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Hojas de hierba contiene la producción poética de Walt Whitman, uno de los gigantes de la literatura universal del siglo XIX. Su lectura pausada y el repaso minucioso de sus versos nos permiten adentrarnos en un universo creativo tan proceloso como formidable, tan lleno de exacerbada exaltación como pleno de sensibilidad a flor de piel.

A la figura de Walt Whitman (1819-1892) ya hemos aludido en Cincuentopía cuando reseñamos su obra Redobles de tambor, un texto también incluido por completo en esta edición de Hojas de hierba. En su momento escribí que soy de los que se siente conmovido por su capacidad para remover las entrañas del lector más frío y por su inequívoco amor por la Humanidad pero también reconozco que en ocasiones llegan a perturbarme su tono, tan atronador como un bombo que percute de manera machacona sobre el cerebro, y su tendencia a la grandilocuencia o su irrefrenable pasión catalogadora.

Hojas de hierba es el fruto del trabajo poético de Walt Whitman a lo largo de cuatro décadas. Desde su primera edición (correspondiente a 1855) a la novena (fechada en 1892, año de su fallecimiento) advertimos un constante cambio en el número (siempre al alza) y distribución de los poemas y libros que conforman la formidable obra. Y esta evolución también se percibe en el tono y tempo empleados por el poeta. La versión bilingüe de Hojas de hierba presentada por Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores corresponde a la novena edición o edición del lecho de la muerte (deathbed edition), señalada por el propio autor como la definitiva e incluye también los prólogos de todas las restantes, entre otros (y muy interesantes) elementos adicionales.

Hojas de hierba muestra a las claras la dificultad de traducir esta obra. La detallada labor de Eduardo Moga Bayona (quien asimismo se ocupa de la introducción y de las numerosas notas que figuran al final del texto) no es óbice para que cada lector con un cierto nivel de conocimiento de inglés tenga su propio punto de vista, considere que una palabra debiera haberse traducido con un vocablo diferente o que una determinada expresión requeriría una interpretación ligeramente distinta a la que aparece en el libro.

Pocos textos como Hojas de hierba han estado tan sujetos a los vaivenes de la valoración por parte de la crítica literaria. Durante sus primeras décadas los poemas que lo conforman recibieron calificativos como “Si las Hojas de hierba llegaran a posesión de cualquiera, nuestro consejo es que las tire inmediatamente al fuego”, “Un matón americano, que atiende por Walt Whitman y que se llama a sí mismo kosmos, ha publicado un libro desquiciado que lleva por título Hojas de hierba”, “Hemos ojeado este libro con asco y con asombro”, “y sugerir modestamente que se interne a su autor en un manicomio”, “Su falta de sentido de lo que resulta adecuado poéticamente, su fracaso para entender el oficio de poeta, es ciertamente asombroso”, “Este volumen es una ofensa contra el arte”.

Por el contrario, en el siglo XX (y en lo que llevamos del actual) la obra es considerada como uno de los grandes hitos de la poesía universal de todos los tiempos: “toda la poesía americana es, en esencia, si no en sustancia, una sucesión de debates con Walt Whitman”, “Durante un tiempo, pensé en Whitman no sólo como un gran poeta, sino como el único poeta”. Sería curioso adivinar la opinión que merecerá Hojas de hierba en el siglo XXII. Por mi parte no estaré aquí para saberlo y, considerando el carácter cincuentópico de la mayoría de nuestros seguidores, tengo mis fundadas dudas de que muchos de ellos se encuentren en dicha disposición.

Ante todo ello cualquier intento de sintetizar el universo poético del libro de Walt Whitman está condenado al fracaso. El autor nació y llegó en el momento justo, lo captó y procedió a esculpir el gran poema épico de la emergente América del siglo XIX: un canto a la igualdad, a la fraternidad, a la libertad, a la democracia, al ser humano, a los trabajadores de todo el mundo, a las cosas (hasta las más nimias) que nos rodean, a la vida y la muerte, al Dios presente y al Dios ausente, a la naturaleza y a la civilización, al dolor y al placer… Tal y como suena: o se toma o se deja.

Sirva como mera muestra este breve texto: «Ésta es la mesa puesta para todos, y esta es la carne que ha de saciar el hambre: / es tanto para el malvado como para el justo; a todos los he invitado. / No permitiré que nadie sea desairado o excluido. / La querida, el gorrón, el ratero, están, por la presente, invitados; / el esclavo de labios gruesos está invitado; el que sufre una enfermedad venérea está invitado; / no se hará ninguna diferencia entre ellos y los demás».

En suma, Hojas de hierba es un texto que traspasa fronteras, barreras y sensibilidades, cuyas colosales dimensiones escapan a los parámetros habituales de valoración de la obra literaria, cuyo ritmo sustentado en el verso libre ejerce una fascinación sin parangón en la historia de la poesía, que incorpora una carpintería interna que desborda hasta superar las técnicas narrativas al uso. Un libro al que sólo podemos acceder desde la falta de prejuicios y a partir de la firme voluntad de deleitarnos con este pantagruélico banquete literario.

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Walt Whitman. Hojas de hierba. Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.

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David Parra

Especialista en nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas al ámbito del periodismo. Ha publicado alrededor de diez libros y más de treinta artículos en revistas científicas. Le gusta leer.