos significativo para comprender mejor la magnitud del desafío, por término medio un ciudadano europeo genera más de 20 kilos de basura tecnológica al año. Una situación que es preciso controlar y gestionar debidamente.

En la actualidad es obligatoria la recogida selectiva de esta clase de residuos. En el caso concreto de España, el 21 de febrero de 2015 se publicó en el Boletín Oficial del Estado el Real Decreto 110/2015, de 20 de febrero sobre aparatos eléctricos y electrónicos y la gestión de sus residuos por el cual se Deroga el antiguo Real Decreto 208/2005 y se incorpora al derecho nacional la Directiva 2012/19/UE, del Parlamento Europeo y del Consejo, de 4 de julio de 2012, sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE).

Obligaciones y lugares a los que llevar los RAEE

Esta legislación establece una serie de normas aplicables a la fabricación del producto y otras relativas a su correcta gestión ambiental cuando se convierta en residuo. El Real Decreto 110/2015 obliga a los productores de aparatos eléctricos y electrónicos a adoptar las medidas necesarias para que los residuos de estos aparatos, puestos por ellos en el mercado, sean recogidos de forma selectiva y tengan una adecuada gestión.

Estas obligaciones podrán ser cumplidas de forma individual o bien a través de uno o varios Sistemas Colectivos de Responsabilidad Ampliada del Productor (SCRAP).

Surge así la gran pregunta para los consumidores: ¿qué hacer cuando uno de estos aparatos eléctricos y electrónicos concluye su vida útil y queremos deshacernos de él?

Sin ánimo de resultar exhaustivos, hay varias posibilidades. Por un lado tenemos los denominados Puntos Limpios, ubicados en el municipio de cada quien. Lo más operativo es consultar la página web del respectivo ayuntamiento.

Por otro lado, cuando compramos un aparato de estas características la tienda donde lo adquirimos tiene la obligación de hacerse cargo del antiguo. Además, los comercios deben aceptar los pequeños aparatos electrodomésticos de menos de 20 centímetros que les entreguen los usuarios, independientemente de si adquieren o no uno nuevo en dicho establecimiento.

¿Y qué pasa luego, cuando el usuario ya se ha deshecho del aparato eléctrico y electrónico en cuestión? A partir de ese momento entran en funcionamiento los almacenes propios de las empresas de distribución, donde se almacenan los residuos generados por los distribuidores, y los centros de agrupación de carga que reciben esos RAEE y se encargan de transportarlos a las pertinentes empresas y plantas de reciclaje.

Una vez allí, serán convenientemente tratados mediante distintas técnicas, en función del RAEE correspondiente, combinándose métodos como el desmontaje y separación manual de los componentes del aparato, el reciclaje mecánico mediante la extracción y triturado de materiales, la fundición para la recuperación de metales y el reciclaje químico aplicable a los metales preciosos contenidos en las placas de circuitos impresos.

Si no lo remediamos, la basura tecnológica acabará por invadir la totalidad del planeta, dado que los RAEE crecen hoy en día a un ritmo tres veces superior al del resto de residuos sólidos urbanos. Veamos a continuación algunos ejemplos significativos.

Una batería de níquel-cadmio de un teléfono móvil puede contaminar 50.000 litros de agua o 10 metros cúbicos de suelo; un televisor de tubo de rayos catódicos, que contiene metales pesados además de plomo en vidrio y fósforo en la pantalla, puede contaminar hasta 80.000 litros de agua; un frigorífico mal reciclado emite a la atmósfera gases de efecto invernadero equivalentes a las emisiones de un coche en 15.000 kilómetros; o un simple fluorescente puede llegar a afectar un total de 16.000 litros de agua.

Las previsiones de los organismos internacionales son contundentes: la basura electrónica crecerá un treinta por ciento hasta 2025, alcanzando los 54 millones de toneladas de desechos. Ante esta situación, hemos de apostar por el reciclaje y el crecimiento sostenible. No hay otra posible alternativa si queremos que nuestro planeta continúe siendo habitable.

Si te interesa esta materia, nuestra recomendación es que escuches este podcast de «Qué hay de tu vida», el programa que se emite en Radio Cincuentopía de forma semanal. “Qué hay de tu vida” es un programa elaborado por el equipo de Viva Voz para Cincuentopía.

Cincuentopía

«Dejadme aprovechar -escribió- el afecto que todavía hay en mí, para contar los aspectos de una vida atribulada y sin reposo, en la que la infelicidad acaso no se debió a los acontecimientos por todos conocidos sino a los secretos pesares que sólo Dios conoce».