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El verano que murió Chavela de José Luis CorreaEl verano que murió Chavela de José Luis Correa es una nueva muestra del vigor de la novela negra en España. Es cierto que muy a menudo determinados cenáculos han subrayado hasta la saciedad que se trataba de un género minoritario dentro del panorama literario español; pero la tozudez de los hechos contribuye a desmontar dicha afirmación.

No hace falta que nos remontemos a los tiempos de El clavo de Pedro Antonio de Alarcón o La incógnita de Benito Pérez Galdós. Incluso en plena dictadura franquista (y sabido es el poco aprecio y la honda desconfianza que este tipo de regímenes tiene hacia esta clase de literatura) van surgiendo nombres tan sólidos como los de Francisco García Pavón, Francisco González Ledesma (bajo distintos seudónimos), Mario Lacruz (tan desconocido en esa faceta como prolífico en su producción) o Manuel Vázquez Montalbán. Y la llegada de la democracia marca su apogeo: Juan Madrid, José María Guelbenzu, Alicia Giménez Bartlett, Lorenzo Silva, Domingo Villar y un larguísimo etcétera.

A esta extensa nómina se añade desde 2003 (aunque con publicaciones previas en otros géneros) José Luis Correa (1962), profesor de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

El verano que murió Chavela supone la séptima entrega de las andanzas protagonizadas por el detective Ricardo Blanco, tan canario como su creador. En la obra se muestra a un Blanco más frágil que nunca: todavía no recuperado de determinadas pérdidas familiares (que aquí no desvelamos para no “destripar” algunas de sus novelas anteriores), bien entrado ya en la cincuentena, con crecientes dudas sobre su estabilidad sentimental y su capacidad profesional…

En esta ocasión el sabueso debe investigar la desaparición de un poeta libanés asistente a un congreso literario, un hecho que se mezcla con otros sucesos acaecidos casi de manera paralela en la isla de Gran Canaria, cuyos pueblos, barrios y calles vuelven a ser (una vez más) protagonistas de las vicisitudes narradas.

Más allá de la anécdota detectivesca, El verano que murió Chavela bucea en ámbitos como los bajos fondos de la isla, el tráfico mundial de armas y personas o las consecuencias que los recortes económicos tienen en el funcionamiento del entramado jurídico-policial a escala local y nacional. Es verdad que lo hace de manera poco profunda y en ocasiones con cierta tendencia a incurrir en lo estereotipado (en lo cultural o lo gastronómico, por señalar dos ejemplos), aspectos que son comunes a otras obras de Correa, pero no por ello el conjunto resulta desdeñable.

Como siempre ocurre con este tipo de novelas en forma de serie surge la cuestión: quienes no se hayan acercado jamás a las aventuras protagonizadas por Ricardo Blanco, ¿pueden leer el libro o es preferible empezar por el primero de ellos (Quince días de noviembre)?

Soy de la opinión de que si no se conoce nada del universo de Blanco el texto quizá deje frío a más de un lector; por el contrario, los fieles a José Luis Correa se reencontrarán con algunos personajes ya entrañables (el inspector Gervasio Álvarez, la actual pareja Beatriz Guillén, su socio Miguel Moyano…), circunstancia que les permitirá disfrutar con mayor intensidad de la obra.

El verano que murió Chavela ha sido publicado, como la totalidad de los libros en los que aparece Ricardo Blanco, por Alba Editorial, cuyo catálogo de novela negra crece en interés día a día.

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José Luis Correa. El verano que murió Chavela. Alba. Barcelona, 2014.

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