El río del Edén supone un nuevo paso hacia delante dentro de la consolidación de José María Merino (1941) como uno de los literatos españoles más sobresalientes y constantes de las últimas cuatro décadas desde su debut con los respectivos libros de poemas Sitio de Tarifa y Cumpleaños lejos de casa y su novela Novela de Andrés Choz.

La nueva obra de Merino ha obtenido un más que significativo reconocimiento por parte de crítica y lectores. Entre los galardones que ha logrado a largo de estos últimos meses se encuentran el Premio Nacional de Narrativa 2013, el XI Premio de la Crítica de Castilla y León y el Premio Mejor Novela de 2012 según El Cultural de El Mundo (y es posible que me haya olvidado de alguno).

José María Merino nos ofrece en este libro algunas muestras características de un estilo mediante el que ha conseguido atraer a un apreciable número de lectores hacia su obra: poda sistemática de las palabras hasta conseguir la concisión como elemento significativo propio; lenguaje culto pero no amanerado; mezcla simbólica de realidad y ficción; equilibrio formal que huye de toda pomposidad.

El río del Edén es un texto de constantes ecos míticos y épicos. A lo largo de sus páginas nos encontramos con referencias y alusiones, más o menos veladas según la sensibilidad de cada lector, al paraíso perdido de Milton, el río en continuo discurrir de Heráclito, el pecado original bíblico, la mentirosa hechicera de Circe, la mutua traición del último rey visigodo don Rodrigo y del gobernador ceutí don Julián e incluso los extraterrestres y la ciencia ficción.

Y también es una obra de ubicuidades: algunos barrios de Madrid (Retiro y Argüelles incluidos), los alrededores de Toledo y la propia capital imperial, la cuenca alta del río Tajo entre Guadalajara y Cuenca, un pueblo recóndito de Estados Unidos, una modélica ciudad de Alemania…

José María Merino nos habla de la búsqueda, el encuentro y la pérdida de la felicidad; nos introduce en los pequeños dramas familiares que conforman nuestra existencia cotidiana; nos cuenta acerca de relaciones eróticas de modestas proporciones y de formidables decepciones matrimoniales; nos refiere graduales crecimientos profesionales y súbitos descensos a los infiernos.

Celos y ternura, amistad y odio, devociones e indiferencia, sed y agua, pérdidas y encuentros, reencarnación y ciencia. Todo este particular universo puede ser sintetizado en una de las frases con las que el autor concluye uno de sus capítulos: «Nada bueno es gratis, y menos la felicidad, imbécil».

Especialmente interesantes son los dibujos laberínticos (a semejanza de las mandalas) que aparecen al comienzo de cada capítulo y han sido realizados por el propio Merino. Recomiendo que se miren con cierta atención porque en algún caso nos ofrecen pistas para comprender el texto con mayor claridad.

Para quienes todavía no se hayan acercado a la obra de José María Merino, El río del Edén es una magnífica oportunidad para adentrarse en uno de los cosmos narrativos más brillantes y honestos de la literatura española de estos últimos años. Merino difícilmente defrauda. Sus casi cincuenta libros nos aguardan: un festín para nuestros sentidos.

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José María Merino. El río del Edén. Alfaguara. Madrid, 2012

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