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Fútbol americano en España

Fútbol americano en España
El fútbol americano en España atrae a un número creciente de practicantes

Aunque muchos quizá no lo sepan, también se juega al fútbol americano en España. ¿En qué consiste exactamente este deporte? ¿Dónde se practica? ¿Cuál es el nivel de juego y cuál la estructura de la competición?

Lo cierto es que el fútbol americano nada tiene que ver con el fútbol tradicional o soccer; tampoco con el rugby, más allá de disputarse con un balón de forma ovoide y de existir abundante contacto físico entre sus practicantes. Su origen está en Estados Unidos, donde de todos los deportes de equipo que se practican es el que tiene una mayor popularidad (por encima incluso de béisbol o baloncesto).

La liga principal de fútbol americano de Estados Unidos (y por consiguiente la referencia a escala internacional) es conocida por sus siglas NFL (National Futbol League) y en la actualidad agrupa a 32 equipos/franquicias que se reparten por todo el país. Su partido final, conocido como Super Bowl, es el acontecimiento deportivo que atrae a un mayor número de espectadores estadounidense (y se sitúa entre los más vistos a nivel mundial sólo por detrás de Juegos Olímpicos, Campeonato Mundial de Fútbol y Ryder Cup de Golf).

Nos recibe el Estadio de Atletismo Ciudad de Rivas, ubicado en la localidad madrileña de dicho nombre y sede de los Osos de Rivas, uno de los mejores equipos que compite en la principal liga de este deporte en España, la LNFA Serie A, un torneo que en la actualidad reúne un total de seis equipos.

Fútbol americano en España
Los árbitros son también apodados «cebras» por sus camisolas

Cuando llegamos nos encontramos ante un formidable mosaico de sensaciones: los jugadores de ambos equipos (contamos más de treinta en cada banda) cuyos uniformes destacan por sus colores vistosos y por la abundancia de protecciones de toda índole, al margen de los ergonómicos cascos para la cabeza; los árbitros (vemos hasta cinco) con sus camisolas de rayas (no en vano les apodan los “cebras”) y sus pantalones negros; las animadoras o cheerleaders, con sus trajes escuetos y sus pompones en las manos; el cuerpo técnico y el personal sanitario; y hasta un speaker o animador. Todo como en la NFL (a pequeña escala, eso sí) y cada cual concentrado antes del partido en plena fase de calentamiento.

Las gradas (en realidad la única grada que existe en el recinto) están apenas pobladas por decenas de espectadores. Nos mezclamos con ellos y la gran mayoría transmiten la impresión de ser amigos (incluso hay algún pariente) de tal o cual jugador, la mayoría se conocen entre sí y charlan de manera distendida.

El calentamiento parece haber finalizado (sólo con la excepción de las cheerleaders que continúan con sus giros y volteretas detrás del estadio). Nos adentramos en el sorteo de campo y posesión de balón, todo un ceremonial que es escrupulosamente seguido por los capitanes de los equipos que contemplan con atención el lanzamiento de la moneda por parte del árbitro principal.

Fútbol americano en España
Las cheerleaders forman parte activa del espectáculo con sus ejercicios y piruetas

Y así da comienzo el partido (cuatro cuartos, cada uno de ellos de quince minutos, con  cambio de campo en cada cuarto y un descanso entre el segundo y el tercero). Las reglas del fútbol americano son extraordinariamente complejas para el neófito. Imposible explicarlas con detenimiento, imposible familiarizarse con los nombres de las distintas posiciones que ocupa cada jugador (quarterback, cornerback, linebacker, safety, corredor, tight end, receptor, guard, center, tackle…) o incluso con las diferentes denominaciones que se aplican a cada uno de los árbitros (referee, umpire, head linesman, back judge…).

A grandes rasgos, vemos once jugadores en un equipo que ataca contra once jugadores de un equipo que defiende: el que ataca debe recorrer el campo avanzando, como mínimo, diez yardas (algo más de nueve metros), para lo que tiene cuatro intentos (se les llama “downs”) hasta alcanzar la zona de ensayo; y el que defiende debe impedirlo a toda costa si no quiere que el adversario sume puntos (seis, tres, dos o uno en función del tipo de jugada, ya hemos anticipado que la cosa no es fácil a primera vista). Y cuando ese objetivo inicial de avance no se consigue se invierten los papeles (el que ataca pasa a defender y viceversa).

En apariencia el fútbol americano es un deporte de choque continuo y en la realidad se cumple; pero se trata de un choque controlado, reglamentado, en el que no está permitido el juego sucio o antideportivo, donde la simulación está muy mal vista. No es infrecuente que en cada jugada caigan cuatro, cinco, seis o más jugadores; pero se levantan del césped con la misma celeridad con la que cayeron, sin inmutarse y sin gestos de ningún tipo (es habitual que ayuden a levantarse a sus rivales de contienda).

Continúa acudiendo gente a las gradas (en el punto de apogeo se alcanzarán las 250 ó 300 personas, lejos de los más de 50.000 espectadores habituales en la mayoría de los partidos de la NFL). Todos ellos son extraordinariamente correctos, no hay ninguna clase de tensión, insultos o malos modos; algunos niños corretean de un sitio para otro bajo la atenta mirada de sus padres.

De vez en cuando alguna jugada espectacular (un pase por el aire que recorre unas decenas de yardas, un placaje, un bloqueo, una carrera zigzagueante…) anima al público, les hace gritar y chillar en voz alta el nombre de su equipo; otras veces son las animadores las que provocan el aplauso espontáneo con su trabajada coreografía; e incluso en ocasiones el speaker se suma a la fiesta con sus comentarios.

Casi sin darnos cuenta se han pasado los dos primeros cuartos. Los jugadores se han retirado a los vestuarios, algunos de ellos permanecen a pie de campo mientras estiran la musculatura o ensayan hipotéticas jugadas; los espectadores reanudan las conversaciones postergadas durante el partido; las cheerleaders continúan incansables, al son de la música, con su ronda de ejercicios y volatines.

Fútbol americano en España
El ambiente en las gradas es animado pero siempre muy correcto

Conforme transcurre la segunda parte del partido se percibe un aumento de la tensión en el césped, en el graderío, incluso entre las animadoras, pero todo siempre dentro de la más estricta deportividad. Una emisora de televisión propia transmite el partido y hay algunos espectadores (quizá los más entendidos o acaso los más nerviosos) que se agolpan en torno a los monitores para ver la repetición de una jugada concreta, para discernir si la decisión arbitral era o no la correcta, para determinar si la carrera o el pase han llegado a la línea de ensayo o se han quedado apenas unos centímetros por detrás del objetivo.

El reloj va desgranando segundo a segundo. El partido ha concluido. Locales y visitantes se saludan entre sí y saludan al público que aplaude sin reserva. Si, como es el caso, gana el equipo de casa, la alegría es considerablemente mayor. Los jugadores y entrenadores se reúnen en el campo en sendos círculos, nada de lo que hablen entre ellos saldrá a la luz, todo se queda en el ámbito privado.

Las gradas comienzan lentamente a vaciarse, con la misma cadencia perezosa con que se fueron poblando; los pocos que se quedan son parientes o amigos de los jugadores o entrenadores. Algunos de ellos podrán descansar en su domicilio en apenas unas horas; a otros puede que les espere un viaje por carretera de centenares de kilómetros. Las luces del estadio se apagan, el silencio comienza a adueñarse del recinto deportivo. Hemos vivido otra jornada de fútbol americano en España.

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